El primer llamado ocurrió el lunes por la tarde. Un broker aeronáutico de Estados Unidos, cuya identidad se mantiene en reserva, se contactó con un directivo de la empresa Baires Fly que estaba en Estados Unidos. Necesitaba un avión esa misma noche en Iguazú para trasladar a “ocho pasajeros brasileros”. Esa fue al consigna inicial.
Como no había una relación previa con el broker, la empresa exigió el pago por adelantado. La transferencia no tardó en llegar. Fueron cerca de US$140.000 por un vuelo de ida a Miami. En apenas dos horas, la tripulación ya estaba en Aeroparque. “En ese momento no sabíamos que el pasajero era Bolsonaro, nos enteramos después”, contó al diario argentino La Nación una fuente de la empresa que conoce los detalles de la negociación.
"Ya vienen, ya vienen"
El Gulfstream G400, matrícula LV-JQW, aterrizó el lunes a las 23.45 en Puerto Iguazú. Viajaron dos pilotos y una azafata. El vuelo a Miami estaba previsto para las 2 de la madrugada. Pero los pasajeros nunca llegaron al aeropuerto. Y la noticia se filtró a los medios. Bien entrada la madrugada, la tripulación recibió un mensaje: “No se hace, vayan al hotel”. Descansaron todo el día y regresaron al aeropuerto el martes a la tarde.
Ayer a la tarde, cuando las versiones arreciaban y daban cuenta de que Flavio Bolsonaro ya estaba en vuelo a Estados Unidos, desde la empresa no daban el tema por cerrado. “Vamos a esperar y sino esta misma noche el avión vuelve a Buenos Aires”, dijo una fuente cerca de las 18 horas del martes ante la consulta de La Nación. A esa hora, se especulaba que el avión, y hasta la filtración, habían sido parte de un “operativo de distracción”. En realidad, el operativo de distracción se puso en marcha desde Estados Unidos, incluso con voceros oficiales, para desviar la atención.
Durante toda la tarde del martes, hubo una catarata de llamados y mensajes entre el broker que pagó por el vuelo y la empresa. “Ya vienen, ya vienen”, aseguraba el misterioso empresario para retener el avión en pista. El nombre del broker figura en la factura que se confeccionó el mismo lunes, antes que el vuelo captara la atención mundial. “No lo vamos a revelar a menos que la Justicia lo pida”, se excusaron en la empresa.
El avión esperó en la pista de Iguazú hasta que Bolsonaro y su familia lograron cruzar la frontera en una camioneta blanca con patente brasileña. ¿Viajaron todos por tierra? El viaje en auto desde Brasilia a ese punto fronterizo demora al menos 20 horas.
Finalmente, el avión partió a las 0:21 de este miércoles rumbo a Estados Unidos con cuatro pasajeros: Bolsonaro, su mujer y sus dos hijas. Por el conflicto internacional que significó la salida del excandidato presidencial, los pilotos decidieron cambiar la ruta y esquivar el territorio brasilero. “Se hizo por precaución, para evitar un problema, y eso obligó a realizar una parada técnica en Guayaquil”, explicó una fuente aeronáutica.
De esa manera, un viaje que debía demorar unas ocho horas terminó tardando más de diez. A las 09:25 (hora local), el avión aterrizó en el aeropuerto de Opa Locka por pedido del broker que encargó el vuelo. Unos minutos después, volvió a despegar rumbo a Fort Lauderdale, donde aguardaban directivos de la empresa y otra aeronave de Baires Fly que está en reparaciones.
“La llegada se demoró porque al aeropuerto de Opa Locka opera las 24 horas para vuelo de cabotaje pero los vuelos internacionales tienen que llegar después de las 9″, explicó una fuente del mercado aeronáutico. El avión regresará esta misma noche a Buenos Aires porque este jueves tiene un viaje previsto a Chile junto a un grupo de músicos.
Por Nicolás Pizzi, La Nación/GDA
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