BRASIL

Jair Bolsonaro, positivo a la “gripecita” del COVID-19, insistió en criticar las cuarentenas

Bolsonaro dijo que sus médicos le comenzaron a tratar con hidroxicloroquina, un fármaco cuya eficiencia está cuestionada para combatir el coronavirus.

Jair Bolsonaro este martes en una rueda de prensa en Brasilia, donde confirmó que tiene COVID-19 y se sacó el tapabocas. Foto: Reuters
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"Acaba de salir el resultado positivo. (…) Estoy bien, tranquilo”. Así comunicó Jair Bolsonaro, ayer martes en una entrevista con televisión estatal, que había contraído COVID-19. El presidente brasileño habló usando mascarilla, pero al terminar la entrevista se la sacó frente a las cámaras. Pese a que ahora integra la lista de los 1,6 millones de compatriotas que se infectaron, Bolsonaro no da el brazo a torcer e insistió ayer en criticar las cuarentenas, el distanciamiento y el uso de las mascarillas, las tres principales medidas que los científicos recomiendan para evitar los contagios.

Bolsonaro, de 65 años, dijo que sus médicos le comenzaron a tratar con hidroxicloroquina, un fármaco cuya eficiencia está cuestionada para combatir el COVID-19.

Junto con Nicolás Maduro y Donald Trump, el presidente brasileño ha sido uno de los pocos líderes mundiales en promover la cloroquina y la hidroxicloriquina para tratar a pacientes de COVID-19. El propio Trump reconoció que llegó a tomar cloroquina como profilaxis.

Bolsonaro relató ayer que empezó a sentirse mal el domingo y el lunes empeoró, sintiendo dolores musculares, cansancio y fiebre de 38 grados, por lo que sus médicos le recomendaron practicarse el examen. “Me gusta estar en medio de la gente y teniendo en vista ese contacto intenso, pensé que ya lo podría haber contraído en el pasado, sin percibirlo”, afirmó Bolsonaro, sin mostrarse sorprendido.

“Estoy bien, tranquilo”, aseguró, dando varios pasos atrás y quitándose la mascarilla ante las cámaras. El presidente suspendió sus compromisos y trabajará por videoconferencia desde la residencia oficial.

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. Foto: Reuters
Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. Foto: Reuters

“La vida continúa. (...) Brasil precisa volver a trabajar, caso contrario la economía puede ser colocada en una situación compleja”, instó, reiterando que los “efectos colaterales” del combate al virus no pueden ser “peores” que la propia enfermedad.

El sábado Bolsonaro publicó fotos en las redes sociales en las que se lo ve con el rostro descubierto junto a varios ministros y al embajador de Estados Unidos, Todd C. Chapman, durante un almuerzo de celebración del Día de la Independencia en ese país. La embajada de Estados Unidos en Brasilia dijo por Twitter que Chapman almorzó el 4 de julio con Bolsonaro, cinco ministros y el hijo del presidente, el congresista Eduardo Bolsonaro.

Chapman y su esposa dieron negativo al virus, pero igualmente cumplirán un período de cuarentena.

La prueba positiva provocará una frenética búsqueda de contactos y más test para los que se reunieron con el mandatario en estos días, incluyendo al ministro de Economía, Paulo Guedes, el presidente de Bradesco, Luis Carlos Trabuco, y el jefe ejecutivo de Embraer, Francisco Gomes Neto.

Según el último balance oficial, 1,6 millones de personas fueron contaminadas y 65.487 murieron de COVID-19 en Brasil, aunque especialistas estiman que el número real de casos podría ser hasta diez veces superior y la cifra de muertos, el doble.

Brasil no desplegó una estrategia unificada ante la pandemia y la respuesta estuvo marcada por un enfrentamiento entre el gobierno federal y las autoridades regionales, así como por la caída de dos ministros de Salud por divergencias con el presidente en relación al manejo de la crisis.

“Si Bolsonaro se recupera rápido, podrá usar eso para su beneficio político”, escribió en Twitter Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales en la Fundación Getulio Vargas.

Además de promover la hidroxicloroquina como un método eficaz -pese a la falta de evidencias científicas-, “usará su recuperación para corroborar su afirmación de que la pandemia no es algo tan serio, después de todo”, opinó el especialista. Para Stuenkel, el negacionismo de Bolsonaro tiene fines electorales: “debe asegurarse que los votantes (en 2022) no lo culpen a él por la crisis económica”, sino a los gobernadores y alcaldes que defendieron el aislamiento social.

En un Brasil altamente polarizado, la expectativa ante el resultado del test del primer mandatario inundó las redes sociales con publicaciones en contra y a favor del presidente, y las etiquetas “#FuerzaCorona” y “#FuerzaBolsonaro” figuraban entre los asuntos más comentados en Twitter.

Jair Bolsonaro. Foto: AFP
Jair Bolsonaro. Foto: AFP

Bolsonaro ya se hizo anteriormente tres pruebas para detectar el coronavirus. En mayo, fue obligado por la Corte Suprema a entregar los resultados, que dieron negativo.

Desde el surgimiento de la pandemia, Bolsonaro la calificó como una “pequeña gripe” o “gripecita”.

Ayer martes, el director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para enfermedades transmisibles, Marcos Espinal, le deseó a Bolsonaro una “pronta recuperación”, pero dijo que su infección llevaba un mensaje. “Este virus es impredecible y no respeta la raza, clase o personas en el poder, a pesar de la seguridad en torno a cualquier presidente”, afirmó.

El presidente argentino Alberto Fernández, con quien mantiene una tensa relación, le deseo pronta recuperación.

OPINIÓN | Ana Lucia Azevedo *

Sorprende que no haya sucedió antes

No sorprende que el presidente Jair Bolsonaro haya contraído al COVID-19. La sorpresa fue que no había enfermado antes.

No es una cuestión de azar. Bolsonaro hizo lo que pudo para infectarse. Realmente insistió y tuvo éxito.

Bolsonaro ha incumplido deliberadamente todas las recomendaciones de médicos y científicos para evitar el contagio.

Ignoraba por completo el desapego social, no usaba una máscara, o la manejaba mal cuando lo hacía, y desconocía la información sobre el cuidado de la higiene personal.

Al contraer COVID-19, Bolsonaro solo hizo más evidente la intensidad de su desprecio por la ciencia médica. Y la falta de compromiso con la salud de sus seguidores, ministros y todos los que intercambiaron apretones de manos, abrazos y virus, muchos virus.

También mostró su escaso compromiso con la seguridad nacional, ya que Bolsonaro no es un mero ciudadano que está deliberadamente expuesto a contraer el coronavirus, ya sea por irresponsabilidad, falta de atención o ignorancia, sino que él es el Presidente de la República.

Ahora, cuando comienza a tomar hidroxicloroquina, una droga tan desacreditada como su creencia de que era inmune al coronavirus, el presidente brasileño da un nuevo ejemplo de falta de compromiso con su postura. Escribe el manual de todo lo que no debe hacerse para combatir la pandemia. (*OGlobo / GDA )

El covid se codea con el poder
Bolsonaro junto al embajador de Estados Unidos en Brasil, Todd C. Chapman

Jair Bolsonaro -en la foto junto al embajador de Estados Unidos en Brasil, Todd C. Chapman el pasado sábado- no es el primer jefe de Estado en contagiarse de COVID-19. El virus penetró en la cúpula de los gobiernos del Reino Unidos, Estados Unidos, Rusia y Canadá.

Reino Unido. el primer ministro Boris Johnson pasó dos semanas recuperándose de COVID-19 en Chequers, su residencia de campo, antes de volver a la sede del gobierno en Downing Street el 26 de abril. Johnson, de 56 años, había pasado tres noches en cuidados intensivos en un hospital de Londres. Dejó el hospital el 12 de abril.

Estados Unidos. El presidente Donald Trump no ha usado una mascarilla en público. Varios asesores de la Casa Blanca, miembros del personal de su campaña de reelección y agentes del Servicio Secreto han dado positivo al coronavirus, al igual que Kimberly Guilfoyle, la novia de su hijo Donald Jr.

Rusia. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dio positivo y recibido tratamiento en el hospital. El presidente Vladimir Putin trabajó a distancia desde su residencia en las afueras de Moscú desde marzo hasta finales de mayo, cuando regresó al Kremlin. Putin se somete a pruebas de COVID-19 cada tres días. El primer ministro Mikhail Mishustin y otros tres ministros del gabinete también tuvieron coronavirus.

Canadá. El primer ministro Justin Trudeau, de 48 años, hizo cuarentena en marzo después de que su esposa fue diagnosticada con el coronavirus.

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