Desde hace varias semanas o días, incluso ayer, las calles de las diversos países europeos se llenan de jóvenes que protestan por mejores condiciones de vida, un fenómeno que se ha replicado de manera rápida en prácticamente todo el continente. Francia, Alemania, España, Italia, Portugal y Reino Unido, entre otros, han vivido estas manifestaciones, muchas de las cuales terminan en disturbios, arrestos y heridos.
Esto ocurre porque la animosidad juvenil a veces deriba en eso, pero generalmente se trata de infiltrados que provocan el caos y desvirtúan de esa manera el legítimo derecho a manifestarse. La contrapartida es que las fuerzas del orden han realizado múltiples detenciones y recurrido a golpes, gases lagrimógenos o chorros de agua para aplacar a las masas que han roto vidrieras y saqueado comercios. La violencia de esos grupos y de las autoridades también ha sido criticada públicamente por ir en contra de los manifestantes pacíficos, que no obstante se confunden entre los alborotadores. La situación es crítica y analistas afirman que no existe necesariamente un “efecto de contagio” como tal, sino que las sociedades están colmadas y cualquier evento discordante que las afecte últimamente, termina detonando protestas.
El problema radica también en que los gobiernos no han sabido escuchar o dar respuestas satisfactorias a sus ciudadanos y, además, les resulta difícil predecir cuándo se acabarán estas revueltas. A esto se suma los opositores que aprovechan estos eventos para señalar a los gobiernos como responsables, para ganar protagonismo político.
Los que protestan por derecho o vándalos
Las protestas en Europa reflejan un profundo descontento social compartido, aunque las particularidades y detonantes sean diferentes entre los países del bloque. Uno de los primeros movimientos y el más fuerte hasta el momento ha ocurrido en Francia, que comenzó con estudiantes y luego se sumaron sindicatos, los “chalecos amarillos” y otros grupos con diversas reivindicaciones: por recortes a la salud, a la educación, vivienda, etcétera.
En Alemania, las movilizaciones también comenzaron por reivindicaciones por la educación y el costo de vida, pero el debate se ha desplazado hacia la seguridad y la respuesta policial. Las autoridades intentan separar las protestas pacíficas de los grupos que realizan actos vandálicos o de violencia.
Algunos casos
El ministro de Administración Interna de Portugal (Interior), Luís Neves, lamentó ayer domingo las imágenes de las cargas policiales contra manifestantes por la vivienda, que dejaron decenas de heridos en Lisboa y Oporto, aunque defendió a las fuerzas de seguridad y responsabilizó a una minoría de incumplir la ley. “Nadie queda satisfecho con imágenes como estas, que acaban por conmocionar. Hay tristeza por este tipo de hechos, por estos acontecimientos”, reconoció ante periodistas tras las operaciones de la madrugada de ayer que disolvieron las acampadas en ambas ciudades.
Neves aseguró que el Gobierno conservador de Luís Montenegro está dispuesto a escuchar a los movimientos sociales y estudiar propuestas contra el “flagelo” de la falta de vivienda, pero no pidió disculpas por las intervenciones.
“Lo que está en juego es la soberanía del Estado y el cumplimiento de la ley”, afirmó el ministro, quien expresó su “total confianza” en la Policía de Seguridad Pública (PSP) y defendió su autonomía operativa. Hubo trece detenidos, seis en Lisboa y siete en Oporto, y trece policías heridos, según el balance oficial. Los organizadores denunciaron más de treinta manifestantes heridos en la capital, diez hospitalizados, y cerca de cuarenta en Oporto, algunos de gravedad.
En Alemania, más de cien agentes resultaron heridos, uno de ellos de gravedad, y 54 jóvenes fueron detenidos en relación con disturbios en Fráncfort, en los que también se registraron saqueos en cinco establecimientos, informaron ayer las autoridades.
El ministro del Interior del estado federado de Hesse, Roman Poseck, precisó en rueda de prensa que los detenidos tienen entre 13 y 29 años y agregó que la policía estima que los agentes, con un fuerte despliegue de hasta 1.300 efectivos en el momento de mayor intensidad de los disturbios, se enfrentaron a entre 1.000 y 1.500 jóvenes violentos.
El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt (CSU), declaró al diario Bild que se habían podido “evitar” “altercados violentos como los que tuvieron lugar en París” y acusó a “grupos de izquierda propensos a la violencia y alborotadores procedentes del entorno de la inmigración” de haber “secuestrado las manifestaciones pacíficas”. La izquierda ha negado esta observación y afirmó que ese tipo de señalamientos se han realizado sin base firme.
Por su parte, la policía británica informó de la detención de 325 personas en una protesta el sábado en Londres en apoyo a Palestine Action, antes de una apelación judicial sobre la controvertida prohibición impuesta por el gobierno a ese grupo.
Investigación por intento de homicidio
La Fiscalía de París anunció ayer domingo que abrió una investigación por intento de homicidio contra personas depositarias de autoridad pública en relación al lanzamiento el sábado de un cóctel molotov a un grupo de policías y gendarmes, que se saldó con siete agentes heridos, entre ellos un capitán de la gendarmería. “Por ahora no se ha detenido a ningún sospechoso por estos hechos”, indicaron fuentes de la Fiscalía, pero especificaron que “hasta ahora, se ha identificado a tres posibles implicados, vestidos de negro” como presuntos autores. El incidente ocurrió en la Porte de Charenton, el punto final de la manifestación autorizada en la capital francesa, y fue registrado por las cámaras de lmedios de comunicación.
Las imágenes de la explosión y de agentes con llamas en sus piernas fueron ampliamente difundidas y suscitaron numerosas reacciones políticas de repulsa. La marcha había discurrido en calma, pero hubo incidentes en su colofón, al igual que en otras ciudades, con enfrentamientos entre alborotadores y manifestantes que se negaban a disolver la concentración y las fuerzas de seguridad, algo habitual en las protestas en Francia más allá de la especial conflictividad que caracterizó las últimas movilizaciones. EFE
Con información EFE y AFP