La Iglesia Católica Uruguaya ya trabaja contra reloj para organizar la venida al país en noviembre de León XIV, el papa estadounidense que sucedió al carismático Francisco, para lo que conformará comisiones que se ocuparán de la comunicación, la logística, la programación y la liturgia. “Está todo muy verde, pero en camino”, resumió a El País el cardenal Daniel Sturla.
León será el segundo Papa en venir a Uruguay. El primero fue el polaco Juan Pablo II que estuvo en Montevideo y en el interior del país en 1987 y 1988. Pero también estuvo por estas tierras, Pío IX, pontífice entre 1846 y 1878 cuando era un simple sacerdote. Giovanni Pellegrino (así se llamaba) llegó en 1824 a Montevideo acompañando al nuncio apostólico Giovanni Muzi, contó a El País el sacerdote Gabriel González, historiador y autor de varios trabajos sobre la Iglesia en Uruguay. Y en 1934 también llegó a Montevideo Eugenio Pacelli quien luego sería Pío XII. El cardenal Pacelli visitó al presidente Gabriel Terra. Esa reunión preparó el terreno para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre el Vaticano y Uruguay que se habían roto en 1911. El argentino Jorge Bergoglio, luego Francisco, también estuvo en Uruguay.
La visita
Hay muchas incógnitas aún. No se sabe cuántos días estará León en Uruguay, qué departamentos visitará y si se dirigirá a la Asamblea General como pretende el presidente de la Cámara de Representantes, Rodrigo Goñi. Esa idea “no partió de nosotros”, dijo Sturla, que está a la espera “de algo más oficial”.
Heriberto Bodeant, obispo de Canelones y Secretario General de la Conferencia Episcopal, planteó tres escenarios a El País. Si la visita fuera breve, se limitaría a Montevideo. Si fuera de dos o tres jornadas incluirá Florida (ya visitada por Juan Pablo) porque allí está la imagen de la Virgen de los 33, patrona del Uruguay. “Si fuera a Argentina tendría que ir a Luján y en Brasil a Aparecida. Es lo mismo”, ejemplificó Bodeant. Si la gira fuera más extensa abarcará algún otro departamento que podría ser Paysandú, Rivera o un tercero que no se ha mencionado todavía, señaló Bodeant, que prefiere no avanzar más en ese sentido para no generar expectativas. “Si hay más tiempo habrá que hacer una difícil elección”, explicó.
Ya se han mantenido contactos preliminares a efectos organizativos con el Ministerio del Interior.
Bodeant recalcó que León vendrá invitado por el Estado uruguayo, que a través del presidente Yamandú Orsi lo convidó a venir “con calidez”. Por ese motivo, a su juicio sería natural que se dirigiera a la Asamblea General de la misma forma en que Francisco realizó una alocución al Congreso estadounidense. Seguramente vendrá una misión preparatoria desde el Vaticano un par de semanas antes de la llegada del pontífice porque así se estila y porque León es “organizado y ordenado y la gusta hacer las cosas con tiempo”, explicó Bodeant.
León está particularmente interesado en el tema de la Inteligencia Artificial, dijo el obispo que recordó que fue tema central de sus intervenciones recientes y de su primera encíclica que se difundirá el lunes y que se denominará “Magnifica Humanitas”. “La aborda no con un enfoque negativo sino prudente y centrándose siempre en la persona y su dignidad”, señaló.
El Papa ha comenzado recientemente a viajar más. En el segundo semestre del año estará en España, visitará el archipiélago canario y también irá a Francia. Es sabido que habla fluidamente español y su gira latinoamericana incluirá Argentina y Perú, adonde regresará a su antigua diócesis de Chiclayo. “Francisco siempre quiso venir a Argentina, pero quedó esa deuda. Y la venida a Uruguay de León está unida a la visita a Argentina”, dijo Bodeant.
El recuerdo
El obispo de Canelones recién se había ordenado cuando Juan Pablo estuvo en Uruguay y recuerda el impacto que le causó una charla que dio en la catedral montevideana y la “maravillosa” misa con una “cantidad enorme de gente” en Tres Cruces donde hoy una cruz recuerda el acontecimiento. La permanencia de la cruz en el lugar generó resistencias incluso en el entonces oficialismo colorado, pero fue avalada por el presidente Julio María Sanguinetti. En Florida Juan Pablo ordenó a los hoy obispos Arturo Fajardo (Salto) y Milton Tróccoli (Maldonado y Minas).
Bodeant recordó que no estaba previsto que el pontífice entrara a la catedral de la capital de Cerro Largo a la que había llegado en avión, pero el entonces obispo Roberto Cáceres le preguntó si quería ingresar. Juan Pablo accedió, se bajó del “papa móvil” y se arrodilló en el último banco del templo donde una placa lo recuerda. A Juan Pablo lo recibió el entonces intendente Rodolfo Nin Novoa, que luego sería vicepresidente y canciller. “Melo fue foco de la atención mundial por un rato”, comentó Bodeant que luego dirigiría esa diócesis.
El Papa vendrá a un país donde el porcentaje de practicantes católicos es bajo (entre 6 y 8%) y en el cual el relacionamiento Estado-Iglesia ha tenido turbulencias. Se separaron en 1918 en un proceso que González cree que, a la larga, fue beneficioso para ambas partes. “La ayuda del Estado era muy poquita y tras la separación la Iglesia pasó a ser libre”, reflexiona. La reforma constitucional de 1918 terminó con el “patronato”, o sea la prerrogativa del Estado de incidir sobre el nombramiento de sacerdotes y mantuvo las exoneraciones impositivas de la Iglesia Católica.
Un pacto
En la Constituyente que reformó la carta de 1830 solo los dos representantes de la Unión Cívica defendieron que la Iglesia siguiera unida al Estado. Los colorados no batllistas (riveristas) y los blancos lograron que el batllismo se aviniera a respetar las exoneraciones impositivas y la propiedad de los templos por parte de la Iglesia Católica. El tema de las exoneraciones se replantearía en la siguiente reforma en la década de los años 30, pero no se introducirían modificaciones. Para entonces hasta los cívicos aceptaban la separación de la Iglesia y el Estado.
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