El Archivo de la Iglesia: además de registros religiosos, custodia documentos sobre la vida privada de figuras históricas

Los primeros documentos datan de 1726, de mucho antes que se fundara el Estado. En el archivo de la curia conviven actas parroquiales, cartas pastorales, registros judiciales y testimonios de la vida cotidiana que iluminan el devenir político, social y religioso del país.

archivo 1.bmp
La licenciada Andrea Fraga en la parte alta del archivo.

El Archivo de la Curia Eclesiástica de Montevideo (ACEM) es uno de los repositorios documentales más importantes del Uruguay, no solo por lo que representa para la historia del catolicismo, sino también para la memoria de la Nación. Fundado oficialmente en 1832, cuando la Iglesia uruguaya se constituyó en Vicariato Apostólico tras independizarse de Buenos Aires, el archivo reúne tres siglos de documentos, porque los primeros datan de 1726, de mucho antes que se fundara el Estado. Allí conviven actas parroquiales, cartas pastorales, registros judiciales y testimonios de la vida cotidiana que iluminan el devenir político, social y religioso del país.

La actual responsable del ACEM, la licenciada en Archivología Andrea Fraga, custodia este patrimonio con dedicación profesional y la vocación de quien entiende que, detrás de cada legajo, late una historia de vida.

Fraga ofreció a Domingo un recorrido por la riqueza, las dificultades y los desafíos de un archivo que, como ella misma define, es “una memoria viva, al servicio de la gente y de las instituciones”.

Durante más de un siglo, el archivo careció de atención profesional. “Estuvo 140 años sin archivólogo. Nació en 1832 y hasta 1976 no hubo un responsable con formación. Antes, en 1908, hubo un cura nombrado como archivista e historiógrafo, pero luego el archivo quedó librado a la acumulación de documentos”, explica Fraga.

Recién en 1976, monseñor Carlos Parteli incorporó a una religiosa con experiencia en el Vaticano, que comenzó a organizar secciones. Luego, a partir de los años 80, el historiador Dante Turcatti profundizó esa tarea durante dos décadas. Desde 2003, se sucedieron archivólogos profesionales hasta la llegada de Fraga, quien es la quinta responsable en esta etapa moderna.

Orígenes del Archivo

La archivóloga recuerda que el nacimiento del ACEM está ligado a un momento fundacional: “El Archivo nace en 1832, precisamente cuando la Iglesia oriental se independizaba de la de Buenos Aires, de la que dependió desde la época colonial. El 14 de agosto de ese año, la Iglesia en el Uruguay fue constituida por la Santa Sede como Vicariato Apostólico, es decir, un territorio gobernado por vicarios apostólicos en nombre del Papa, sin ser todavía diócesis. Recién en 1878 el Vicariato fue constituido en diócesis, y monseñor Jacinto Vera se convirtió en su primer obispo”.

El acervo, no obstante, contiene documentos de la génesis misma de Montevideo, de cuando la “ciudad” era un páramo, con algunas chozas de adobe dispersas y poco más. “La documentación empieza allí donde comienza la vida de la ciudad de Montevideo, hacia 1726. El más antiguo que tengo registrado es el documento de Pedro Millán cuando divide los solares que se reparten a los vecinos”, explica. Se trata de una pieza única, que muestra cómo la trama urbana comenzaba a tomar forma con el tradicional plano damero español.

Por documentos como éste, el archivo de la Curia es único. “La importancia que tiene es enorme porque en este país los registros públicos son de 1879, o sea que hubo 150 años donde los registros fueron hechos por la Iglesia. Cumplía un rol social muy importante”, comenta a Domingo el arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla.

Los documentos, aclara la máxima autoridad de la iglesia uruguaya, van mucho más allá de lo estrictamente religioso: “Los vicarios tenían antiguamente tres funciones, la pastoral, obviamente, una función administrativa, y también una judicial que tenía mucho que ver con lo que era la vida cotidiana de la gente”. En esos registros aparecen nombres que marcaron el devenir nacional, “desde la anotación del nacimiento de Artigas en adelante”, anota.

Para Sturla, el archivo y la Catedral Metropolitana están íntimamente ligados: “La iglesia catedral de por sí es el monumento histórico, por lejos, más importante que tiene el Uruguay. O sea, nada se le compara, porque el Cabildo no es un edificio tan bello, tan hermoso. Y tampoco sigue cumpliendo la función que tuvo desde el inicio. Por otra parte, la catedral, entre tantas cosas, ha sido escenario de muchos acontecimientos civiles”.

El cardenal recuerda algunos de esos hitos: “En el atrio de la catedral fue el martirio de Francisco Lavandeira (el político fue asesinado allí en medio de unos comicios municipales). Dentro de la catedral hubo, además de los oficios religiosos, un hospital de sangre en la época de las invasiones inglesas, y fue el lugar donde se realizaron los Te Deum, que eran todos los actos patrios. Era donde se realizaba el himno de glorificación a Dios por el 25 de agosto, por ejemplo”.

archivo 2.bmp
Documento con el que el papa León XII nombra a Jacinto Vera primer obispo del Uruguay.

Personajes de la patria

El archivo, como señalan Fraga y Sturla, resguarda testimonios de la formación de la nación y de la vida de sus protagonistas. “Hay documentación sobre Artigas, y sobre su padre, que integraba la Tercera Orden Franciscana. Ese fondo lo recibimos en custodia en 2018, proveniente de la propia orden, y constituye una joyita para los historiadores”, dice la archivista.

De Manuel Oribe, por ejemplo, se conserva el acta de bautismo, y registros de su implicación en la fundación de parroquias en Paso Molino y en La Unión, donde además realizó aportes económicos. También se conserva -aunque solo puede consultarse en versión digital- la anotación de nacimiento de José Gervasio Artigas en el libro de actas, del 19 de junio de 1764.

Cada hallazgo aporta piezas al rompecabezas de la historia. “Para el historiador, ese datito del padre de Artigas en la Tercera Orden es una joyita. Artigas mismo estudió con los franciscanos, seguramente por influencia de su padre. Son conexiones que enriquecen la comprensión del personaje y de su tiempo”.

archivo sturla.bmp
Cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo.

Cuando los curas hacían “de todo”

El ACEM conserva papeles muy diversos, generados por los obispos en el ejercicio de su función pastoral, administrativa y judicial. “Creo que lo que más abunda es la documentación pastoral, porque ahí se integran nombramientos de curas, creación de parroquias, decretos de modificación de límites parroquiales, la correspondencia entre obispo y parroquias. También tenemos documentación sobre la relación con la Santa Sede y con la sociedad civil, así como sobre la formación en los seminarios y la Facultad de Teología”, detalla Fraga.

El archivo está organizado en 24 secciones, de la A a la Z, que abarcan desde Santa Sede, Conferencia Episcopal y Gobierno, hasta organización territorial o administración pastoral. Cada período de gobierno episcopal constituye un subfondo, lo que facilita la consulta.

“Es fundamental tener inventarios e índices, porque si la documentación no está organizada es como si no existiera”, resume la archivóloga que, en cada respuesta, muestra orgullo por el trabajo que realiza desde hace varios años para la Iglesia.

archivo libro grande.bmp
Bula de creación del Obispado de Montevideo.

Acceso y restricciones

El archivo conserva documentación desde 1726 hasta la actualidad. Sin embargo, el acceso público llega solo hasta 1964. “Del 64 a hoy es lo que llamamos archivo administrativo y no está abierto todavía, como ocurre en todos los archivos, donde se habilitan sucesivamente períodos de consulta”, explica Fraga sobre los fondos documentales, cuyo responsable es el canciller y párroco de la catedral, Juan González Arasa.

Existen, además, restricciones permanentes. “Las causas judiciales de nulidad matrimonial son de reserva perpetua, porque contienen datos sensibles. Recogen testimonios, discusiones, infidelidades, situaciones familiares muy íntimas. El Código de Derecho Canónico establece que nunca se abren al público, ni siquiera con fines históricos”, anota.

A pesar de estas limitaciones, el ACEM es un archivo privado de acceso libre y gratuito. Los interesados en consultarlo pueden comunicarse telefónicamente o por correo electrónico. En el futuro, se proyecta ampliar el acceso mediante la web.

Es que, como ocurre en otros archivos de tanto valor histórico, la preservación digital es uno de los grandes desafíos. “Hoy no existe un programa sistemático de digitalización. Es un sueño, porque evitaría la manipulación de documentos frágiles. Lo que tenemos son iniciativas puntuales, como el convenio con (el portal) Anáforas para digitalizar documentos de Dámaso Antonio Larrañaga”, comenta Fraga. Y añade: “No es real pensar que podamos digitalizar todo el fondo. Quizás podamos priorizar los períodos más solicitados o de mayor interés histórico. Mientras tanto, el esfuerzo diario está en organizar, clasificar y atender a los usuarios que vienen en busca de información”.

Los libros parroquiales de bautismos, matrimonios y defunciones, correspondientes a parroquias existentes hasta el año 2000, fueron microfilmados entre 1998 y 2000. Cada iglesia conserva sus originales, lo que diferencia a Montevideo de otras diócesis donde esos tomos se centralizan en el obispado.

Objetos y patrimonio material

El archivo también resguarda objetos vinculados a figuras históricas de la Iglesia uruguaya. “Hemos encontrado pertenencias de Larrañaga, de Jacinto Vera, de Mariano Soler (primer arzobispo de Montevideo), del cardenal Antonio María Barbieri. Hace poco hallé en un cajón un violín de Barbieri, junto con sombreros y documentos personales”, relata Fraga sobre quien fuera arzobispo entre 1940 y 1976 (y el primer religioso uruguayo en ser nombrado cardenal). Y anota: “Había unos espacios debajo de los archivos de documentos, en la planta alta, en los que se encontraron muchos objetos, como sombreros o calzados que pertenecieron a distintas figuras de la Iglesia. O una cajita de viaje de Jacinto Vera con cubiertos plegables, que utilizaba en sus giras pastorales por todo el país”.

Algunos de estos objetos fueron expuestos en la beatificación de Jacinto Vera en 2022. El proyecto es reunirlos en un futuro museo de la Catedral, donde puedan exhibirse junto a documentos significativos.

También Sturla destaca algunas reliquias de enorme valor simbólico. “Los sellos para poner con lacre, de Larrañaga, de Monseñor Soler, de Monseñor Jacinto Vera son un tesoro”, enumera el arzobispo de Montevideo.

Pero la posibilidad de exhibir estos bienes sigue pendiente, por falta de recursos: “La idea de hacer un museo está hace tiempo, tenemos muchas cosas, sería muy lindo poder hacerlo, pero es un tema económico, fundamentalmente. O sea, hasta tendríamos el lugar que podría ser una de las galerías altas de la Catedral, pero obviamente hay que hacer una inversión que nosotros no estamos en condiciones de hacer”, agrega el arzobispo.

Más allá de los documentos, Sturla confiesa su predilección por el acervo fotográfico. Y concluye: “Falta mucho para clasificar, pero hay fotografías muy importantes. Hay una imagen muy buena de Soler saliendo del juramento, por ejemplo. Los obispos tenían que hacer un juramento también ante el Estado. Entonces, la foto es saliendo del juramento en el Palacio Estévez, si no me equivoco, era ahí la sede ya del Poder Ejecutivo, en la Plaza Independencia. Lo mismo la foto del cuerpo de Jacinto Vera, venerado en la catedral cuando murió en 1881”.

archivo cubiertos.bmp
Cubiertos plegables que Jacinto Vera utilizaba en sus giras pastorales por todo el país.

Tener una sola persona que se encarga de tantos documentos, no impide que el archivo sea un lugar de consulta viva. “Vienen muchos investigadores, vienen muchos estudiosos, también mucha gente a buscar las partidas de sus ancestros, muchas veces para tratar de conseguir la ciudadanía italiana, española, etcétera. Pero también viene mucha gente a estudiar y han pasado horas y horas en la sala, dice Sturla.

Entre los tantos tesoros impresos, el cardenal Daniel Sturla subraya también la prensa católica que hizo historia en el Uruguay. “Está la colección entera de El Bien Público. Llegó a ser el decano de la prensa nacional, fundado en 1878 por Juan Zorrilla de San Martín. Y alguna otra publicación católica que también se encuentra”, remata.

archivo digital.bmp
El registro de nacimiento de José Artigas puede consultarse solamente en versión digital.

El trabajo silencioso del investigador

La labor silenciosa de los investigadores en el Archivo de la Curia Eclesiástica de Montevideo (ACEM) ha arrojado hallazgos valiosos para la historia nacional. La antropóloga Virginia Rial es un ejemplo claro de cómo el trabajo paciente entre los fondos eclesiásticos permite iluminar aspectos poco explorados del pasado. Entre otros hallazgos, Rial localizó las partidas de bautismo, matrimonio y defunción de Josefa Oribe, figura femenina clave del siglo XIX, documentos que esta semana entregó al Centro de Estudios y Formación Josefa Oribe y al Directorio del Partido Nacional.

Su experiencia confirma que el ACEM no es solo un repositorio polvoriento, sino una fuente viva que, en manos de los investigadores, sigue revelando aspectos esenciales del pasado. “Empecé en 2021 en esta movida de búsqueda y enseguida confirmé la existencia de las tres partidas de Josefa”, comenta a Domingo. Y agrega que, si bien había antecedentes de algunos documentos mencionados en artículos académicos, su tarea fue dar con las copias originales y sistematizarlas. “Fue bastante fácil, pero muy significativo porque permite poner en valor la existencia de las mujeres en estos procesos de construcción de la nación”, añadió.

Su labor no se limita a Josefa Oribe. Rial ha indagado en los registros buscando rastros de figuras mayores de la historia uruguaya, como Fructuoso Rivera, cuya partida de bautismo no ha podido encontrarse hasta hoy. “No existe la partida real de nacimiento de Rivera. Se buscó en distintos años, a partir de 1780 hasta el 90 y algo, y nada. Tampoco por el apellido del padre, que era Perafán de la Rivera Bravo, no era Rivera solo. Es uno de los grandes misterios que todavía existen en torno a una figura central de nuestra historia”, explicó.

Más allá de los nombres de figuras conspicuas, Rial sostiene que lo fundamental del archivo está en lo cotidiano: “La existencia de las personas en América se da por la inscripción en las iglesias. Es un archivo fundamental en todos lados. Si bien no recogen a toda la población, porque quedan fuera los indígenas o quienes profesaban otras religiones, funcionaba como una forma de censo y de registro regular de la población”.

El archivo también ofrece información sobre vínculos inesperados. Rial halló, por ejemplo, una partida donde aparecen como padrinos Fructuoso Rivera y una persona de nombre Josefa Palacios. Esta mujer podría ser la autora del primer cuadro sobre el desembarco de los Treinta y Tres Orientales (una visión más ajustada a los hechos históricos que la famosísima pintura de Juan Manuel Blanes). “Es muy interesante ver cómo se cruzan estas presencias femeninas en el archivo”, apuntó la antropóloga.

La investigadora destaca, además, la importancia de los registros para reconstruir trayectorias femeninas relegadas por la historiografía oficial. “Creo que es el archivo que permite la existencia de las mujeres. Es el único formato que les otorga una existencia visible: los bautismos, los matrimonios. Otro tipo de fuentes no hay, porque han sido olvidadas por la historia o relegadas por los gobiernos”, señaló.

La cesión de los documentos de Josefa Oribe al Partido Nacional tuvo también una carga simbólica. “Los encontré en 2022, pero este año, en el marco del Bicentenario, los entregamos formalmente al Centro Josefa Oribe. Fue una manera de poner en valor la existencia de las mujeres en la construcción de la nación”, destaca la investigadora.

Josefa Oribe fue hermana y suegra del segundo presidente constitucional del Uruguay, pero se ganó su lugar en la historia por mérito propio, por ser una mujer “de armas tomar”. Podría haber sido una cómoda beneficiaria del patriciado de su época, al cual perteneció, pero decidió vivir como una insurgente, e incluso ser una espía, en pro de las ideas independentistas de la época.

La historiografía reconoce a Josefa Oribe y Viana (alias “Pepita”) junto a Ana Monterroso de Lavalleja y Bernardina Fragoso de Rivera, como símbolo de la mujer que descolló más allá de la sociedad patriarcal de su época.

archivo virginia rial.bmp
Virginia Rial. Antropóloga, investigadora y escritora.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar