Cuando León XIV venga al país en noviembre se quedará en el edificio de la Nunciatura Apostólica (o sea la embajada del Vaticano en el país) sobre Bulevar Artigas, casi Luis P. Ponce. En esta casa se hospedó Juan Pablo II, el papa polaco, y desde allí saludó a la gente cuando visitó Uruguay en 1988. “Es el lugar natural de hospedaje del Papa”, dijo a El País el cardenal Daniel Sturla.
La casa pertenece a la Iglesia Católica desde los años 60 del siglo XX cuando la recibió en donación de una familia. Tiene una zona de oficinas, un amplio jardín y una capilla. El actual representante del Vaticano es Gianfranco Gallone, un sacerdote italiano de 63 años con una larga trayectoria diplomática que ha estado en Mozambique, Israel, Eslovaquia, India, Suecia y Malawi y que fue nombrado por el papa Francisco en 2023.
La Conferencia Episcopal aún desconoce muchos detalles de la visita. León realizará antes dos viajes de alto perfil a España y Francia y todavía no se sabe cuántos días estará en Uruguay, cuántos en Argentina y cuántos en Perú. Lo que sí ya se baraja es componer un himno para que sea cantado durante su estadía como se hizo cuando vino Juan Pablo, según supo El País. Muchos aspectos organizativos están avanzando incipientemente, pero la Iglesia prefiere ser cautelosa y no adelantar más detalles por ahora.
Conflictos
No todo marchó siempre bien entre el Estado uruguayo (que nació como un estado confesional católico) y el Vaticano. En 1897 el presidente era el colorado y católico, Juan Idiarte Borda, que había encomendado al también devoto poeta Juan Zorrilla de San Martín, que gestionara en el Vaticano la autorización definitiva para la creación de la arquidiócesis de Montevideo y de las diócesis de Salto y Melo. Pero Idiarte Borda fue asesinado el 25 de agosto de 1897 (lo acompañaba en ese momento el arzobispo Mariano Soler). Su sucesor, Juan Lindolfo Cuestas, colorado, pero hostil a la Iglesia Católica, desconoció las gestiones de Zorrilla. Ese episodio constituyó la primera ruptura de relaciones diplomáticas entre Uruguay y el Vaticano, explicó a El País el sacerdote Gabriel González, director de la revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay.
En 1911 el batllismo gobernante impulsó otra ruptura y esta sería más prolongada. En 1918 se separó la Iglesia del Estado y los años sucesivos avanzó la secularización en Uruguay. Por ejemplo, la Semana Santa pasó a denominarse Semana de Turismo y la Navidad (al menos oficialmente) pasó a ser el Día de la Familia. A partir de 1919 se modificó el nombre de algunas localidades. Por ejemplo, San Eugenio pasó a ser Artigas y Santo Tomás de Aquino, Soca.
Sin embargo, en la década de los años 30 el presidente colorado Gabriel Terra se mostró más receptivo a normalizar las relaciones con el Vaticano. Quien sería luego Pío XII (Eugenio Pacelli) lo visitó en su residencia. En 1934 se había realizado en Buenos Aires el Congreso Eucarístico Internacional y se calcula que fueron 30.000 uruguayos.
En 1938 se organizó el Congreso Nacional Eucarístico. Se efectuó una misa en Bulevar Artigas y la rambla Wilson a la que se estima que fue medio millón de personas lo que se consideró una demostración de que el catolicismo seguía siendo importante en Uruguay.
A comienzos de 1939 el gobierno del presidente Alfredo Baldomir envió un proyecto de ley sobre Reorganización Diplomática en el que, entre otros aspectos, proponía el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el estado papal. Fue aprobado y resultó designado embajador uruguayo ante la Santa Sede, Joaquín Secco Illia, político de la Unión Cívica (partido vinculado a la Iglesia) quien había sido uno de los dos constituyentes de esa agrupación política en 1917.
El 10 de noviembre de 1939 quedaron restablecidas las relaciones diplomáticas. Albert Levame (oriundo de Mónaco) se transformó en el primer nuncio apostólico en Uruguay.
Parteli
Una de las figuras más destacadas de la Iglesia Católica del Uruguay en los años siguientes sería Carlos Parteli. Como obispo de Tacuarembó y Rivera emitió en 1961 una “Carta Pastoral sobre los problemas del agro” en la que denunciaba los problemas sociales en el campo. “Era un hombre muy inteligente y comprometido con la realidad, progresista”, sostiene González. Se ganó la hostilidad de la dictadura cuyos representantes diplomáticos ante el Vaticano gestionaron ante Pablo VI su remoción como arzobispo de Montevideo porque les resultaba incómodo. El pontífice hizo caso omiso del pedido.
Para González, las visitas de Juan Pablo en 1987 y 1988 mostraron que el catolicismo uruguayo “no se había extinguido” y recordó como otro hito la misa en la Plaza Independencia, a la que fue el entonces presidente Jorge Batlle, para conmemorar los 150 años de la muerte de José Artigas.
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