El País en San José De Costa Rica
La esperanza de vida de los latinoamericanos subió fuertemente en las últimas décadas. Sin embargo, al mismo tiempo, los años de mala salud también se incrementaron, y se prevé que aumenten aún más de cara a 2050 si no se aplican medidas, según advierte un análisis de la consultora McKinsey & Company. El informe fue presentado esta semana en el evento Press Day, organizado por el laboratorio Roche en Costa Rica, en el que estuvo presente El País.
En los últimos 75 años, la esperanza de vida en la región trepó 26 años —al pasar de 51 a 77 años—, y se proyecta que llegará a los 80 años para 2050. A pesar de este avance, los años vividos con mala salud entre los habitantes pasaron de 10,2 en 2000 a 10,9 en 2025, y se estima que treparán hasta 12,1 para 2050. En resumen: se vive más tiempo, pero una proporción creciente de esa vida transcurre en condiciones de mala salud.
El reporte de la consultora, titulado “La salud de las naciones: Mejor salud, economías más fuertes”, fue publicado en febrero y evaluó 80 enfermedades y más de 25 factores de riesgo en 204 países, incluido Uruguay. Durante el Roche Press Day 2026 ("Salud como inversión"), se profundizó específicamente en el diagnóstico sanitario de América Latina.
El norteamericano Brad Herbig, uno de los autores del reporte y director de datos de salud y analítica en el Centro de Salud McKinsey, señaló en la presentación que la tendencia proyectada para Latinoamérica está determinada por dos factores principales: un aumento del 25% en los años con mala salud y un incremento del 10% en las muertes prematuras entre 2025 y 2050.
En América Latina se registra un envejecimiento más rápido que en cualquier otra región del mundo. Se estima que la población mayor de 65 años se duplicará de aquí a 2050. A medida que la población envejece, se prevé que aumente la incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles vinculadas a la edad y al estilo de vida, tales como el cáncer, la diabetes o los padecimientos cardiovasculares.
Un hallazgo clave del estudio, indicó el directivo, es que la gran mayoría (72%) de los años vividos con mala salud en la región se concentra en la etapa de la edad productiva, entre los 20 y los 60 años. "Esto es una crisis económica, no solo es una crisis clínica", destacó Herbig al referirse al impacto directo sobre la productividad y la fuerza laboral.
La consultora estimó que, si en la región se aplican diversas intervenciones costo-efectivas —que abarcan desde el control del tabaco hasta el tratamiento del cáncer—, se lograría para 2050 una reducción potencial del 30% en la carga de enfermedad, 2,2 millones de muertes prematuras evitadas y 35 millones de años menos vividos con mala salud.
Por otro lado, el 61% del potencial de mejora en la salud regional proviene de la prevención, un área que "suele estar subfinanciada". Esto se debe a que los países latinoamericanos destinan apenas un 5% de su gasto en salud a la prevención.
Sobre Uruguay
El análisis de McKinsey consigna los posibles impactos sanitarios y económicos de invertir en salud por país de cara a 2050. En el caso de Uruguay, se proyecta un aumento de tres años en la esperanza de vida, alcanzando los 83 años. Asimismo, se prevé una suba de seis años en la esperanza de vida saludable al nacer —el cálculo que resulta de restar los años de mala salud al total de la expectativa de vida—, la cual llegaría a los 74 años.
Otros efectos esperados para Uruguay son 11.000 muertes prematuras evitadas y 135.000 años de vida saludable añadidos en los próximos 25 años. El impacto económico hacia 2050 supondría un incremento del PIB de US$ 6.000 millones y un retorno de US$ 2,2 por cada dólar invertido.
La consultora planteó que invertir estratégicamente en salud en América Latina podría liberar US$ 705 mil millones en 2050, el equivalente al 7% del PIB proyectado para ese año. "Tratar la salud como una inversión genera retornos extraordinarios de US$ 2,4 de beneficio económico por cada dólar invertido en mejorar la salud en los países de América Latina", remarcó.
Ante un escenario de mayor gasto previsto en los próximos años, se agrava la presión sobre el gasto público en salud en América Latina, que se sitúa en un promedio del 3,8% del PIB, muy por debajo del piso del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, esto eleva el costo de bolsillo de los pacientes, excluye a quienes no pueden pagar los tratamientos y dificulta las tareas de prevención.
Uruguay, en tanto, se aparta del promedio regional: su gasto público en salud alcanzó el 6,72% del PIB en 2024 (último dato oficial disponible). Pese a este mayor porcentaje, el país enfrenta diversos desafíos sanitarios, como registrar una de las tasas de incidencia y mortalidad por cáncer más altas de la región.
Para atender los presupuestos más sumergidos, la consultora propuso impulsar acciones multisectoriales dirigidas a maximizar el rendimiento de cada dólar gastado. El objetivo es que la salud no dependa exclusivamente de las carteras ministeriales para lograr un mayor impacto, replicando modelos de colaboración como el aplicado entre ministerios y la industria alimentaria en la Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos de Chile.
La inversión en salud como motor económico fue analizada por referentes de diversos sectores. "El gasto en salud no compite con otras prioridades de desarrollo: es una inversión que permite todas las demás", resaltó Marcela Ponce, representante del Grupo Banco Mundial en Costa Rica.
"Hay que priorizar el gasto público y gastar mejor, pero más dinero también será necesario. La prevención sola no basta para quienes ya están enfermos", apuntó Héctor Villareal, profesor e investigador de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey.
Otro aspecto destacado fue la necesidad de un compromiso firme entre los diferentes actores del sector para agilizar la incorporación de tratamientos a los sistemas sanitarios, así como la importancia de la descentralización para elevar la calidad de atención a los pacientes.
"Si no se logra cambiar la trayectoria de las enfermedades, la población pasará cada vez más años con mala salud. Eso aumentará la presión sobre los sistemas sanitarios, que tendrán que tratar y cuidar a esas personas. Si se invierte en prevención, se puede ayudar a reducir esa demanda futura de atención", concluyó Herbig en diálogo con El País.