Las "presiones" de Estados Unidos que ha recibido el gobierno en este período y qué diálogo se está manteniendo

Uruguay no ha dado una respuesta formal a Washington sobre la intención de Trump de que se reciban deportados; han habido, también, otros planteos que interesan a la Casa Blanca, como que se reconozca la legitimidad de la presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, señalaron fuentes políticas.

El presidente Yamandú Orsi y el canciller Mario Lubetkin.
El presidente Yamandú Orsi y el canciller Mario Lubetkin.
Foto: AFP.

De todos los ejes de la política exterior de Yamandú Orsi —que en varios aspectos ha producido disonancia con las expectativas de varios dirigentes del Frente Amplio— hay uno que es particularmente sensible para la izquierda, y clave para cualquier gobierno: el relacionamiento y la agenda bilateral con los Estados Unidos. Y es el que, en estos días, más dolores de cabeza está generando en la Cancillería que lidera Mario Lubetkin.

Las tensiones con el partido de gobierno no son nuevas, aunque este año, y sobre todo en las últimas semanas, se acumularon. Cualquier dirigente del oficialismo puede recitar las polémicas de memoria: la visita de Orsi a un portaaviones norteamericano en mayo; la participación de Uruguay el mes pasado en una cumbre en Washington en la que Marco Rubio se refirió al "terror violento de los tupamaros"; y, bien reciente —es el conflicto actual— la novedad de que haya al menos un "diálogo" con Washington sobre la posibilidad de recibir ciudadanos deportados por los norteamericanos —concretamente, cubanos.

La información fue difundida el 29 de julio por The New York Times, pero de una forma que, para la Cancillería, no es correcta o, al menos, con varias imprecisiones. Por lo pronto, el periódico norteamericano presentó un encuadre que generó una catarata de reacciones en la interna del Frente Amplio, algo esperable puesto que, una vez más, Uruguay quedaba alineado o al menos en una postura de reconocimiento de una política de Donald Trump muy alejada de las definiciones ideológicas de la coalición de izquierda.

Que de ninguna manera se estaba cerca de un acuerdo con la Casa Blanca y que solo se mantenía con Washington un "diálogo abierto", referido a este y otros temas, y que de hecho ni siquiera se podía hablar de "negociación" fueron aspectos centrales de lo que Lubetkin trasladó a la bancada frenteamplista en una reunión mantenida al otro día —el viernes pasado—. Allí se logró, o eso entienden en la Cancillería, que los legisladores oficialistas "entendieran" el cuadro de la situación —más allá que, de todas formas, la Vertiente Artiguista manifestó el fin de semana que "el gobierno uruguayo no debe quedar asociado con esta política discriminatoria, manteniendo las reglas del derecho internacional y de los derechos humanos".

Lubetkin volvió a ser consultado al respecto este miércoles. No pasa "nada" con este asunto, reiteró. "Porque no es un tema que nosotros, en este momento, estemos tratando". Dijo también que Estados Unidos ha conversado al respecto con "todos los países de América Latina, del Caribe, de África y de Europa", y recordó que ya se establecieron 35 acuerdos sobre deportaciones, mientras que Uruguay "no firmó nada y no hay ninguna propuesta en la mesa para discutir".

Lo cierto es que de parte de Estados Unidos ha habido insistencia con este tema en el último tiempo; en diferentes conversaciones diplomáticas se trasladó a Uruguay que, en la agenda bilateral, este es un asunto de los más relevantes. "Es de los temas más importantes para ellos, así lo ha dicho Marco Rubio", dijo a El País una fuente del Poder Ejecutivo. Los términos de esta "presión" fueron claros: lo que Washington pretende es que Uruguay "agarre este tema" pero, por el momento, el gobierno no dio al respecto una respuesta oficial.

Ahora bien, y al margen de que se consideran "muy buenas" las relaciones y el diálogo con los norteamericanos, al gobierno del Frente Amplio también le llegaron otras "presiones" de Washington referidas a otros asuntos vinculados a su política exterior en estos meses. Por ejemplo, la intención de que Uruguay "reconozca" a Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela —cargo en que quedó investida luego de que el 3 de enero fuerzas especiales estadounidenses extranjeras de Caracas a Nicolás Maduro, hoy juzgado en Nueva York—, dijeron por su parte fuentes políticas al tanto de los intercambios entre el gobierno de Orsi y la administración de Trump.

¿Por qué insistencias de colaboración con objetivos de política regional de la Casa Blanca? Una lectura que se hace en el Ejecutivo apunta a que Uruguay ha logrado posicionarse como un país que, pese a su tamaño y dimensión, genera "movimientos" de inercia cuando decide "marcar camino".

Un ejemplo de esto, que confirmaría esa visión oficialista, lo es el hecho de que Montevideo haya sido escenario este lunes de un encuentro entre candidatos latinoamericanos a secretario general de la ONU —aunque la mayoría no pudo asistir en forma presencial—, algo que Lubetkin destacó especialmente por haber significado, a su entender, el evento que "mejor posicionó a Uruguay en el mundo".

Visión socialista

El "problema caro" que representa para el FA la "política internacional", según González

El senador Gustavo González recordó ayer, entrevistado por En Clave País, el “problema caro” que representa para el Frente Amplio la “política internacional” que viene desplegando el gobierno. “Creo que, obviamente, y te digo porque voy a los comités de base, el tema de Gaza ha golpeado muy fuerte a nuestra gente”, dijo el legislador del Partido Socialista, en alusión al conflicto bélico que ha enfrentado a Israel con el grupo terrorista palestino Hamás, y sobre el que el gobierno ha evitado pronunciarse en los términos en que lo ha hecho el Frente Amplio, que no ha dudado de responsabilizar al Estado judío por cometer “genocidio” en esta guerra.

Pero más allá de esto, González también aseguró que entendía que hay un “debate” que la izquierda no terminó de “resolver, y es qué tipo de gobierno es el de Orsi. Es decir, si es o no frenteamplista. “Yo me siento gobierno frenteamplista, esto de que somos gobierno y todos mariposa no estoy de acuerdo”, advirtió.

Problema

La Cancillería observa "muy mal" la tensión creciente entre Milei y Lula; "lo estamos monitoreando", dijo Lubetkin

Las relaciones diplomáticas entre Brasil y Argentina no pueden encontrarse en peor situación, luego de que Javier Milei continuara este fin de semana con repetidos insultos contra Luiz Inácio Lula da Silva, lo que llevó a una drástica decisión de Itamaraty: la entrega de una protesta formal al embajador argentino Daniel Raimondi, y la resolución de que el vínculo entre ambos Estados fuera rebajado —como no ocurrió en décadas— al nivel de encargado de negocios.

Uruguay, como informó El País días atrás, no es ajeno a este problema —aunque, en principio, no está planificada ninguna intermediación—, que afecta y distorsiona el normal funcionamiento del Mercosur, y justo en un momento en que el bloque está negociando las cuotas de exportación a la Unión Europea.

“Lo observamos muy mal”, reconoció este miércoles Mario Lubetkin, que agregó: “Esto no ayuda a nadie”, porque “un Mercosur tensionado es una mala noticia para todos”. Por eso la expectativa de Uruguay, que ejerce la presidencia pro témpore del Mercosur en este semestre, es que “se puedan bajar las tensiones rápidamente” y que se hallen “los mecanismos de diálogo” que pongan fin a una confrontación nacida a partir del compromiso de Milei con el candidato presidencial Flávio Bolsonaro —rival de Lula— y exabruptos que cometió en estos días, al llamar al presidente brasileño “ladrón” y “presidiario”, entre otras descalificaciones. “Lo que nosotros decimos —concluyó Lubetkin sobre este tema, en rueda de prensa— es que estamos monitoreando; se sabe que Uruguay está siempre a disposición para dar una mano en lo que pueda”.

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