Es un hecho innegable que la participación de Uruguay en el evento internacional que convocó el canciller norteamericano Marco Rubio y en la que se advirtió sobre el resurgimiento del "terrorismo político de extrema izquierda" generó una esperada incomodidad en el Frente Amplio, en cuyas filas se cuestionó en estos días que la Cancillería autorizara la presencia del gobierno en esa cumbre realizada el 16 de julio en Washington —y a la que, en representación del gobierno de Yamandú Orsi, asistió el embajador Daniel Castillos.
Este malestar manifiesto y explícito entre dirigentes de la izquierda tiene que ver con que, en un evento de marcada tonalidad política republicana y alineado al marco ideológico de la política exterior de la Administración Trump, y en donde no solo se apuntó contra la extrema izquierda, sino que —dentro de una enumeración de organizaciones que actuaron en el pasado— se mencionó el "terror violento de los tupamaros" —definición dada por Rubio—, Uruguay envió nada menos que a un embajador.
“Fue un error haber estado presentes en esa reunión, haber enviado a un representante político de nuestra Cancillería a escuchar y a participar de ese evento", sintetizó esta disconformidad el diputado oficialista Sebastián Valdomir este martes en el Parlamento, aprovechando la visita de Lubetkin a la comisión de Presupuesto integrada con Hacienda.
"Pensamos que nuestro país no tiene nada que hacer allí porque, justamente, uno de los ejes vertebradores de nuestra política exterior en este período ha sido el de la difusión de las negociaciones y la solución pacífica de los conflictos, aprender de la cultura de paz y ser un promotor de las negociaciones para la solución de las controversias y de los conflictos en curso. Me parece que eso ha sido muy bien recibido por la comunidad internacional; es algo que destaca a nuestro país y a nuestra política exterior, y esta reunión va justamente en el sentido contrario”, terminó la crítica el legislador del Movimiento de Participación Popular (MPP).
Los cuestionamientos públicos fueron más amplios. El tema fue abordado con preocupación en el Secretariado Ejecutivo del Frente Amplio —como informó esta semana El Observador— y el senador Gustavo González se sumó al coro reprobatorio ayer jueves al ser consultado en rueda de prensa por esta situación. "Creo que no", respondió sobre si hizo bien la Cancillería al asegurar su presencia en esta cumbre. "Creo que es un pésimo mensaje", continuó el dirigente del Partido Socialista, que definió a la "Reunión ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político" como un espacio en el que se levantó "nuevamente el cuco del comunismo". "Por lo tanto —concluyó—, a mí me parece que no tendríamos que haber ido. Pero yo no soy el canciller. Asumirá él esto".
Lubetkin hizo tres declaraciones sobre el tema. La primera fue el lunes, cuando ante los medios expresó que no admitía que se tratara "a ninguna fuerza del gobierno de esa manera" —en referencia al MLN, hoy sector político integrado al MPP y, por ende, al Frente Amplio.
La segunda fue cara a cara con Valdomir y el resto de los legisladores que escucharon un reproche extendido y compartido en el oficialismo. Allí el canciller reiteró que "el principio básico de este gobierno es no aceptar que se afecte a ninguna fuerza política democrática, de ninguna manera, por parte de ninguna realidad extranjera", pero también buscó dejar en claro que una cosa es el gobierno y otra la fuerza política, y que el primero "tiene el rol de llevar adelante la orientación del partido político de gobierno, con las características propias de la gestión que lleva adelante diariamente”.
También defendió lo actuado, en una tercera declaración, entrevistado este miércoles por el programa En Clave País: "Hicimos lo que teníamos que hacer”.
Ahora bien, los reclamos a nivel de bancada no tuvieron su correlato en la interna del gobierno, aunque en la Torre Ejecutiva se comparte una apreciación que hizo el senador del MPP Daniel Caggiani —también en declaraciones al streaming de El País, este martes—: "Con el diario del lunes", tal vez la representación en un encuentro donde se activaron "discursos viejos" contra la izquierda podría haber sido diferente, precisó a El País una fuente de Presidencia. Pero no hubo "rezongo" ni consideraciones alineadas al malestar de los dirigentes; "está todo bien", agregó.
Por otro lado, y como ratificó Lubetkin este miércoles, mientras en un principio se llegó a evaluar la asistencia del propio ministro, en función de la forma "confusa" como se fue comunicando los días previos acerca de lo que trataría el encuentro en Washington, se decidió que no iría el canciller y que se enviaría, en cambio, "un segundo escalón: un diplomático".
No estar representados en absoluto no fue nunca una opción, en función de la importancia del vínculo bilateral con Estados Unidos y con la reacción esperada ante desaires de ese tipo por parte del gobierno de Donald Trump.
La convocatoria a comisión
Por otro lado, esta polémica abrió también un frente con la oposición, porque el senador colorado Andrés Ojeda anunció ayer que promoverá la convocatoria al canciller para hablar específicamente de este tema ante la comisión de Asuntos Internacionales de la cámara alta.
La solicitud fue tramitada este jueves ante el presidente del ámbito, el senador nacionalista Sebastián Da Silva, mediante una carta en la que se remarca que Lubetkin respondió "públicamente" a las definiciones de Rubio sobre el MLN "en términos de confrontación", sobre todo "al afirmar que ambos gobiernos están 'en las antípodas' y que no admitiría que se tratara 'a ninguna fuerza de este gobierno de esa manera'".
La cita se debe, entre otros motivos, a la "incoherencia" con que según Ojeda actuó el gobierno en este tema; porque "el ministro puso la voz del Estado uruguayo al servicio de la defensa de un sector político, confundiendo el interés permanente del país con el de una fuerza integrante del partido de gobierno"; y en tanto se entiende que "persisten interrogantes sobre la representación uruguaya en la propia reunión".