La cocina del caso Adorni: cómo se construyó el escándalo mediático en Argentina, narrado por dos investigadores

El jefe de gabinete del gobierno de Javier Milei enfrenta una tormenta política que tiene su origen en investigaciones periodísticas llevadas adelante en Buenos Aires, cuyos detalles fueron expuestos en un congreso en la ciudad de Córdoba.

Jefe de Gabinete de Milei, denunciado por corrupción, dice que no cometió "ningún delito"
El jefe de Gabinete argentino, Manuel Adorni, camina tras presentar un informe de gestión en la Cámara de Diputados.
Foto: EFE

Durante las últimas dos semanas, la agenda política uruguaya ha estado marcada por la polémica sobre la camioneta Hyundai Santa Fe de Yamandú Orsi. El vehículo, valorado en US$ 79.800 y comprado poco antes de asumir, generó cuestionamientos por su forma de pago —un giro en dos partes de US$ 15 mil y la entrega de dos vehículos, el suyo personal de ese momento y otro que había sido donado a su campaña. Ante las críticas, el presidente finalmente donó la camioneta a la educación pública, al tiempo que recibía críticas a nivel interno del Frente Amplio y también desde la oposición.

Sintetizar este desenlace a periodistas de la región, como intentó El País en el último congreso del Foro de Periodismo Argentino que se hizo en Córdoba el pasado 28 y 29 de mayo, solo despierta sonrisas irónicas, podría decirse hasta condescendientes. Especialmente en los argentinos, para quienes decir "escándalo mediático" es moneda corriente: los episodios que ponen contra las cuerdas a la Casa Rosada —la ocupe quien la ocupe—, es sabido, son algo de todos los días.

Y esa sonrisa es también casi un gesto amable en Paz Rodríguez Niell y Martín Rodríguez Yebra —ella periodista abocada a la cobertura de asuntos judiciales y políticos para La Nación, y él, además, secretario de redacción del mismo diario—, cuando pasan a relatar —y a dejar reducido el caso que vivió Orsi, en tácita comparación, a una inofensiva miniatura— cómo empezaron a tirar de la madeja hasta desencadenar la situación que enfrenta hoy Manuel Adorni, jefe de gabinete (y tal vez una de las caras más conocidas) del gobierno de Javier Milei.

Desde mediados de marzo, Adorni enfrenta crecientes cuestionamientos que apuntan —al igual que la investigación penal en curso— a un presunto enriquecimiento ilícito.

Viajes, lujos y pagos en efectivo

Sentados al sol, en una de las mesas de metal que tiene el extenso campus de la Universidad Blas Pascal —donde se realizó el encuentro regional, auspiciado por la Fundación Friedrich Naumann, entre otros—, ambos resumieron a El País el conversatorio que ofrecieron en el congreso unas horas antes, titulado "La cocina del caso Adorni: Cómo se investiga al poder en tiempo real".

Es una novela que, por momentos, coincidirán ambos, "paralizó" al gobierno libertario, y que, como toda trama compleja, tiene un inicio simple, fácil de explicar. Comenzó con una foto de la esposa de Adorni, Bettiana Angeletti, acompañando al jerarca en un viaje presidencial a Nueva York, que rápidamente circuló en las redes sociales y de la que los medios se hicieron eco sin demora.

Ahí empezó, dijo Paz Rodríguez, la primera de las varias preguntas que persiguen a Adorni hasta el día de hoy, en parte por el punto de partida que estableció el gobierno de Milei al llegar al poder en diciembre de 2023. "Adorni había sido muy duro contra los beneficios de la casta, pero además cargaba con una declaración" que se le volvió en contra, recordó. "Hemos decretado —dijo el jefe de gabinete en agosto de 2024— que los aviones del Estado no podrán ser usados para llevar familiares de funcionarios. Este es otro privilegio que se termina".

La contradicción —contra una declaración de principios de la administración mileísta—, acotó Rodríguez Yebra, "era demasiado flagrante" y, la polémica, inevitable.

O el "gancho", dirá el secretario de redacción de La Nación, para seguir escribiendo los capítulos siguientes.

Por ejemplo, y horas después de aquel primer revuelo, el periodista Carlos Pagni revelaría que Adorni había pasado sus últimas vacaciones familiares en Punta del Este, a donde fue en un avión privado —de esto se difundieron imágenes de él, su esposa e hijos caminando por la pista—, viaje cuyo pago nunca esclareció del todo, así como tampoco qué participación tuvo en esto el empresario y conductor televisivo Marcelo Grandio, que compartió vuelo con él.

"Empezamos a ver que en la vida que llevaba Adorni no coincidía con aquello con lo que él alardeaba: su bajo sueldo. El de él y el de todos los funcionarios", dijo Rodríguez Yebra.

"Mientras el escándalo crecía el magnitud, empezó a aparecer gente que nos avisaba que lo estudiáramos mejor, porque parecía, o eso nos decían, que Adorni se había hecho una casa impresionante en un country. A partir de ese dato —siguió Rodríguez Yebra—, empezamos a preguntar en todos los lugares, desde fuentes del sindicato de la construcción hasta el municipio donde se había hecho esa casa. Averiguamos cuál era el country (el Indio Cua), identificamos cuál era el lote, y encontramos que sí, que la había comprado en los últimos meses, cuando ya era funcionario, con lo cual se derrumbaba el relato de que se estaba empobreciendo en el Estado, o, como él decía, poniendo plata de su bolsillo".

Lo que había declarado, y se sabía hasta ese momento, es que, en inmuebles, contaba con un "apartamentito heredado" de clase media en Buenos Aires, acotó Paz Rodríguez, acorde a una carrera como contador de una concesionaria de autos, primero, y luego como periodista radial.

La noticia de la compra la dio a conocer la diputada Marcela Pagano, al presentar una denuncia penal. La Nación lo informaría poco después: el 20 de marzo, en una nota firmada por Hugo Alconada Mon, en la que se informó que ese inmueble estaba a nombre de la esposa del jefe de gabinete.

La acumulación de información no se detenía. Se descubrió que Adorni pagó en efectivo US$ 245 mil para hacer una reforma a fondo en su nueva casa —esto lo declararía el contratista de la obra ante la Justicia— y que además se había comprado un lujoso apartamento en el barrio bonaerense de Caballito, el que pagó de una forma curiosa: con dos préstamos en dólares de dos mujeres que, al ser localizadas y consultadas por La Nación, respondieron no conocer al funcionario. En efectivo también pagó, según se supo después, otro viaje familiar a Aruba —que costó casi US$ 9 mil.

Las respuestas públicas de Adorni fueron al principio esquivas, y al final inexistentes: dijo, y reiteró ante el Congreso, que hablar sobre estas acusaciones entorpecería la labor de la Justicia.

Cómo sigue

Las hipótesis periodísticas sobre el desenlace del escándalo

"Es difícil encontrar una hipótesis benevolente", reflexionó Rodríguez Yebra. Sobre todo debido a la "demora" de Adorni en explicar a fondo todas las acusaciones, luego de tres meses de iniciado el escándalo.

"Si hubiera heredado dos millones de dólares, la explicación era fácil: podía cortar de cuajo el asunto y evitar que el gobierno se enquilombara de esta manera", reflexionó también Paz Rodríguez.

¿Cuáles son, entonces, las "sospechas" sobre las que continuarán las investigaciones periodísticas? Una apunta a la posibilidad de que Adorni esté cobrando "sobresueldos" de parte de los fondos reservados de la Secretaría de Inteligencia, algo sobre lo cual el gobierno no está obligado a rendir cuentas.

La segunda hipótesis es que él hubiera cobrado coimas.

"Solo en gastos, y en dos años de funcionario, lleva más de US$ 400 mil, y eso sin contar los gastos ordinarios, como la cuota del colegio de sus hijos", dijo Paz Aguirre. Y sin contar que el promedio mensual del gasto de su tarjeta de crédito duplica su sueldo declarado.

"¿Qué es lo que podría hacer él —concluyó Rodríguez Yebra—, si no es que recibió una herencia, pero que sería una jugada de una audacia que me costaría creer que se anime a hacer? Acogerse a la nueva ley de inocencia fiscal, aprobada por Milei, que implica casi un perdón impositivo para aquel que tuviera dinero sin declarar".

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