El tema mundial y regional no es otro que el día a día de Venezuela, la suerte de Nicolás Maduro preso en Nueva York, y los planes de Donald Trump para el castigado país caribeño. Pero, atado a esto había esta semana otro asunto primordial al que prestaban atención las cancillerías del Mercosur y, por supuesto, las de Europa, y ese era qué decisión final tomarían en el viejo continente respecto a las dilatadas negociaciones por la firma de un acuerdo de libre comercio entre ambos bloques.
Como titularon este viernes todos los medios de un lado y otro del Atlántico, el esperado hito -anunciado equívocamente en 2019 y 2024- finalmente se concretó, porque los europeos lograron alcanzar su necesaria mayoría interna para habilitar a Ursula von der Leyen a encabezar una delegación que viajará a Paraguay -país que ostenta la presidencia pro tempore del Mercosur- el próximo sábado para, ahora sí y de forma definitiva, firmar este acuerdo en presencia de los jefes de Estado y los cancilleres de todos los socios de la alianza sudamericana.
Esto cambiará las cosas. Mucho. Y una infinidad de actores, políticos y económicos, ya actúan en consecuencia, además de los ríos de tinta que ya han corrido con la opinión de analistas de todas partes, analizando ventajas y riesgos de una alianza que, a nivel regional, es difícil no ver como un logro personal del presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva -quien en su cuenta de X llamó a este 9 de enero de 2026 “día histórico para el multilateralismo”.
Se constituirá la zona de libre comercio más grande del mundo -sobre esto insistió Von der Leyen en su anuncio, y hasta el embajador de la UE en Uruguay (ver aparte)-, estimada en más de 700 millones de personas, aunque esto no signifique, al menos en lo previo, una buena noticia para todos los sectores. En el rubro lechero, por ejemplo, ya hay algunas luces amarillas (ver recuadro).
Puesta en marcha
En el gobierno de Yamandú Orsi, al momento, predomina el entusiasmo. En la Torre Ejecutiva, y en la Cancillería que lidera Mario Lubetkin -el primer actor del gobierno en destacar la noticia-, estuvieron todos los días de esta semana, distorsionados por las novedades que surgían desde la Casa Blanca y el Palacio de Miraflores, atentos a las distintas reuniones que fueron manteniendo los europeos, y que fueron quebrando las últimas resistencias que quedaban en el viejo continente -hasta este viernes capaces, al menos, de dilatar el beneplácito de la UE.
En términos económicos, para el ministro Gabriel Oddone no hay dudas: “De acuerdo con estimaciones preliminares del MEF -escribió en twitter-, el acuerdo generará aumentos del PIB de algo más de 1,5 puntos porcentuales, de las exportaciones de bienes del orden del 4%, del empleo del 0,5% y del salario real cercano al 1%”.
Esta zona de libre comercio, que representará “casi el 20% del PIB mundial”, “una vez ratificado por los Parlamentos e implementado completamente, abre una gran oportunidad económica para la región, especialmente para Uruguay”, remató el ministro de Economía.
¿Cuándo comenzará a regir? Es difícil de saber con precisión. La etapa que se abre ahora es la de las aprobaciones parlamentarias; es decir, del cuerpo legislativo de la Unión Europea -que en el gobierno de Orsi estiman en un plazo cercano a los tres meses-, donde las distintas fuerzas políticas están en disputa, aunque en el Palacio Santos confían en que prevalecerán aquellas “las familias políticas que han votado a favor del acuerdo”; y el de los cuatro socios del Mercosur. “Los parlamentarios uruguayos tomaron el compromiso de ser los primeros en votarlo”, recordó Lubetkin al mediodía de este viernes, según recogió Canal 10. “Ojalá sea Uruguay el primero que active los mecanismos provisorios”, agregó.
Mientras tanto, en la Cancillería ya planifican los siguientes pasos que Uruguay empujará al Mercosur a dar, mientas reina la satisfacción con la línea de gestión seguida hasta el momento, consistente en “activar” todos los “mecanismos” de diálogo y acercamiento comercial que están a la mano de Uruguay, para después “recorrer los caminos” hacia acuerdos concretos, como este, como el que el Mercosur también firmó con el EFTA (Asociación Europea de Libre Comercio), o como el que Uruguay comenzó a transitar desde finales del año pasado, al ser aceptado como aspirante a formar parte del Acuerdo Transpacífico. Sobre esto último, de hecho, conversaron ayer Lubetkin y el canciller japonés, Horii Iwao, a quien el uruguayo “agradeció” -lo mismo hizo el japonés- dado que este país, en un principio reacio a que Uruguay ingresara al CPTPP, cambió de parecer y permitió que Uruguay sea tenido en cuenta por esta alianza.
En el gobierno, mientras tanto, ya visualizan la importancia que tendrá el segundo semestre de este año, ya que se estima que durante los primeros meses el acuerdo transitará por la etapa de las aprobaciones parlamentarias, y que en la segunda mitad del 2026 será el momento de comenzar a ponerlo en práctica -aunque los efectos de este tratado, proyectan en el Poder Ejecutivo, difícilmente se vean antes del 2027.
Y el segundo semestre, precisamente, el Mercosur tendrá a Uruguay en la presidencia pro tempore, por lo que en la Cancillería ya comenzaron a proyectar estrategias para cooperar con la “efectivización” de este acuerdo.
Embajador de la UE celebra la resolución
“Estamos muy felices” con la noticia, escribió este viernes el embajador de la Unión Europea en Uruguay, Petros Mavromichalis. El diplomático recordó en un comunicado que esta es una “gesta” concretada tras más de 25 años de negociaciones y que el acuerdo abrirá “oportunidades reales para ambos lados”. “Para nuestras empresas, nuestros trabajadores y nuestras sociedades”, dijo Mavromichalis, que, como otros, destacó: “El acuerdo es histórico porque creará la mayor zona de libre comercio del mundo”.
El sector lácteo tendrá más competencia y no ve ventajas
El sector lácteo es el cuarto rubro en importancia en lo que tiene que ver con las exportaciones, y según su visión el acuerdo con la Unión Europea no le traerá beneficios y sí incrementará la competencia que enfrentará en un mercado clave como Brasil.
Justino Zabala, dirigente de la Asociación de Tamberos de Canelones, explicó a El País que el tratado implicará que el bloque europeo acceda, al cabo de una década, a la posibilidad de vender sin aranceles en el Mercosur una cuota de 10.000 toneladas de leche en polvo anuales, 5.000 toneladas de fórmulas infantiles y 30.000 toneladas de queso. Esto supondrá una gran presión competitiva en Brasil, un mercado que el año pasado captó US$ 242 millones de los US$ 928 millones de productos lácteos que Uruguay vendió en el exterior. El sector lácteo representó en 2025 el 7% del total de las ventas al extranjero del país. Tuvieron el año pasado un incremento del 14%, impulsado por mejores precios y un aumento moderado de los volúmenes, de acuerdo con datos del instituto Uruguay XXI. Argelia y Brasil, en tanto, concentraron más de dos tercios de las ventas de estos productos, que fueron colocados, en total, en 80 países.
“En todos los acuerdos hay ganadores y perdedores. Nosotros somos de los que perdemos. No hay ninguna ventaja”, aseguró Zabala. Hoy la Unión Europea no parece ser un mercado relevante para el rubro. La competencia intensificada por el mercado brasileño se dará en leche en polvo y en quesos porque Uruguay aún no produce fórmulas infantiles como las que se cuotificarán.
A esto se suma una complicación adicional. El acuerdo supondrá que Uruguay ya no podrá utilizar para sus quesos algunas denominaciones de origen como Fontina, Gruyére o Parmiggiano, explicó el productor.
Conaprole es, con diferencia, la principal exportadora uruguaya de productos derivados de la leche. Recibe la remisión de unos 1.400 tamberos.
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