Hace cien años, el restaurante Forte di Makalle era un lugar icónico en el todavía joven Parque Rodó. Durante décadas fue un sitio de referencia. Pero actualmente, en el mismo enclave privilegiado de la ciudad, el edificio inaugurado en 1896 se encuentra en ruinas.
Frente al McDonald's que hoy domina la rambla, hay unas chapas cubiertas con fotos en blanco y negro de la historia de los juegos que han habitado el parque. Por un costado, y mediante una tela que funciona como puerta, se puede ingresar al viejo predio, que pertenece a la Intendencia de Montevideo.
El suelo, una mezcla de antiguas baldosas y yuyos desenfrenados, está cubierto de basura. En varios rincones se observa ropa y frazadas, vestigios de un uso reciente como dormitorio de personas en calle.
A la izquierda, un edificio tapiado presenta un pequeño agujero contra el piso, de donde salen reptando dos perros que empiezan a ladrar y a lanzar tarascones.
Al ir hacia la derecha y bajar por una escalera, se atraviesa un arco decorado con los restos de una publicidad de whisky Ballantine's. Allí abajo, la estructura se ha derrumbado: entre botellas, peluches, bolsas y el olor a materia fecal, hay escombros de ladrillos y restos del cielorraso.
A través de paredes carcomidas se accede a otra sección del edificio donde, pese a que no se distingue más que enredaderas y hojas secas, se puede dimensionar la escala del lugar.
Este sitio, el del restaurante inaugurado en 1896, anterior al propio nacimiento del Parque Rodó, no debería estar así. Y no se trata de una mera expresión de deseo: una empresa, que ganó una licitación en 2014, debería haberse encargado de su mantenimiento, y haberlo convertido en un espacio comercial activo.
La empresa concesionaria incumplió sus obligaciones y la intendencia retiró el permiso en 2020. Pese a que surgieron interesados, la comuna mantuvo el freno, argumentando la necesidad de hacer una nueva licitación.
Luego de un quinquenio de estancamiento, la gestión de Mario Bergara intenta ahora dar vuelta la página con el envío de una nueva licitación a la Junta Departamental.
Los últimos años
Según las resoluciones de la Intendencia de Montevideo, a fines del siglo XX, el ex Forte di Makalle atravesó diversos conflictos. En 1999 se revocó la concesión a los entonces titulares, quienes tenían una deuda de 1,5 millones de dólares con la comuna. En aquel momento, la inspección detectó en el nivel inferior "una cantidad de implementos de cocina en desuso, así como caída de parte del cielorraso".
Al año siguiente, el Servicio de Salubridad Pública solicitó una orden de allanamiento para realizar tareas de fumigación y desratización, tras constatar que el local era un "foco potencial de mosquitos y ratas".
No obstante, en la parte de arriba siguió funcionando, con otro dueño, una pizzería. Esto fue así hasta por lo menos el año 2010, según se desprende de las resoluciones a las que accedió El País.
Más adelante, en 2013, durante la administración de Ana Olivera, la intendencia intentó recuperar el espacio y lanzó una licitación para el reacondicionamiento de “los locales existentes y áreas libres”, y la realización de nuevas obras.
Según una resolución de 2014, se presentaron dos firmas: Caleros S.A. y Fresca Flor S.A. La Comisión Asesora de Adjudicaciones recomendó aceptar la oferta de esta última, por lo que se le otorgó la concesión del predio por 20 años.
Fresca Flor ofertó un canon de 14.900.100 Unidades Indexadas (UI), equivalentes en aquel entonces a más de $ 42 millones, y estimó una inversión de $ 58 millones. El proyecto contemplaba transformar los casi 2.000 m² en un complejo multipropósito que albergaría salones de fiesta, discotecas, locales gastronómicos y áreas de paseo público.
La empresa disponía de un plazo de 12 meses para iniciar las obras, pero nunca lo hizo. Tampoco explotó comercialmente el espacio ni abonó el canon correspondiente a la intendencia, según confirmó la administración departamental en respuesta a un pedido de informes del edil nacionalista Eric Spektor.
En 2020, la comuna declaró la extinción de la concesión. Ante esta decisión, la firma presentó un recurso de reposición argumentando que el contexto macroeconómico la había afectado financieramente. Aludió a "circunstancias económicas vinculadas a la recesión, el aumento del dólar y una situación regional" que habrían imposibilitado la ejecución del proyecto. Sin embargo, la intendencia rechazó el recurso y ratificó la medida.
Una nueva licitación
En 2023, el Departamento de Desarrollo Económico, liderado por Gustavo Cabrera, comenzó a trabajar en los nuevos pliegos licitatorios. No obstante, a pesar del avance técnico alcanzado, una decisión de "nivel superior" dentro de la intendencia motivó su suspensión.
En paralelo, durante los últimos años surgieron dos iniciativas privadas para explotar el predio: una por parte de Recomins S.A. y otra de Grupo Garden S.A.S. Ambas propuestas fueron desestimadas bajo la premisa de la "línea institucional" de evitar adjudicaciones directas y priorizar, en su lugar, un llamado público a licitación.
Ahora, la actual administración, encabezada por Bergara y con Camilo Benítez como director de Desarrollo Económico, preparó una nueva licitación.
Según dijeron desde la intendencia a El País, esta semana se enviarán a la Junta Departamental los nuevos pliegos, que ya fueron aprobados en una reciente resolución.