"Escuela criminal": Uruguay afirma que Marset y clanes locales copiaron métodos de bandas extranjeras como el PCC

El informe de Inteligencia presentado ante el Mercosur traza un mapa que va de la frontera a las cárceles y barrios del país; ubica a 88 integrantes de cinco facciones brasileñas en prisión.

El PCC ha protagonizado sangrientos motines en Brasil.
El PCC ha protagonizado sangrientos motines en Brasil.
Foto: AFP.

El Ministerio del Interior afirmó que organizaciones criminales brasileñas como el Primer Comando Capital (PCC) operaron como una “escuela criminal” para actores uruguayos. Según un informe presentado ante el Mercosur, sus métodos fueron incorporados por Sebastián Marset y actualmente son replicados por los clanes Albín y Suárez de Cerro Norte. La Policía también identificó a 88 integrantes de cinco facciones brasileñas recluidos en el país.

El diagnóstico fue presentado por la Unidad de Investigación y Análisis Penitenciario de la Policía durante la última reunión del Grupo de Trabajo Especializado para el Combate de las Organizaciones Criminales del Mercosur. La exposición detalló el alcance de estas facciones dentro y fuera de las cárceles.

Uno de los principales hallazgos surgió del seguimiento que la Policía realiza sobre el PCC en las cárceles uruguayas desde 2023. El 11 de mayo de 2025, una requisa en la cárcel de Libertad permitió incautar un celular con comunicaciones entre integrantes de la organización. En el dispositivo se detectó un grupo de WhatsApp denominado “Sistema do Uruguay”, compuesto por ocho miembros.

Según el informe, el análisis del teléfono aportó información sobre miembros activos, conexiones, “dominios y áreas de influencia dentro y fuera de las cárceles” y los códigos y reglamentos internos que regían la conducta de los integrantes del PCC.

El reporte contabiliza 420 extranjeros entre las 16.872 personas privadas de libertad en Uruguay, lo que representa el 2% del total. De ellos, 190 son brasileños, equivalentes al 46,8%, y 74 son argentinos, el 18,2%. El resto se distribuye entre reclusos de Cuba, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Paraguay, Chile, Perú, Bolivia, España y Ecuador.

Entre los 88 integrantes de organizaciones brasileñas recluidos en Uruguay, 51 están vinculados al PCC, 19 a Os Manos, nueve al Primeiro Comando da Fronteira (PCF), siete a Os Tauras y dos a Bala Na Cara.

El informe señala que hasta el momento no se detectaron operaciones que "evidencien la actividad directa de esas organizaciones dentro del sistema penitenciario", aunque la Policía advierte que las facciones han funcionado como una “escuela criminal” y que la dinámica de los grupos de frontera repercute directamente en las cárceles.

La presentación identifica tres puntos clave de la frontera seca. Estos son Rivera-Santana do Livramento, Aceguá-Aceguá y Chuy-Chuí. Allí, “pequeñas organizaciones uruguayas y brasileñas están copiando la forma de operar de grandes carteles como Os Manos y el PCC para el narcotráfico”, asegura el informe.

Vínculos con el Primer Comando Capital

El Primer Comando Capital surgió en las cárceles de Sao Paulo durante la década de 1990 y se convirtió en una de las mayores organizaciones criminales de América Latina. Su principal negocio es el narcotráfico, especialmente de cocaína y marihuana, con rutas internacionales que conectan a países productores con Brasil y con mercados de Europa y África.

La organización también participa en el tráfico de armas, el lavado de dinero, los robos, las extorsiones y el contrabando, además de ejercer control sobre actividades criminales dentro y fuera de las cárceles.

El seguimiento policial que desembocó en el hallazgo de un grupo de WhatsApp llamado “Sistema do Uruguay” comenzó en 2023, cuando se elaboró un informe de Inteligencia sobre miembros del PCC en las cárceles uruguayas. Desde entonces, la Policía monitorea a sus posibles integrantes, sus actividades y su estructura, así como reglamentos y códigos internos

Ese trabajo permitió desplegar en 2025 operativos dirigidos a identificar miembros activos y reconstruir sus conexiones. Uno de ellos fue la requisa del 11 de mayo en el Penal de Libertad, donde el celular incautado expuso comunicaciones entre integrantes del PCC y aportó información sobre la organización dentro y fuera de las cárceles.

La posible incidencia del PCC volvió a quedar bajo la lupa en febrero de 2026, tras el descubrimiento de un túnel excavado desde un local de Ciudad Vieja. La investigación concluyó que el objetivo era el banco BBVA y derivó en la imputación de 11 personas, entre ellas cuatro brasileños y dos paraguayos. La Policía brasileña confirmó luego que algunos de los imputados tenían antecedentes por robos cometidos para el PCC.

Los vínculos atribuidos al PCC en Uruguay también alcanzan a referentes del crimen local. Ya en 2012, el entonces juez de Crimen Organizado Néstor Valetti afirmó que Luis “Betito” Suárez mantenía contactos con la banda brasileña. Investigadores también han señalado nexos con Luis Fernández Albín y Sebastián Marset.

Además

Otros clanes brasileños

El informe señala que el grupo Os Manos “ostenta” desde 2017 “el dominio de la frontera con Brasil”, tras haber protagonizado una lucha de poder con una banda rival llamada Bala Na Cara. Según información recabada con agencias brasileñas de Inteligencia, Os Manos es la facción más grande y organizada de Rio Grande do Sul y desde hace algunos años está extendiendo sus lazos hacia Uruguay. Su mayor influencia se encuentra en Rivera y el reporte la vincula con la Unidad 12 de Cerro Carancho. La presentación también incluye algunos tatuajes característicos utilizados para identificar a sus miembros (por ejemplo un diamante).

El reporte también hace énfasis en las operaciones del Primer Comando Frontera (PCF). En 2025 se confirmó la presencia de integrantes brasileños del PCF y de uruguayos incorporados a la organización. Si bien mantiene sus bases en la frontera con Brasil, se registraron cada vez más operaciones en Maldonado. Recientemente se detectó actividad de la organización localizada en los barrios Manga, Nuevo Capra y Los Sueños.

Un antecedente penitenciario se remonta al 13 de noviembre de 2022. Un trabajo de inteligencia en la cárcel de Las Rosas, en Maldonado, detectó que un grupo de entre cuatro y cinco integrantes de bandas locales ingresaba droga al establecimiento. Durante una inspección fueron incautados 2.241 kilos de marihuana, distribuidos en ladrillos con el logo del PCF ocultos en el pulmón de una estufa a leña.

Carteles internacionales que desembarcaron en Uruguay

El reporte identifica históricamente a Uruguay como un país de acopio y tránsito de drogas hacia Europa. Los cargamentos ingresan por tierra, aire y en barcazas que llegan al Río Uruguay desde países productores como Paraguay. Luego, parten por vía marítima hacia Europa. También señala que desde Uruguay se exporta hachís a Brasil, donde tiene un alto consumo y un valor similar al de la cocaína. La Policía detalla que en el mercado interno predominan la pasta base y la cocaína, aunque también circulan drogas sintéticas como el tussi (conocido como cocaína rosada).

Pero el diagnóstico presentado por Uruguay no se limita a las facciones brasileñas. Otra de las exposiciones incluye entre las organizaciones transnacionales detectadas en el país durante los últimos diez años al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Los Cuinis (de México), la ’Ndrangheta de Italia, el denominado Cartel de los Balcanes y el Clan Skaljari de Montenegro. También menciona al Primer Cartel Uruguayo, vinculado a Marset.

Uno de los casos más notorios fue el del mexicano Gerardo González Valencia, uno de los líderes de Los Cuinis y cuñado de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, jefe ahora fallecido del CJNG. González Valencia vivió durante cinco años en Uruguay junto con su familia y montó una estructura para lavar dinero procedente del narcotráfico mediante propiedades, vehículos y colaboradores locales. La familia se instaló inicialmente en Punta del Este, donde adquirió una vivienda por unos US$ 2 millones, terrenos en Punta Ballena y vehículos de alta gama.

González Valencia fue detenido en 2016, procesado por lavado de activos y extraditado a Estados Unidos en 2020. Allí fue condenado a prisión perpetua por coordinar el tráfico de toneladas de cocaína. Pero los vínculos con el peligroso cartel mexicano reaparecieron en 2023. Ese año fue detenido en Maldonado el argentino Óscar Gilberto Calvete, requerido por la Justicia de su país e investigado como testaferro y operador financiero del grupo.

Las autoridades argentinas sostienen que participó en maniobras destinadas a introducir dinero del CJNG en el sistema financiero y darle apariencia legal mediante sociedades, transferencias internacionales y depósitos en efectivo.

Uruguay también sirvió de refugio para Rocco Morabito, uno de los narcotraficantes más buscados de la ’Ndrangheta, la mafia calabresa. Bajo una identidad falsa, se instaló en Punta del Este y permaneció durante años fuera del radar de las autoridades. Fue detenido en 2017, pero en junio de 2019 escapó de Cárcel Central junto con otros tres reclusos mientras esperaba su extradición. Morabito fue recapturado en Brasil en 2021 y trasladado a Italia al año siguiente.

Pero Uruguay no solo sirvió como refugio para figuras de alto nivel. En 2019, la Operación Familia permitió reconstruir la salida desde territorio uruguayo de más de 600 kilos de cocaína en un avión privado, posteriormente incautados en Francia. La investigación, que contó con información de Europol y la DEA, vinculó el cargamento con una organización de origen balcánico y mostró el lugar del país dentro de una cadena internacional orientada al mercado europeo.

Cuatro años después, la Operación Virtus volvió a exhibir esa función logística. Casi 500 kilos de cocaína cruzaron en una barco desde Argentina, fueron acopiados en una vivienda de Pajas Blancas y se estaban preparando para salir hacia Europa. Nuevamente se vinculó el cargamento con organizaciones extranjeras, que sin controlar barrios ni contar con despliegue directo en el territorio, utilizaban al país para llevar adelante sus negocios.

Además

Uruguay impulsa que los países del Mercosur compartan datos biométricos

El gobierno uruguayo propuso a sus socios del Mercosur modernizar el Sistema de Intercambio de Información de Seguridad (SISME) para ampliar la cantidad de datos que se comparten entre los países y mejorar la investigación de grupos de crimen organizado transnacional.

El SISME permite la cooperación internacional entre organismos de seguridad mediante el acceso a información de las bases locales de cada país. Actualmente se intercambian requisitorias sobre armas, personas y vehículos. Las comunicaciones se encuentran centralizadas en la sede del Mercosur.

La iniciativa incluye información migratoria sobre movimientos, situación migratoria, rechazos, residencias, solicitudes de refugio y estado de documentación. También comprende datos biométricos, documentos de identidad robados, cierres de frontera y “patrones y/o rutas detectadas y/o situaciones anómalas que generan sospechas sobre la comisión de delitos”.

Entre los intercambios que permanecen a estudio se encuentran los antecedentes legales y policiales, la violencia en eventos deportivos, el uso de tobilleras electrónicas y la información sobre celulares y otros dispositivos robados. También se analiza compartir información no estructurada sobre actividades delictivas, crimen organizado y narcotráfico, además de alertas sobre incidentes con materiales nucleares.

Uruguay planteó además que el bloque retome las gestiones para firmar un acuerdo entre el Mercosur e Interpol, actualizando un proyecto que no llegó a entrar en vigor en 2013. La conexión permitiría realizar consultas simultáneas en ambos sistemas y evitar duplicaciones y carencias en la recopilación de información.

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