Durante décadas, el negocio de las golosinas se apoyó en una fórmula relativamente simple: marcas consolidadas, recetas inalterables, precio accesible y una fuerte presencia en el kiosco. Esa lógica cambió. La categoría atraviesa una transformación impulsada por nuevos hábitos de consumo, cambios tecnológicos, una renovación constante de la oferta y una reconversión de los canales: en los últimos tres años cerraron más de 10.000 kioscos en Argentina y las golosinas ganaron terreno en supermercados, estaciones de servicio y farmacias.
A continuación las tendencias más relevantes en el sector.
1) La experiencia llega a las golosinas: Los niños y adolescentes buscan sorprenderse y vivir una experiencia que involucre varios sentidos. La golosina dejó de ser solo un producto para convertirse en un pequeño entretenimiento.
En ese cambio, primero se consolidaron los sabores ácidos, que pasaron de ser una moda pasajera a convertirse en una categoría estable. Y después llegaron las propuestas picantes y las combinaciones más extremas, que mezclan dulce, ácido y picante.
«El objetivo ya no es solo satisfacer el paladar, sino provocar una reacción y ofrecer una experiencia distinta. La innovación también pasa por la textura. Rellenos líquidos, capas crocantes o espumas, amplían las posibilidades de desarrollo», explicó Darío de la Vega, gerente de Operaciones Industriales de Golosinas y Chocolates del Grupo Arcor.
2) Gomita mata a caramelo duro: Mientras el caramelo duro pierde participación, las gomitas son el segmento más dinámico porque permiten innovar mucho más rápido. Se pueden lanzar nuevos sabores, colores, formas, rellenos, niveles de acidez y combinaciones de texturas sin modificar de manera radical el proceso industrial. Esa versatilidad es una ventaja competitiva, porque permite lanzar novedades con rapidez y responder a un consumidor que exige estímulos constantes.
3) La desaparición del vuelto: Durante décadas, buena parte del negocio de las golosinas se apoyó en las compras impulsivas: caramelos, chupetines o gomitas pagados con las monedas que había en el bolsillo o recibidos como vuelto. Ese ritual casi ha desaparecido. La inflación elevó el precio de las unidades, las monedas dejaron de circular y las billeteras virtuales reemplazaron al efectivo como principal medio de pago.
«Con las billeteras digitales se perdió el redondeo, lo que afecta a categorías como los chicles y caramelos. Pero por otro, cuando la gente paga con Mercado Pago u otra billetera, muchas veces termina haciendo una compra más grande, por un ticket más alto», admitió Ernesto Acuña, vicepresidenta de la Unión Kiosquera de la República Argentina (UKRA).
4) Los tiempos se aceleran: La innovación dejó de seguir los tiempos tradicionales de la industria y pasó a moverse al ritmo de las redes sociales y de las tendencias de consumo. Si antes un lanzamiento podía permanecer años como novedad, hoy las empresas necesitan renovar su oferta de manera permanente para mantener el interés del público.
En este contexto, en el último tiempo se multiplicaron los lanzamientos de edición limitada: desarrollos que buscan sorprender y que, por su carácter efímero, incentivan la compra antes de que desaparezcan de las tiendas.
Hoy el negocio se parece cada vez más al de la moda, es decir, hay colecciones de temporada, ediciones limitadas y productos diseñados para generar conversación y sensación de novedad.
5) La crisis del chupetín: Antes de que las gomitas se convirtieran en la categoría más dinámica del mercado, el chupetín era uno de los grandes protagonistas del consumo impulsivo. Hoy, en cambio, atraviesa uno de sus momentos más difíciles. Si bien históricamente registró ciclos de auge y caída, ahora enfrenta varios factores estructurales al mismo tiempo, como la pérdida de relevancia del caramelo duro -que también alcanza al chupetín- y la desaparición de las monedas, que impactaron en el consumo impulsivo.
Pero quizá el cambio más profundo sea cultural. «El chupetín siempre fue una forma de ocupar el tiempo: acompañaba una espera, un viaje en colectivo, una caminata o una charla. Hoy esos momentos están cada vez más capturados por el celular», explicó De la Vega.
En la industria reconocen que la competencia del chupetín ya no pasa únicamente por otra golosina, sino también por las redes sociales, los videojuegos y las aplicaciones que ocupan la atención del consumidor.
Alfredo Sainz
La Nación / GDA