Cómo diferenciar compras necesarias de impulsivas para no poner en riesgo la estabilidad personal

Recomendaciones de la especialista Joselyn Quintero para postergar la gratificación y evitar decisiones financieras bajo estrés.

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Joselyn Quintero muestra libro de su autoría.

La llamada “armonía financiera” es una aspiración de muchas personas que buscan vivir tranquilas, sin deudas, dándose algunos gustos y, sobre todo, sin angustia ni ansiedad al recibir cuentas que las desbordan.

Sobre este tema, El País entrevistó a Joselyn Quintero —de nacionalidad venezolana y que vive en Brujas, Bélgica— quien es licenciada en administración de empresas, especializada en gerencia de finanzas y cultura organizacional, con foco en neurofinanzas. También es autora de los libros “Semillas de riquezas” y “Armonía financiera", y conferencista internacional sobre estos temas.

Quintero explicó que la “armonía financiera” pone de relieve la dimensión humana de las finanzas y la “libertad económica”, a la que generalmente es difícil de llegar dado que existen “fuerzas invisibles” (condicionamientos) que llevan a que las personas no sepan realmente si las decisiones que están tomando responden a la voluntad propia o a influencias que ha internalizado.

Como ejemplo, mencionó que cuando algunas personas se plantean comprar una casa grande, muchas veces lo hacen respondiendo a un patrón externo y no porque lo necesiten y luego se ven con sus vidas complicadas al tener que pagar altos gastos fijos de la nueva vivienda y su mantenimiento, además de tener que afrontar otras obligaciones aparejadas que no ha deseado.

“Hay que tratar de analizar si mis compras responden a mis necesidades reales, o si estamos transfiriendo alguna carencia (según la historia de vida de cada uno) o actuando en función de las expectativas de familiares o amigos”, dijo Quintero.

La especialista advirtió que muchas decisiones de compra ni siquiera dan un mínimo de satisfacción, o ésta es muy efímera. De ahí la importancia del autoconocimiento y de estar anclados internamente, que es lo que permite identificar mejor por qué desarrollamos determinados comportamientos y si conviene o no evitarlos, o encausarlos de otra manera.

En el peor de los casos, se puede caer en una insatisfacción permanente, en una acumulación infinita de objetos, o en la ruina financiera.

Quintero comentó que las compras compulsivas son realizadas bajo el supuesto implícito de que “lo que me falta es lo que me va a dar satisfacción”y ahí precisamente hay que poner un freno ante la falsa ilusión. “El ser humano es un ser integral y no un mero generador de dinero y gasto”, afirmó.

La especialista diferenció el “poder de compra” del “poder del gasto”, ya que mientras el primero implica generalmete una decisión analizada de la relación precio-beneficio u otros factores, el segundo caso se acerca más a “querer comprarlo todo” ya que la sensación es que nada es suficiente.

Quintero destacó que, desde la psicología financiera, se sabe que la gente puede llegar a poner en riesgo su propia autopreservación y que no solo sienten la tendencia de tomar decisiones impulsivas, sino que las justifican racionalmente. “Todo esto genera una narrativa contraria al bienestar, que es utilizar el dinero como mecanismo de autodestrucción sistemática”, advirtió.

No obstante, sí se puede activar un “punto de ancla” interior en el que la persona toma conciencia de cómo hacer un mejor uso del dinero. De esa manera, puede evitar tomar decisiones riesgosas en tiempos de incertidumbre y hacer un mejor uso de las herramientas financieras. Cuando se logra la “armonía financiera” se deja de lado una idea de que la estabilidad viene de afuera y se desarrolla más un orden interior que permite tomar decisiones desde las necesidades y deseos propios, con una mente madura y equilibrada, explicó.

“Cuando aprendemos a desarrollar la capacidad de gestión emocional y a conocerse más uno mismo —con las condicionantes, los impulsos y los entornos que van marcando la forma en cómo habitualmente decidimos— podemos afrontar las situaciones vinculadas con el uso del dinero”, afirmó.

Consultada sobre sus recomendaciones para lograr armonía financiera en base a su experiencia profesional, Quintero enumeró una serie de consideraciones. En primer lugar, mencionó que hay que reconocer que el entorno es incierto y, en ese marco, procurar generar y multiplicar ingresos, y también asumir las pérdidas y seguir adelante. “Hay que evitar comprar con euforia y vender con pánico”, agregó.

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Foto: Pxhere.

En segundo lugar, es importante conocer las dinámicas propias de estrés. “Cuando se toman decisiones en alto estrés o presión, recurrimos a los mecanismos de supervivencia que están orientados a resolver de manera casi impulsiva y en el corto plazo, y no apuntan al crecimiento”, señaló.

Un tercer punto son los mecanismos de autorregulación emocional. Quintero consideró que muchas veces se habla de ese tipo de autorregulación como si fuera un proceso mental y no corporal, integral o también cultural. “Cuando no conozco mis dinámicas internas emocionales, confundo alivio con felicidad, lo que me lleva a no discriminar los factores que realmente determinan mis compras”, explicó.

Un cuarto punto es aprender a diferenciar algo que se repite comúnmente, pero es difícil de lograr, que es diferenciar lo importante de lo urgente, lo que significa implícitamente desarrollar la capacidad de postergar la gratificación.

Es decir, cuando la persona se guía más por lo importante que por lo urgente, deja de ser reactivo y tan impulsivo, y ese estado de coherencia interna le permite tomar decisiones “que tienen que ver más a su plenitud y que le suman a su proyecto de vida”. De lo contrario, no logra la autorrealización, que es algo que va más allá del dinero.

“Si se da un cóctel de todos los elementos de riesgo (mencionados anteriormente), nos convertimos en un barco de papel sin un punto de ancla seguro, que se deja llevar por las ofertas de ocasión, unaa situación conyuntural, por lo que los amigos compran, o las modas efímeras”, comentó, advirtiendo que luego viene “el dinero no me alcanza”.

Además, esto puede generar un “círculo ansioso” en esta falsa situación de buscar “alivio” a través del dinero o de los gastos. La premisa que maneja Quintero es que el dinero esté al servicio de la plenitud interior, y no la persona al servicio de la oferta del momento.

Control interno para evitar la carrera de acumular objetos

Crear espacios de recreación personal ayuda al conocimiento de uno mismo, a conectarse internamente, a hacer centro interno y a manejar mejor así el propio comportamiento, incluyendo el vinculado a las finanzas. “Los mecanismo de autorregulación interna abarcan la capacidad de meditar y el mindfulness, también desde el punto de vista de las finanzas”, dijo Quintero, explicando que ambas prácticas desarrollan la coherencia interna, lo que termina orientando mejor las conductas en general y a la hora de ahorrar, invertir, gastar, pagar, etcétera.

De alguna manera, ambas técnicas ayudan al control de la narrativa de cada uno, a distinguir entre lo que se puede y no se puede controlar, y así disminuir el estrés, la ansiedad y lograr un mejor manejo del estilo de vida.

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La especialista Joselyn Quintero habla sobre "armonía financiera".

“Es importante tomar conciencia de lo que está en mis manos, soltar lo que en realidad no está en mis manos y empezar a trabajar en mi área de control interno, en vez de caer en una carrera de acumular objetos para tratar de no sentirme ansioso, carente o desamparado”, destacó Quintero.

Es decir, cuanta más claridad mental y autoconocimiento, mayor la capacidad de ejecución. “También eso permite a la persona desengancharse de lo que la desempodera y debilita, que además puede llegar a quebrarla financieramente o enfermarla”, agregó la especialista. “Hay que reconocer que hay gente que por razones financieras se suicida; a ese nivel podemos llegar cuando no hay orden interno”, advirtió finalmente al referirse a casos extremos.

"Hay que despojarse de supuestos limitantes"

La especialista en neurofinanzas Joselyn Quintero compartió con El Pais que ella aplica los conceptos que maneja en su práctica profesional sobre “armonía financiera” y cómo salir adelante económicamente, a su propia vida desde muy temprana edad.

Nació en Catia, un barrio muy pobre de Caracas, Venezuela, pero, despojándose del supuesto social de que “los pobres siempre serán pobres”, logró ir avanzando y desde hace unos 15 años vive en Brujas, Bélgica, donde le va muy bien.

Se ha especializado en neurofinanzas, entendida como una disciplina que combina la neurociencia, la psicología y las finanzas para estudiar cómo el cerebro humano procesa la información y toma decisiones económicas; la disciplina analiza la actividad cerebral, las emociones y los sesgos que influyen al gastar, ahorrar o invertir dinero. “No tuve que venir a Europa a lavar platos, porque estaba muy consciente de lo que quería hacer y me preparé para llegar acá”, contó.

“Lo que les comparto a las personas sobre neurofinanzas, viene de mi propia experiencia, de cómo yo me construí”, agregó.

“Salí de un entorno de caos, carencia y ansiedad para mi madre, donde yo crecí, pero la base de todo eso fue cuestionar la narrativa instalada allí de ‘mentalidad de pobre’. Hay que pensar la pobreza no como identidad, sino como situación económica, y así superarse sin tantas barreras internas”, concluyó.

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