Emprender en Dubai: el éxito de proyectos gastronómicos y deportivos en la ciudad del lujo

Cuatro exitosos argentinos en esa ciudad, cuentan sobre la alta competencia y consumidores de 200 nacionalidades, en uno de los ecosistemas emprendedores más dinámicos del planeta.

Dubai.

Dubái es cosmopolita, por lo que no es raro que una persona, en un local gastronómico, observe un producto y pregunté «¿qué es esto?». La respuesta puede variar. Pero cada vez más es una empanada argentina o una medialuna rellena con dulce de leche. No solo hay argentinos emprendiendo en gastronomía, también los hay en espectáculos, en real estate y en deportes. Es que los extranjeros encuentran un terreno fértil para desarrollar proyectos propios.
Durante años, Dubái construyó una imagen asociada al lujo, los rascacielos y el petróleo. Sin embargo, hace tiempo que su estrategia también es apostar por diversificar su matriz productiva, atraer inversión privada y consolidarse como un centro global para los negocios. Millones de turistas pasan cada año por la ciudad y conviven residentes provenientes de más de 200 nacionalidades. Así, las nuevas ideas encuentran un mercado dispuesto a probarlas.

Fue ese escenario el que sedujo, en momentos distintos y por razones diferentes, a Alan Roy, Josefina Dieguez, Juan Carlos «Pachi» Marino y Martín Zubeldia. Todos ellos conversaron con La Nación (de Argentina). Ninguno viajó con un proyecto cerrado bajo el brazo, unos lo hicieron buscando trabajo, otros ya con una oportunidad laboral y están los que, simplemente, lo hicieron queriendo cambiar de vida. El emprendimiento apareció después, cuando empezaron a entender cómo funcionaba la ciudad.

Roy se radicó en 2010 con la intención de desarrollar su carrera profesional. El jiu-jitsu era apenas una pasión que había descubierto un año antes en la Argentina: «Cuando llegué no vine con la idea de abrir una academia. Mi objetivo era construir una carrera profesional y desarrollar mi vida acá. Pero mi pasión terminó convirtiéndose en mi profesión».

La pandemia marcó un punto de inflexión. Tras obtener el cinturón negro decidió dedicarse por completo a la enseñanza y fundó Tsuna Academy, una escuela que reúne alumnos de distintas edades y nacionalidades bajo la filosofía de excelencia técnica y sentido de comunidad.
Dieguez tampoco imaginaba que Dubái terminaría siendo su destino; había vivido en Barcelona, Bérgamo, Londres y Malta. Había trabajado como tripulante de cabina, en pastelerías y hasta en un call center. Cuando perdió su empleo durante la pandemia volvió a la cocina, empezó a vender tortas desde su casa y soñaba con abrir un local en Londres.

Todo cambió cuando a su pareja le ofrecieron trabajo en Emiratos Árabes Unidos. Antes de viajar hizo una búsqueda en internet: quería saber si existía alguna panadería argentina en la ciudad. «No encontré absolutamente nada; no había medialunas, no había alfajores. En ese momento pensé: ‘Voy a ir y voy a ser la primera en hacerlo’». Así nació Ninna Bakehouse & Café.

Dubai. En la ciudad conviven residentes provenientes de más de 200 nacionalidades.

El recorrido de Marino fue diferente. Director de Usina de Ideas, el programa de emprendedores de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, viajó por primera vez a Emiratos en plena pandemia para trabajar en un proyecto vinculado con academias de fútbol argentino. Empezó a observar el mercado con ojos de emprendedor.

Descubrió que existían restaurantes que ofrecían empanadas, pero no un concepto especializado como el que había florecido en Argentina. La idea terminó convirtiéndose en Macanudas, una marca desarrollada junto con un socio egipcio enamorado de la cultura argentina.

Zubeldia llegó gracias a una oferta laboral. Empezó trabajando en hotelería y gastronomía, pasó por distintos empleos y varios años convivió con una idea que nunca terminaba de concretarse: llevar sabores argentinos a una ciudad dominada por cadenas internacionales.
En 2024 se asoció con Jorge Rivero y Pablo Denevi para transformar un pequeño proyecto de chimichurri artesanal en The Chimi, una empresa dedicada a producir empanadas, pizzas y otros clásicos argentinos, primero desde una cloud kitchen y luego con fábrica propia.

Ecosistema apto

Ante la consulta de cómo es emprender en Dubái las respuestas se parecen. Ninguno habla de fórmulas mágicas ni de oportunidades que llegan solas. Todos describen un ecosistema pensado para hacer negocios, aunque extremadamente competitivo y subrayan que esa suele ser la principal diferencia con la imagen idealizada que muchas veces existe desde la Argentina.
Los emprendedores enfatizan que Dubái obliga a desterrar un lugar común: abrir una empresa allí no significa que el negocio esté asegurado. Lo que ofrece el emirato es un marco regulatorio previsible, una administración ágil y una economía diseñada para atraer inversiones. Después, «hay que salir a ganarse cada cliente».

«Dubái es uno de los mejores lugares para emprender. Abrir una empresa es relativamente sencillo, hay poca burocracia, reglas claras y mucha transparencia. Eso permite enfocarse en hacer crecer el negocio», señala Roy.

La ciudad es muy dinámica: miles de personas llegan y se van cada año por cuestiones laborales, lo que obliga a renovar permanentemente la base de clientes. En el caso de Tsuna Academy, esa realidad implica sostener un estándar de calidad capaz de fidelizar a quienes, muchas veces, sólo permanecerán unos años en Emiratos.

La experiencia de Dieguez confirma esa sensación de velocidad permanente: «Prácticamente todos los trámites se hacen online. La relación con el gobierno, la gestión de empleados, permisos y documentación es muy ágil».

En esa combinación entre eficiencia y exigencia también pone el foco Marino. Encontró en Emiratos un Estado que estimula la actividad privada, aunque sin abaratar el costo de entrada. «No existe la misma presión impositiva que muchas veces se siente en la Argentina, pero eso no significa que sea barato ni sencillo. Las habilitaciones, las licencias comerciales, las visas y los permisos tienen costos elevados», explica.

Para él, uno de los mayores errores consiste en imaginar que Dubái funciona como un atajo. «Desde afuera existe la imagen de una ciudad llena de petrodólares, jeques y oportunidades inmediatas. Tuvimos y todavía tenemos que trabajar como si hubiéramos abierto un local en La Plata: conquistar cliente por cliente, entender el mercado, administrar los costos y mejorar todos los días», dice.

Zubeldia coincide. Después de 15 años viviendo en Emiratos, sostiene que la principal fortaleza del mercado es, al mismo tiempo, su mayor desafío. «Hay consumidores de todo el mundo viviendo en un mismo lugar. Pero simplemente abrir un negocio no es suficiente. Hay que tener una propuesta clara, diferenciarse y mantener un estándar de calidad muy alto», desarrolla.
La competencia, que implica que el consumidor tiene alternativas para casi cualquier producto o servicio, obliga a construir propuestas capaces de destacarse no solo por su origen, sino también por su calidad. En paralelo, esa misma diversidad cultural es la que abre oportunidades difíciles de encontrar en otros mercados.
Gabriela Origilia, La Nación / GDA

Adaptar, pero sin resignar

La multiculturalidad, coinciden los cuatro emprendedores argentinos, es uno de los principales activos de Dubai. Pero también obliga a abandonar cualquier receta prefabricada. Lo que funciona con un cliente europeo puede no servir con uno indio, filipino o emiratí. Adaptarse no significa resignar identidad, sino comprender que cada mercado tiene códigos propios. Ninguno de ellos buscó replicar exactamente el negocio que hubiera montado en Buenos Aires. Todos modificaron procesos, recetas, formas de comunicar o procesos comerciales. Lo hicieron, sin embargo, procurando conservar aquello que consideran el corazón de sus proyectos.

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