Evolución e impactos del conflicto en Medio Oriente

Luego de un semestre de iniciada la guerra, el escenario de shock transitorio quedó atrás

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Hace seis meses analizábamos los posibles impactos de la guerra entre EE.UU. e Irán, cuando sólo habían pasado unas pocas semanas de comenzado el conflicto. En ese momento, nos pareció oportuno tomar como punto de comparación a la guerra ocasionada por la invasión de Rusia a Ucrania, de 2022. En esta nota nos proponemos realizar una actualización de la evolución y efectos esperados del conflicto.

Introducción

En primer lugar, decíamos en marzo que la similitud más evidente entre ambas guerras, desde el punto de vista económico, era el fuerte efecto sobre el precio del petróleo. En segundo lugar, mostrábamos que una de las diferencias más evidentes entre ambos conflictos desde el punto de vista de la producción de nuestro país era, a diferencia de 2022, que no se observaban aumentos sustanciales de los precios de los commodities alimenticios. Decíamos que lo anterior implicaba un mayor deterioro esperado de los términos de intercambio de nuestro país.

Adicionalmente, observábamos que el shock sobre la situación económica de las familias parecía ser más moderado en el actual conflicto dado que, durante 2022, se habían observado aumentos fuertes y rápidos tanto en los precios de los alimentos como de los combustibles, mientras que en el actual, no se habían observado efectos sustantivos sobre los primeros. Finalmente, planteábamos los incentivos que varias potencias tenían para una resolución rápida de la guerra pero, al mismo tiempo, alertábamos sobre la posibilidad de un conflicto más duradero, un escenario que hemos visto consolidar en los últimos meses.

Petróleo

En las semanas posteriores al comienzo de las hostilidades, el petróleo Brent llegó a cotizarse en US$ 120 por barril. La incertidumbre aumentó cuando el foco del conflicto se ubicó en el estrecho de Ormuz, donde transitan una parte significativa de los embarques mundiales de hidrocarburos. Posteriormente, tras un período de alto el fuego y negociaciones, se observó una caída del precio del petróleo hasta los US$ 70 a mitad de año, un registro similar al que prevalecía antes del conflicto. Lamentablemente las negociaciones fracasaron, y las hostilidades continuaron en julio y agosto, lo que llevó al precio del petróleo a los US$ 100 por barril actuales.

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Commodities

En los últimos meses se observó una suba de magnitud en el precio de algunos commodities alimenticios, como la soja y el trigo. Estos incrementos han sido motivados por cambios en las condiciones de oferta y demanda, donde la prolongación del conflicto se combinó con factores climáticos adversos en las regiones productoras, acompañando así los incrementos de costos logísticos y de fertilizantes. En definitiva, si bien el incremento de los precios señalados contribuirá a mejorar nuestros términos de intercambio, entendemos que el efecto neto continúa siendo de signo negativo para nuestro país.

Impactos globales

El aumento de precios de los hidrocarburos es un shock de oferta que se ha consolidado, lo que está provocando presiones inflacionarias y contractivas a nivel global. En efecto, mientras que a principios de este año se esperaba que la inflación global al consumo fuese de 3,1% para 2026, actualmente se espera que se ubique en torno de 4,3%, al tiempo que para países emergentes y en desarrollo, pasaría desde un 3,9% a un 5,1% en las mismas fechas.

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Mientras tanto, el incremento de costos asociados al aumento de los hidrocarburos, llevó a una reducción no menor en las proyecciones de aumento del PIB global, desde 3,3% a principios de este año, a 3% actualmente. Es decir, la guerra ha durado lo suficiente como para que haya quedado atrás el escenario más benigno que se manejaba a comienzos de año, aquel que caracterizaba el conflicto como enteramente transitorio, con efectos concentrados en el segundo trimestre.

Tasas

Las presiones inflacionarias referidas, han llevado a que los bancos centrales realicen revisiones de su política monetaria. Si bien la Reserva Federal ha mantenido sin cambios su tasa de referencia, el BCE ya realizó un aumento de tasas en junio y en general las autoridades monetarias han adoptado un criterio más restrictivo, señalizando que no consideran al conflicto como un shock transitorio. Esto se ha reflejado en la curva de futuros de tasas de interés a plazos cortos, que pasó de ser aplanada a levemente empinada, mostrando que el mercado ha incorporado una mayor probabilidad de subas de las tasas de referencia.

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Además, las tasas largas también se han ajustado al alza, por la guerra y otros factores, llegando a máximos desde 2007 (gráfico 4), un movimiento que, de mantenerse, afectará a nuestro país, vía menor atractivo para radicar inversiones y encarecimiento el costo marginal de financiamiento del gobierno.

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Canasta de consumo

Como mencionábamos en marzo, era esperable que los precios en nuestro país se acelerasen como consecuencia del incremento del tipo de cambio de principios de año, a lo que se le sumó el efecto del aumento del petróleo, entre otros. En efecto, mientras que el IPC se ubicaba en 3,1% anual en febrero, este indicador subió a 4,55% en agosto. Algunos de los componentes del IPC asociados al conflicto que mostraron incrementos de magnitud en lo que va del año fueron la Nafta, con un 13,6% y el Gas Oil, con un 17,9%. Sin embargo, a diferencia del conflicto de 2022, no se observaron por el momento incrementos generalizados en los alimentos.

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De hecho, este componente de la canasta de consumo mostró una desaceleración de cierta importancia, y pasó de crecer 4,4% anual en febrero a 2,3% anual en agosto. Sin embargo, de mantenerse los precios actuales de la soja y el trigo, tendremos presiones para una aceleración de los precios de los alimentos. Incluso, aún sin contar con estos encarecimientos, el incremento de los combustibles viene motivando ajustes en los patrones de gasto de las familias. De hecho, un 67% de consumidores que encuestamos en agosto manifestó que el aumento del presupuesto familiar en mayor consumo de combustibles llevará a ajustes en otros gastos. Este registro, si bien es menor al 75% medido a mediados de 2022, resulta elevado.

Suma

De continuar el conflicto se consolidarán presiones contractivas e inflacionarias a nivel global, que tendrán ciertos efectos sobre nuestro país. Por un lado, el reciente aumento de precios de los commodities alimenticios es un aspecto positivo a resaltar para el sector agroexportador; sin embargo, la prolongación de la guerra implicará transitar un escenario más desfavorable al correspondiente a un shock puntual o transitorio, vía cierto deterioro de los términos de intercambio, eventuales aumentos de costos de financiamiento, encarecimiento de costos de producción y de ciertos bienes básicos de la canasta de consumo.

-Alejandro Cavallo, Director Consultoría Económica en Equipos Consultores

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