El sonido empezó a gestarse lejos de los grandes escenarios, en una ciudad donde, para tocar, había que inventarse un lugar. Allí, en Tacuarembó, Natalia Soboredo y Federico Cáceres decidieron que si no había espacio para su música —y para la de otros— lo crearían ellos mismos. Así nació Tacuanoise, un festival de música independiente autogestionado hecho de amistad y terquedad, que va por su sexta edición.
Este 24 de agosto, el corazón de la movida latirá por primera vez lejos de casa. Montevideo será la sede de una noche donde se mezclarán la energía del interior, la potencia de la capital y un guiño al otro lado del río. “Es como llevar un pedacito de tierra para la gente de acá que vive allá”, dice Soboredo en charla con Domingo.
No es casual que la propuesta haya nacido en Tacuarembó, departamento que carga con la fama —bien ganada— de ser cuna musical. De allí salieron voces y guitarras que marcaron la historia uruguaya, desde Carlos Gardel —mito entre dos orillas— hasta figuras del calibre de Carlos Benavides, Eduardo Larbanois, Numa Moraes y Eduardo Darnauchans.
La mudanza temporal a Montevideo no es un abandono de raíces. Al contrario, es un acto de proyección. “Es como dice un amigo: ‘el tacuaverso se está expandiendo’. Y ser parte de eso nos hace felices”, anota Cáceres, quien además integra dos de las bandas fijas en el festival.
En un país donde muchos jóvenes del interior se ven obligados a partir hacia la capital por múltiples razones, Soboredo y Cáceres eligieron quedarse y apostar por su tierra. “Queremos que cualquier gurí que sueñe con tener una banda sepa que hay un escenario para él. Que no tenga que esperar años para que lo inviten a tocar”, dice Soboredo quien es vocalista de la banda Julia Lunar. Y complementa: "También es una forma de abrazar nuestras raíces, porque de chicos quizá renegábamos un poco de Tacuarembó, pero elegimos quedarnos y hacer que las cosas pasen acá".
En sus ediciones anteriores, la cita ya había tendido puentes: un ómnibus viajó desde Montevideo para la quinta entrega; bandas de Buenos Aires cruzaron el charco para tocar en el norte uruguayo; amistades forjadas en escenarios montevideanos llegaron al interior para compartir público. La sexta edición promete reforzar esa cartografía afectiva y musical.
Más allá del espectáculo, para sus organizadores, esta plataforma es una declaración de principios: demostrar que desde el interior se puede producir música, que las escenas no nacen sólo en las capitales y que la autogestión, lejos de ser un plan B, puede ser un motor creativo.
En este viaje, las bandas de la dupla organizadora —Incluso si es un susurro soviético y Julia Lunar— son fijas en la grilla, pero no están solas. La selección de artistas responde tanto a la admiración como a la afinidad en la forma de trabajar. Este año, el cartel incluye a El Nota, desde Argentina, Julen y la Gente Sola, Niño Gutiérre, Solo Bueno, Excelentes Nadadores, Atropelló, Mató y Huyó, DJ Gorda Mala y el estreno de una reeedición del documental Las Criaturas del Pantano, sobre la escena alternativa de los 90 en Uruguay.
Las actividades empiezan a las 16.00 del domingo en la Sala Rincón (Rincón, 732). Las entradas están a la venta en Redtickets.
Crear la nostalgia del futuro
Tacuanoise no se define sólo por quién toca. Sus afiches, diseñados por Gabriel Ameijenda, son pequeñas piezas de culto. Cada edición rinde homenaje a portadas icónicas —de Sonic Youth a Joy Division— reinterpretadas con símbolos de la cultura uruguaya y guiños a figuras como Darnauchans, a quien el festival homenajeó con un compilado de 27 versiones de sus canciones, titulado Post Darno. Para esta sexta edición, la inspiración fue la banana de la tapa del emblemático disco de Velvet Underground, acá reemplazada por una bombilla de mate.
Por otro lado, la fecha elegida para el debut montevideano no es casual. La Noche de la Nostalgia, con su carga de evocaciones musicales, dialoga con el espíritu del festival: construir hoy los recuerdos que algún día serán añorados. “Sentimos que estamos creando nuestra propia nostalgia para el futuro”, dice Soboredo.
Y lo hacen en un presente donde la música independiente ha ganado espacio, pero aún necesita de iniciativas como esta para visibilizarse.
"A los jóvenes les dijimos que si tienen ganas de hacer música que la hagan, nunca es tarde. Y que no esperen por nada, que se larguen, porque así surgen las cosas", apunta el vocalista de Incluso si es un susurro soviético.
El futuro del Tacuanoise incluye, auguran sus organizadores, un desembarco en Buenos Aires y más ediciones “pocket” que permitan sumar artistas en cualquier momento del año. Pero, ante todo, su corazón seguirá latiendo en Tacuarembó. Porque todo lo que pasa en el escenario termina volviendo a ese norte que aprendieron a mirar con otros ojos, el mismo que ahora vibra con otros sonidos rumbo a un futuro que, poco a poco, ya se está escribiendo.
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