Por qué las mujeres sufren más lesiones de rodilla: causas y claves para prevenir daños en el ligamento

Especialistas explican que el mayor riesgo de lesiones de rodilla en mujeres responde a factores anatómicos, hormonales y de movimiento, y detallan medidas para mejorar la estabilidad y prevenir daños.

Una mujer sosteniendo su pierna.
Una mujer sosteniendo su pierna.
Foto: Freepik

Las mujeres presentan entre dos y ocho veces más riesgo de sufrir lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA) que los hombres, especialmente en actividades que implican giros o cambios bruscos de dirección. Sin embargo, esta diferencia no responde a una supuesta debilidad, sino a una combinación de factores propios del cuerpo y su funcionamiento.

Durante años, el dolor de rodilla en mujeres fue asociado a la idea de “rodillas más débiles”. Hoy, la evidencia científica señala que estas molestias —al subir escaleras, iniciar actividad física o realizar tareas cotidianas— están vinculadas a características anatómicas, patrones de movimiento y variaciones hormonales.

El ortopedista Carlos Suárez Ahedo, especialista en cirugía de cadera y rodilla, explica que comprender estas diferencias permite abordar mejor la prevención y el cuidado de la articulación.

Factores que influyen en el riesgo de lesión

Uno de los principales factores es anatómico. En promedio, las mujeres tienen una pelvis más ancha, lo que modifica la alineación entre la cadera y la rodilla, conocida como ángulo Q. Esto hace que la rodilla tienda a desplazarse levemente hacia adentro durante el movimiento, aumentando la tensión sobre los ligamentos.

Lesión de rodilla
Mujer con lesión de rodilla.
Foto: Freepik.

También influyen los patrones de activación muscular. Según el especialista, muchas mujeres tienden a activar más el cuádriceps (parte frontal del muslo) y menos los isquiotibiales (parte posterior). Cuando no existe equilibrio entre estos grupos musculares, la rodilla puede quedar menos protegida. Esta situación puede agravarse si los músculos de la cadera y los glúteos no tienen suficiente fuerza.

El componente hormonal es otro aspecto relevante. Las variaciones de estrógeno a lo largo del ciclo menstrual pueden generar mayor elasticidad en los ligamentos en determinados momentos, lo que puede disminuir temporalmente la estabilidad de la articulación frente a esfuerzos intensos.

Claves para prevenir lesiones

El especialista señala que es posible reducir el riesgo a través de medidas concretas aplicables en la rutina diaria. Entre ellas, destaca la importancia de un entrenamiento de fuerza equilibrado que trabaje tanto la parte frontal como posterior del muslo, además de la cadera.

También recomienda fortalecer glúteos y abdomen, ya que estos músculos contribuyen a la estabilidad corporal y al control del movimiento.

En la vida cotidiana, sugiere prestar atención a la forma de moverse, especialmente al subir o bajar escaleras o al levantar objetos, evitando que la rodilla se desplace hacia adentro.

Por último, incorporar ejercicios de equilibrio y coordinación —como sostenerse en un pie o realizar movimientos controlados— puede mejorar la respuesta del cuerpo ante cambios inesperados.

Comprender estos factores permite adoptar estrategias preventivas y reducir la probabilidad de lesiones a lo largo del tiempo.

En base a El Comercio/GDA

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