Pocas veces tomamos consciencia de lo maravillosos que son algunos mecanismos cotidianos: hablar, comer, respirar. Células, tejidos y órganos trabajan en una sincronía perfecta que nos hace creer que no podría ser de otro modo. Pero sí, podría. Janett Tourn lo sabe: lo que empezó como un carcinoma de lengua localizado terminó en cinco cirugías, reconstrucciones de lengua y mandíbula, y la imposibilidad de hablar y comer como antes.
“Sostenemos funciones cotidianas de forma natural. No somos conscientes de cómo se mueve la lengua y cómo tragamos. Eso me maravilla; pensar en todo lo que tengo que hacer hoy para sostener una actividad tan corriente como el comer”, expresó. Su experiencia —marcada por los hospitales, pero también por el yoga y el amor— es un ejemplo de resiliencia, aceptación y fortaleza.
Entre tumores, problemas y soluciones
De acuerdo con los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) —la agencia nacional de investigación médica de los Estados Unidos—, el cáncer de la cavidad oral, excluyendo el cáncer de piel no melanoma, es el carcinoma más común de cabeza y cuello. Tourn recibió el diagnóstico en 2016, con un pronóstico favorable: era curable mediante cirugía y posterior radioterapia.
“Era un tumor pequeño, localizado y fácilmente extraíble”, contó y agregó que la intervención no le generó ninguna consecuencia para hablar ni para deglutir. El problema llegó un año después, cuando los estudios médicos mostraron que el procedimiento no había sido realmente efectivo.
Viajó a San Pablo en busca de soluciones. Allí le detectaron dos tumores en la lengua y le indicaron cirugía y radioterapia; esta vez, con extracción de una parte de la lengua y su posterior reconstrucción. “Era un diagnóstico bastante fuerte”, recordó. Una amiga impulsó la recaudación de fondos para costear los tratamientos y la movilización de gente fue “enorme”.
La intervención fue larga y complicada, pero dio buenos resultados. Despertó con una sonda nasogástrica para alimentarse —de lo contrario, había riesgo de asfixia y de llevar la comida a los pulmones— y una traqueotomía para respirar. Sin embargo, siguió avanzando, firme, pero segura: “No soy fácil de derribar. Eso no significa que no sintiera temor y angustia, pero nunca me deprimí. La confianza siempre estuvo presente”.
Su esposo siempre estuvo a su lado, y también la acompañaron sus amigos y familiares a través de mensajes de apoyo. Además, contó que una imagen que la sostuvo durante ese tiempo fue la de su papá, que había fallecido cuando ella era bebé. Volvió a respirar por su cuenta y recuperó el habla con ayuda de una fonoaudióloga, aunque no era igual que antes. La deglución era lo más complicado; tuvo que adaptarse a una dieta basada en alimentos líquidos o semisólidos.
De pronto, en 2018, la situación volvió a agravarse tras una necrosis mandibular —afección grave donde el hueso de la mandíbula muere y queda expuesto—, que resultó, según explicó, de los tratamientos de radioterapia. Como no fue posible revertirla, volvió a San Pablo para una nueva cirugía de más de 20 horas. No solo hubo que hacer la reconstrucción de la lengua, que ya se había hecho, sino también de la mandíbula, extrayendo el peroné de una de sus piernas.
De nuevo, las consecuencias más “pesadas” fueron a nivel de la alimentación. “A veces como algo un poco más sólido, pero siempre está acompañado de una sopa espesa o algo que me ayude a hacer el trabajo que hacía la lengua”, explicó. Y agregó: “El mero acto de comer me incomoda, y mucho se desarrolla alrededor de la comida. Por eso, cuando salgo, trato de comer antes o solo tomar algo y comer después. Son estrategias que busco para estar lo más cómoda posible”.
El poder del yoga y la creatividad
Este camino fue un antes y un después para Tourn: “Fue una hecatombe; un proceso que me conectó con la fragilidad de la vida. Parece que la muerte siempre es de los demás, pero en realidad no es así. Hoy no le tengo miedo, pero amo la vida y quiero vivir”.
Uno de los pilares que la sostuvo desde el principio fue la conexión con su respiración, que incorporó gracias al yoga. Empezó a practicar esta disciplina en 1993 y se formó como instructora cinco años más tarde. Aprendió, sobre todo, a calmar la ansiedad a través de la respiración. En las resonancias, por ejemplo, respiraba conscientemente y practicaba mentalmente el saludo al sol —secuencia con posturas de yoga específicas—, e incluso en una de estas pruebas se calmó tanto que se durmió.
En febrero de este año dio clases de yoga gratuitas en el Jardín Botánico de Montevideo y ahora planea, con una amiga, comenzar nuevos talleres mensuales para seguir practicando esta disciplina y transmitirla a otros.
Otro de los pilares en este camino es continuar ejerciendo como docente de Filosofía en el Instituto de Profesores Artigas (IPA). El 25 de abril brindará un encuentro que combina filosofía, creatividad y movimiento llamado ‘La potencia de la vida: ¿Cuánto puede? ¿Cuánto podemos?’. Lo hará junto a Nancy Gini —ambas son profesoras de filosofía y están formadas en expresión corporal— de 9 a 17:30 horas en Artilleros, Colonia, y el aporte sugerido es de $ 500 (las inscripciones se hacen a través del correo electrónico jantourn@gmail.com).
También organiza junto a otra docente el espacio gratuito ‘¿Resistir a la barbarie?’, un grupo de discusión para imaginar futuros posibles a partir del libro Austeridad o barbarie de Mauricio Lima. Será los jueves de mayo de 18 a 20 horas en las instalaciones de la Iglesia Evangélica Valdense de Montevideo.
Janett recibe tratamiento de inmunoterapia —por una lesión que apareció el año pasado y tras la que se sometió nuevamente a cirugía—, pero continúa soñando y creando. “La creatividad salva. Generar, proponer, inventar. No es que lo haga para salvarme, pero entiendo que lo hace. Me da la adrenalina para vivir”, finalizó.