Abrir la ventana para ventilar o mantenerla cerrada para que no entre polvo: en muchas ciudades, esa decisión se volvió parte de la rutina diaria. Las obras de construcción avanzan a toda velocidad y, con ellas, también aumentan las molestias vinculadas al polvo que se acumula dentro de las casas. Pero especialistas advierten que no se trata solo de un problema de limpieza: las partículas suspendidas pueden afectar la salud respiratoria, cardiovascular e incluso la calidad del sueño.
El polvo de obra contiene restos de cemento, tierra, minerales y, en algunos casos, sustancias más riesgosas como sílice o metales pesados. Las partículas más grandes suelen causar irritación en ojos, nariz y garganta, pero las más pequeñas —imperceptibles a simple vista— son las que generan mayor preocupación. Algunas pueden llegar hasta los pulmones e incluso ingresar al torrente sanguíneo.
Según médicos y neumólogos consultados por medios especializados, la exposición prolongada puede provocar alergias persistentes, congestión nasal, tos, irritación ocular y empeorar enfermedades como asma o EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). También existen investigaciones que vinculan la inhalación constante de partículas finas con inflamación crónica, problemas cardiovasculares y deterioro cognitivo.
El problema se vuelve más complejo dentro del hogar. A diferencia del exterior, donde el aire dispersa parte del material, en ambientes cerrados el polvo queda atrapado en cortinas, alfombras, colchones y muebles. Cada vez que alguien camina, sacude una sábana o mueve una tela, las partículas vuelven al aire y se inhalan nuevamente.
Los grupos más vulnerables son niños, adultos mayores, personas con enfermedades respiratorias y trabajadores de construcción. En los niños, por ejemplo, la exposición constante puede afectar el desarrollo pulmonar, mientras que en adultos mayores puede agravar patologías cardíacas o respiratorias preexistentes.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan algunas medidas simples para reducir la exposición en casa:
- Limpiar con paños húmedos o trapeadores de microfibra, evitando barrer en seco.
- Ventilar solo en horarios donde la obra esté detenida.
- Usar purificadores con filtro HEPA si es posible.
- Sellar rendijas de puertas y ventanas.
- Lavar con frecuencia sábanas, cortinas y textiles.
- Utilizar mascarillas N95 o KN95 en momentos de mayor concentración de polvo.
Aunque muchas veces se naturaliza convivir con obras y escombros, expertos advierten que la exposición diaria al polvo de construcción puede convertirse en un problema de salud silencioso, especialmente cuando se prolonga durante meses o años.
Con base en El Comercio/GDA
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