Menos pensamientos negativos, mejor presión arterial y más: conocé los beneficios de pasear en la naturaleza

Qué le pasa al cerebro al pasar tiempo en espacios verdes para combatir la ansiedad: investigaciones científicas confirman el impacto de la naturaleza en la salud mental.

Naturaleza
Mujer relajada en la naturaleza.
Foto: Freepik.

Durante años, escritores y filósofos hablaron del efecto reparador de la naturaleza casi como una intuición poética. Hoy, esa idea empezó a encontrar respaldo científico. Diversas investigaciones concluyen que caminar entre árboles, escuchar sonidos naturales o incluso percibir ciertos aromas puede generar cambios concretos en el cerebro y el organismo.

Estudios recientes realizados por universidades de Europa, América y Asia detectaron que pasar tiempo en espacios verdes ayuda a disminuir el estrés, mejorar el descanso y reducir pensamientos repetitivos asociados con la ansiedad. Según los investigadores, el contacto frecuente con entornos naturales activa patrones cerebrales vinculados con la relajación y la recuperación mental.

Uno de los hallazgos más citados señala que una caminata de 90 minutos en un parque o bosque puede reducir la rumiación mental, es decir, esa tendencia a quedarse atrapado en preocupaciones o pensamientos negativos. Curiosamente, el mismo efecto no apareció en personas que hicieron el recorrido en zonas urbanas.

Los especialistas sostienen además que no hacen falta largas excursiones para notar beneficios. Permanecer entre ocho y quince minutos al aire libre ya puede producir cambios fisiológicos relacionados con la disminución del cortisol, la hormona asociada al estrés.

Felicidad, libertad, naturaleza
Mujer abre los brazos en señal de libertad.
Foto: Freepik.

La naturaleza también influye a través de los sentidos. Investigaciones japonesas analizaron el impacto de los llamados “baños de bosque”, una práctica que consiste en recorrer espacios naturales de manera consciente y pausada. Los resultados mostraron descensos en la presión arterial, la frecuencia cardíaca y los niveles de tensión.

Los aromas naturales también fueron objeto de estudio. El perfume de flores como las rosas y plantas como la lavanda mostró efectos positivos sobre la relajación y la calidad del sueño. Otros trabajos científicos encontraron que compuestos liberados por árboles como pinos y cipreses podrían estimular mecanismos de defensa del organismo.

Incluso los sonidos del entorno natural parecen tener un efecto diferente al ruido urbano. El canto de las aves, el agua en movimiento o el viento entre los árboles son percibidos por el cerebro como estímulos restauradores y ayudan a acelerar la recuperación después de situaciones de estrés.

Leyendo naturaleza
Mujer leyendo en un bosque.
Foto: Freepik.

Los investigadores advierten que el impacto no se limita a los adultos. Diversos especialistas en educación y desarrollo infantil sostienen que el contacto cotidiano con espacios verdes favorece la creatividad, la regulación emocional y la capacidad de atención en niños y adolescentes.

Además de caminar o pasar tiempo en parques, otras actividades simples como la jardinería también demostraron beneficios emocionales. Estudios realizados en Japón observaron que trabajar con plantas y tierra puede disminuir síntomas de ansiedad y mejorar el bienestar psicológico.

A partir de estos resultados, cada vez más profesionales comenzaron a considerar el contacto con la naturaleza como una herramienta complementaria para el manejo del estrés y el cuidado de la salud mental. Más allá de la tecnología y el ritmo acelerado de la vida cotidiana, los especialistas coinciden en que recuperar momentos de conexión con el entorno natural puede convertirse en un hábito sencillo con efectos positivos sobre el cuerpo y la mente.

Con base en El Tiempo/GDA

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