Inflamación abdominal después de comer, exceso de gases, diarrea que alterna con constipación y una sensación persistente de malestar digestivo. Para muchas personas, estos síntomas se vuelven parte de la rutina durante meses o incluso años sin obtener respuestas claras. En ese contexto, cada vez más pacientes llegan al consultorio hablando de dos trastornos que ganaron visibilidad en los últimos años: el SIBO y el IMO.
Ambas condiciones están relacionadas con alteraciones en los microorganismos que habitan el intestino, aunque presentan diferencias importantes. El SIBO —sigla en inglés de “sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado”— ocurre cuando bacterias que normalmente viven en el colon migran hacia el intestino delgado y comienzan a fermentar los alimentos antes de tiempo.
Esa fermentación prematura genera gases, distensión abdominal y alteraciones digestivas. En el caso del IMO, el mecanismo es similar, pero los microorganismos involucrados no son bacterias, sino arqueas productoras de metano, un detalle que modifica tanto los síntomas como el tratamiento.
Cómo diferenciar el SIBO del IMO
Los especialistas explican que el tipo de gas producido suele marcar la diferencia clínica entre ambos cuadros. El gastroenterólogo Facundo Pereyra señala que el SIBO suele asociarse más frecuentemente con diarrea, ya que el hidrógeno generado durante la fermentación irrita el intestino. En cambio, el IMO se vincula sobre todo con constipación, debido al efecto del metano sobre el tránsito intestinal.
Además de los síntomas digestivos clásicos, algunos pacientes pueden desarrollar problemas asociados a la mala absorción de nutrientes, como déficit de vitamina B12, anemia o falta de hierro.
La médica funcional Florencia Raele agrega que, en cuadros prolongados, también pueden aparecer otras manifestaciones como irritaciones cutáneas, infecciones urinarias recurrentes, molestias ginecológicas o alteraciones hormonales vinculadas a déficits nutricionales.
Durante años, muchas personas con síntomas compatibles con SIBO o IMO fueron diagnosticadas simplemente con síndrome de intestino irritable. La similitud entre los síntomas dificulta la diferenciación, ya que ambos cuadros pueden incluir dolor abdominal, hinchazón, gases y cambios en el ritmo evacuatorio.
Los especialistas advierten que, en algunos casos, el diagnóstico de colon irritable puede ocultar un sobrecrecimiento bacteriano. Sin embargo, también explican que ambas condiciones pueden coexistir y potenciarse mutuamente.
Los expertos identifican varios factores que aumentan la predisposición a desarrollar estas alteraciones intestinales:
- Diabetes.
- Hipotiroidismo.
- Estrés crónico.
- Constipación frecuente.
- Uso prolongado de omeprazol.
- Cirugías abdominales previas.
- Trastornos de motilidad intestinal.
También se consideran factores asociados ciertos antecedentes desde etapas tempranas de la vida, como el uso repetido de antibióticos, la ausencia de lactancia materna o el nacimiento por cesárea.
La herramienta más utilizada es el test de aliento, un estudio no invasivo que mide los gases producidos tras ingerir una solución específica. Si el paciente presenta niveles elevados de hidrógeno, puede sugerir SIBO; cuando predominan los niveles de metano, el diagnóstico apunta más hacia IMO.
Sin embargo, los especialistas aclaran que estos estudios no son perfectos y pueden arrojar falsos positivos, por lo que el diagnóstico debe interpretarse junto con la historia clínica y los síntomas de cada persona.
Los expertos coinciden en un punto central: ni el SIBO ni el IMO deben tratarse mediante automedicación o consejos obtenidos en redes sociales. La evaluación médica sigue siendo clave para identificar el origen de los síntomas y definir el tratamiento adecuado en cada caso.
Con base en El Tiempo/GDA