El hombro congelado, también conocido como capsulitis adhesiva, es una afección que puede convertir movimientos simples —como vestirse, levantar el brazo o dormir de costado— en actividades dolorosas. Aunque suele aparecer después de los 40 años y afecta especialmente a mujeres y personas con diabetes, todavía no existe una causa única que explique por qué se desarrolla.
La condición se produce por cambios en los tejidos que rodean la articulación del hombro. Esa zona comienza a endurecerse e inflamarse, lo que limita progresivamente el movimiento y genera dolor. Según distintos estudios, entre el 8% y el 10% de la población adulta puede atravesar este problema, con mayor frecuencia en personas mayores de 60 años.
La evolución del hombro congelado suele dividirse en tres etapas. Primero aparece una fase dolorosa, en la que el movimiento empieza a reducirse. Luego llega el período de mayor rigidez, cuando incluso tareas cotidianas pueden resultar difíciles. Finalmente, en algunos casos se inicia una recuperación gradual de la movilidad.
Sin embargo, los especialistas advierten que no todas las personas atraviesan estas etapas de la misma manera. Algunas mejoran antes de lo esperado y otras continúan con molestias durante años.
Investigaciones recientes muestran que, aunque la mayoría de los pacientes logra cierta recuperación, muchas personas mantienen limitaciones de movimiento o dolor persistente incluso dos años después del inicio del cuadro. También es frecuente que aparezcan problemas para dormir debido a la incomodidad en el hombro afectado.
Existen algunos factores asociados a una mayor probabilidad de desarrollar capsulitis adhesiva: mujeres, especialmente durante la menopausia; personas con diabetes; adultos mayores; o pacientes con colesterol elevado o trastornos tiroideos. En el caso de la diabetes, el riesgo puede multiplicarse varias veces y los síntomas suelen ser más intensos. Además, algunos estudios sugieren que podrían existir componentes genéticos vinculados a esta afección.
El abordaje depende de cada caso y del nivel de dolor o rigidez. Entre las opciones más frecuentes aparecen medicamentos con corticosteroides para aliviar el dolor en el corto plazo, infiltraciones en la articulación, fisioterapia y ejercicios de movilidad, y rutinas de rehabilitación realizadas en el hogar. Los especialistas señalan que la fisioterapia puede ayudar especialmente cuando se combina con ejercicios constantes y tratamiento médico.
En situaciones más severas también se utilizan procedimientos quirúrgicos. Uno de ellos consiste en movilizar el hombro bajo anestesia para reducir la rigidez. Otro, llamado liberación capsular artroscópica, elimina parte del tejido endurecido mediante cirugía mínimamente invasiva. De todos modos, los estudios indican que estas intervenciones no siempre muestran mejores resultados que los tratamientos conservadores a largo plazo y requieren rehabilitación posterior.
Aunque el dolor suele llevar a evitar ciertos movimientos, los especialistas remarcan que la actividad física y los ejercicios adecuados pueden ayudar a mejorar la movilidad y disminuir las molestias. Por eso, ante síntomas persistentes de rigidez o dolor en el hombro, recomiendan consultar con profesionales para descartar otras lesiones y definir el tratamiento más apropiado según cada situación.
Con base en El Tiempo/GDA
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