La sal está presente en casi todas las comidas, muchas veces sin que lo notemos. Sin embargo, su consumo excesivo mantiene una relación directa con el aumento de la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. Sobre este vínculo habló el cardiólogo Jorge Tartaglione, quien explicó cómo actúa el sodio en el organismo, desmontó algunos mitos habituales y dio claves sencillas para reducir su consumo diario.
Según el especialista, el efecto de la sal sobre la presión tiene una explicación fisiológica clara: cuando se ingiere sodio en exceso, el cuerpo retiene líquidos, lo que aumenta el volumen de sangre y, en consecuencia, la presión arterial. En ese sentido, aclaró que el problema no es la sal como condimento, sino el sodio que contiene.
¿Hay sales más saludables que otras?
Uno de los mitos más extendidos es que ciertas variedades serían mejores para el corazón. Tartaglione fue contundente al respecto: no existen diferencias significativas entre la sal común, la sal marina, la sal en escamas o la llamada sal del Himalaya. Todas contienen sodio y generan el mismo impacto sobre la presión arterial cuando se consumen en exceso.
Para quienes buscan bajar su consumo, el cardiólogo recomendó recurrir a alternativas que aporten gusto sin sumar sodio. Especias como la pimienta o el comino permiten realzar los platos y pueden usarse con mayor libertad. También sugirió prestar atención a los productos que se compran, ya que muchas veces la diferencia no está en la sal en sí, sino en el marketing que la rodea.
Otro punto central es reeducar el paladar. Acostumbrarse de a poco a sabores menos salados permite disfrutar de los alimentos sin necesidad de agregar sal extra. En distintas culturas, incluso, la alimentación cotidiana prescinde casi por completo de este condimento.
En preparaciones como las carnes, una estrategia es limitar el uso de sal y concentrarla en sectores específicos, como la parte grasa, que potencia el sabor y reduce la cantidad total necesaria. A esto se suma la importancia de moderar el consumo de alimentos ultraprocesados, que suelen concentrar grandes cantidades de sodio oculto.
No se trata de eliminar la sal por completo, sino de aprender a usarla con medida. Incorporar pequeños cambios sostenidos en el tiempo puede marcar una diferencia significativa en el cuidado de la presión arterial y de la salud cardiovascular en general.
Con base en La Nación/GDA