Redacción El País
Un estudio de seguimiento realizado durante tres décadas sobre más de cinco mil adultos sanos reveló que el riesgo de infarto en los hombres comienza a aumentar de manera significativa a partir de los 35 años. El hallazgo desafía la idea extendida de que las enfermedades cardiovasculares aparecen recién en la vejez y refuerza la importancia de la prevención temprana.
Un infarto ocurre cuando una parte del músculo cardíaco deja de recibir suficiente oxígeno debido a la reducción o interrupción del flujo sanguíneo, generalmente provocada por el bloqueo de una arteria coronaria. Esta falta de irrigación puede causar la muerte del tejido cardíaco y requiere atención médica inmediata para evitar daños irreversibles o consecuencias fatales.
El punto de inflexión en el riesgo cardiovascular masculino
La investigación observó que, a partir de los 35 años, las trayectorias de salud cardiovascular de hombres y mujeres comienzan a diferenciarse. En los varones, el deterioro de las arterias aparece de forma más temprana, lo que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedad coronaria, principal causa de los infartos.
Los autores del estudio explican que las enfermedades del corazón no surgen de manera repentina, sino que se desarrollan a lo largo de décadas. Los primeros signos pueden estar presentes incluso en adultos jóvenes, aunque pasen desapercibidos durante años.
El análisis mostró que los hombres alcanzan un riesgo cardiovascular del 5 % alrededor de los 50 años, mientras que las mujeres lo hacen varios años más tarde, cerca de los 57. En el caso de la enfermedad coronaria, los varones cruzan los umbrales de riesgo casi una década antes.
En cambio, no se detectaron diferencias marcadas entre hombres y mujeres en el riesgo de accidente cerebrovascular en las edades evaluadas. Sí se observaron brechas más notorias en la insuficiencia cardíaca, especialmente en etapas más avanzadas de la vida.
Prevención temprana: claves desde la adultez joven
Los investigadores coinciden en que la prevención cardiovascular debería comenzar entre los 30 y 35 años, especialmente en los hombres. Entre las medidas más importantes se destacan el control periódico de la presión arterial y el colesterol, la actividad física regular, una alimentación equilibrada, evitar el tabaquismo y manejar el estrés.
La detección precoz y el control sostenido de los factores de riesgo permiten retrasar el desarrollo de la enfermedad coronaria y reducir de forma significativa la probabilidad de sufrir un infarto en etapas posteriores de la vida. La salud del corazón no depende solo de la edad, sino de los hábitos que se construyen mucho antes.
Con base en El Universal/GDA