Cuánta proteína debo consumir por día, según Harvard: lo que realmente importa más allá de la cantidad

¿Estamos obsesionados con la proteína? Lo que la ciencia dice sobre el exceso, los riesgos y por qué la calidad de lo que comés importa más que solo contar gramos.

Proteínas.jpg
Alimentos ricos en proteínas.
Foto: Freepik.

En medio del auge de dietas hiperproteicas y productos altos en proteínas, este nutriente parece haberse convertido en una estrella. Sin embargo, detrás de esa popularidad hay una realidad más matizada: aunque es fundamental para el organismo, no siempre más significa mejor.

La proteína cumple funciones esenciales. Es clave para formar y reparar tejidos, producir enzimas y anticuerpos, y sostener estructuras como el músculo, la sangre o el cabello. No por nada su nombre proviene del griego protos, que significa “primero”. Aun así, las recomendaciones básicas siguen siendo relativamente moderadas.

Según Harvard Health Publishing, La ingesta diaria recomendada establece un consumo de 0,8 gramos de proteína por kilo de peso corporal. Este valor no apunta a maximizar resultados físicos ni rendimiento, sino a cubrir las necesidades mínimas del cuerpo para mantenerse saludable. Es, en otras palabras, el piso necesario para evitar deficiencias.

Huevos.jpg
Los huevos tienen muchas proteínas.
Foto: Pixabay.

Esa cifra puede traducirse en ejemplos concretos: una mujer de 50 años, sedentaria y con un peso de 63 kilos, necesitaría unos 53 gramos diarios. En etapas como el embarazo, en cambio, las necesidades aumentan de forma significativa, con recomendaciones que van de 75 a 100 gramos por día.

Ahora bien, en la práctica, muchas personas consumen más proteína de la que indica ese mínimo. En promedio, representa cerca del 16% de las calorías diarias, por encima del 10% que cubriría la recomendación básica. ¿Es un problema? No necesariamente. En algunos casos, un consumo mayor puede ayudar a preservar la masa muscular y la fuerza, especialmente en personas activas.

También influye cómo se incorpora en la rutina: distribuir la proteína a lo largo del día —en lugar de concentrarla en una sola comida— podría mejorar su aprovechamiento. Sin embargo, cuando se trata de beneficios más amplios, como la pérdida de peso o la salud cardiovascular, la evidencia sigue siendo poco concluyente.

Proteínas.jpg
Alimentos ricos en proteínas.
Foto: CCNull.

Por eso, en los últimos años, el foco empezó a correrse de la cantidad hacia la calidad. Más que contar gramos, la recomendación es mirar el conjunto: qué alimentos aportan esa proteína y con qué otros nutrientes vienen.

Este enfoque, conocido como el “paquete proteico”, pone el acento en el contexto. No es lo mismo obtener proteína de carnes procesadas que de legumbres, frutos secos o pescado. Mientras algunos alimentos pueden sumar grasas saturadas o ingredientes poco saludables, otros aportan fibra, vitaminas y minerales que mejoran el perfil nutricional general.

En esa línea, incorporar más pescado puede ser una estrategia positiva, mientras que aumentar el consumo de carnes rojas —y especialmente procesadas— no resulta recomendable. También es importante tener en cuenta que, si se incrementa la ingesta de proteína, necesariamente se reduce la de otros alimentos. Y esa elección puede marcar la diferencia.

La proteína es indispensable, pero no es una solución mágica. Las dietas altas en este nutriente pueden tener beneficios en ciertos casos, pero no garantizan resultados por sí solas. Más que obsesionarse con sumar proteína, la clave está en construir una alimentación equilibrada, variada y de buena calidad. Porque, en nutrición, el todo pesa más que la suma de sus partes.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Alimentación consciente

Te puede interesar