Patricia Bullrich, actual senadora del oficialismo en Argentina y exministra de Seguridad Nacional del país vecino hasta hace pocos meses, visitará Uruguay a partir del día de mañana para participar de la conferencia "Uruguay, futuro y jóvenes: desafíos actuales", organizada por la Fundación Manantiales, que se desarrollará en el piso 40 del World Trade Center (WTC).
En el marco de su visita a Montevideo, una de las figuras políticas más relevantes del gobierno de Javier Milei, y que antes también fue uno de los pilares del movimiento político liderado por Mauricio Macri, incluso compitiendo contra el hoy presidente en las últimas elecciones nacionales, habló en entrevista con El País sobre el combate al narcotráfico y adicciones, su visión sobre la seguridad pública nacional y el impacto de la legalización de la marihuana, y se refirió a los principales temas de la agenda política en la vecina orilla.
—¿A qué se debe su regreso a Uruguay?
—Me invitó la Fundación Marantiales. Voy a dar una conferencia sobre narcotráfico, la forma de combatir a las organizaciones criminales, y la manera en que hay que encarar el problema. También quiero hablar de un tema que le preocupa mucho a la sociedad y también a la Fundación, que es cómo se llevan adelante políticas preventivas que tienen más que ver con las adicciones y con el sistema de salud, que con la represión al narcotráfico.
—¿Extraña el cargo de ministra de Seguridad Nacional?
—Diría que no, porque estuve muchos años, cuatro en el gobierno de Mauricio Macri y dos más con Javier Milei, con lo cual es un tiempo suficiente. Hice las cosas que me planteé hacer. Tuve muchos logros en números: se salvaron vidas, se bajó la tasa de homicidios, se empezó a trabajar en liberar Rosario de la toma que tenía el narcotráfico, se logró el fin de los piquetes y muchos éxitos más que plantaron de alguna manera —aunque no soy la ideal para decirlo— la "Doctrina Bullrich".
—¿Cuál es el aspecto que más le preocupaba desde el cargo de ministra?
—Desde la perspectiva de lo que se ve en el continente, lo que más me preocupaba es que el narcotráfico no se aposentara con la fuerza que lo ha hecho en otros países, y que pudiéramos realmente liberar Rosario y que eso no creciese como una mancha de aceite en todo el país. Eso fue un logro muy, muy importante.
—¿La postura del presidente Milei en materia internacional tensiona en ocasiones la gestión en materia de política de seguridad pública, con el antecedente del atentado a la AMIA, por ejemplo?
—Nosotros no unimos una cosa con la otra. Creemos que el atentado a la AMIA fue de Irán y Hezbolá que tocó a la Argentina, como hubo muchos atentados en otras partes del mundo. Es como ahora: hay objetivos en cualquier parte del mundo. Nadie se puede distraer. Fíjese todo lo que pasó en Europa. Con lo cual, no hacemos una conexión directa entre política internacional y atentado. De ninguna manera.
—¿Buenos Aires es una ciudad insegura?
—Buenos Aires cada día está más segura. Tenemos una tasa de homicidios de las más bajas de todas las ciudades de Latinoamérica y de casi toda América, sacando Canadá. La ciudad tiene un sistema de seguridad que se ve, que los ciudadanos lo sienten. Por supuesto que la seguridad siempre exige más, pero ha habido muchos avances en todo el país. Los robos bajaron 20% el año pasado y los homicidios están en 3,7 cada 100.000 habitantes, la tasa más baja de toda América del Sur.
—Siendo ministra usted planteó un enfoque de "guerra al narcotráfico". ¿Cómo es esa batalla en la práctica?
—Esa guerra sin cuartel significa que no puede haber un milímetro del territorio argentino tomado por el narcotráfico, que no se puede dejar que las guerras territoriales se lleven vidas, que haya sicariatos, que haya jóvenes que se conviertan en soldaditos de narcotráfico. Significa que el Estado de Derecho tiene que estar por encima del Estado criminal. Y eso implica, palmo a palmo, ir tomando el control del territorio con inteligencia criminal, con desarticulación de las bandas —yendo contra la conducción de estas en las cárceles— y con un patrullaje en las zonas más calientes.
—¿Qué desafíos observa con respecto al narcotráfico en la región?
—Este es un tema que vamos a discutir ahora en Uruguay y la próxima semana en Chile. Creo que ambos países están sufriendo las consecuencias de bandas, que son en general de microtráfico, con alguna infiltración de organizaciones de carácter regional, como puede ser el Tren de Aragua. Primero ahí hay que tener cooperación internacional para saber quién es cada uno y tener mucho control sobre las entradas al país. Y, segundo, hay que ser muy estricto en la desarticulación de estos grupos criminales. Nosotros dictamos una ley de antimafias, copiada del modelo de las mafias italianas. Estuvieron dos meses los italianos trabajando con nosotros.
—¿Qué impacto tiene esa ley?
—Permite no tomar cada eslabón de una cadena, de una banda, sino tomar la banda entera, y que todos vayan a tener la máxima pena que tiene el integrante con más pena de esa banda. Esto genera una erradicación, una extracción de las bandas completas. Si no viene uno y te dice, "yo lo único que hice fue transportar (droga) y no sabía". Y el otro te dice, "no, yo hice delivery". Entonces en la banda cae uno y siguen circulando como si nada. Esta ley que votó el Parlamento argentino nos permite hacer una extracción completa. Eso está dando muchos resultados en nuestro país en aquellos que empiezan a decir, bueno, no colaboro, no presto mi camión, no hago la logística, no hago infraestructura. Desarticula mucho las capacidades de las organizaciones y la misma participación. Es muy efectiva.
—¿Observa un movimiento del narcotráfico hacia Uruguay u otras zonas?
—Hay que entender que no se puede ser blando con aquellos que son sicarios, que matan, que destruyen familias, o que matan al otro para tomar territorio. Depende de con qué mirada se los combata. Yo creo que hay que ser muy estricto, hay que ser duro, porque va la vida de los jóvenes, va la vida de la gente, y en ese sentido se depende de la política que se haga. Por ejemplo, Chile en los últimos años estuvo muy mal. Ahora hay un cambio, vamos a ver si eso empieza a repercutir en la tranquilidad de los ciudadanos. Uruguay tiene que bajar su tasa de homicidios, que la tiene muy elevada. Para el país que es Uruguay no se explica esa tasa de homicidios si no es por estas bandas, porque además uno lo ve que el problema está bastante circunscripto a una zona determinada. Nosotros hicimos acá un plan teniendo en cuenta que el 90% de los homicidios se cometen en el 10% del territorio. Con eso uno puede tener mucho más focalizado hacia dónde genera la prevención y cómo se ejerce búsqueda de aquellos grupos que están concentrados en determinado lugar.
—Un problema vinculado con el narcotráfico son las adicciones. ¿Cómo se combate esta situación, sobre todo en los jóvenes?
—En Uruguay se ha legalizado la marihuana, pero tiene un nivel de consumo bajo porque tiene un THC muy bajo. Hoy en día la marihuana está al nivel de la cocaína, es decir, es mucho más fuerte de la que está legalizada. Con lo cual no sé qué porcentaje de la población utiliza el sistema legal. Entonces, eso hay que alinearlo.
—¿Alinearlo en qué sentido?
—Si uno legaliza algo que no lo consume prácticamente nadie, es una legalización que no está dando el resultado que debería dar, que es descomprimir el dinero del microtráfico. El objetivo de la legalización tiene que ver con descomprimir las bandas porque se vende en las farmacias. Me parece que eso no se ha logrado. Entonces, ahí hay que repreguntarse si esa legalización ha resultado o no, y cuál es el tipo de intervención que hay que hacer respecto al narcotráfico y a la adicción. La adicción se trata desde la salud, desde el problema que tiene la gente. El problema es que cuando la adicción es el último eslabón de la cadena narcocriminal, y la adicción no está bajo control, o no tiene políticas para sostener a las personas fuera de la adicción, esa cadena se retroalimenta.
—¿Qué la motivó a dar un giro en su carrera política de ministra bien valorada a ser después electa senadora nacional por la Ciudad de Buenos Aires?
—Se me planteó ser candidata a senadora para poder ganar la ciudad, sacamos arriba del 50% y eso nos pone en una posición de fuerza en un distrito muy estratégico. Ese fue el objetivo, y también tener en el Senado un apoyo político, una mayoría que nos permita sacar leyes, como lo hemos hecho en el último tiempo. Es decir, darle al Senado un nivel de acuerdo que nos permita tener un mayor nivel de gobernabilidad y acceder instrumentos que el gobierno necesita para seguir avanzando. Más que un giro, fue una necesidad electoral de ganar bien la ciudad de Buenos Aires y una necesidad política de ordenar el Senado.
—¿Usted ve viable que se aprueben la reforma de la ley de salud mental, fraude de pensiones por invalidez, y la reforma electoral, por nombrar algunos de los últimos pasos que dio el gobierno argentino en los últimos tiempos?
—Hay temas que van a ser más fáciles y otros más difíciles. Sin duda que la ley de salud mental es una ley esperada, y creo que se va a cambiar. Con la reforma política va a haber opiniones de todos los partidos, pero va a tener cambios, sin duda. La de pensiones la vamos a tener que pelear más. Para que una ley salga, hay que lograr acuerdos. Y esa es la tarea que me ha tocado a mí ahora, lograr esos acuerdos.
—¿Qué relación tiene hoy con Mauricio Macri?
—Hace un tiempo que no lo veo, pero bueno, yo lo valoro. Él fue presidente y me eligió a mí como ministra, así que es algo que yo valoro. Yo fui candidata presidencial por el espacio que él lidera. Faltó un poquito, pero gané unas PASO, le gané al jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta. Es decir, me legitimé socialmente y todo eso me permite una valoración social importante.
—¿Qué determinó su salida de Juntos por el Cambio?
—Creo que yo no salí de Juntos por el Cambio, sino que Juntos por el Cambio implosionó. Tuvo una interna con dos ideas muy distintas. La que yo representaba, que era una idea bien reformista, de cambio de shock. Y la idea de Rodríguez Larreta, que era mantener las cosas dentro del estatus quo. No tenía efecto societatis, porque al tener ideas tan distintas no teníamos un punto en común. Más que irme, implosionó. Yo tengo dentro del espacio en el que estoy muchísima gente de Juntos por el Cambio que me sigue especialmente dentro del cambio que la Argentina está produciendo.
—¿Para usted Manuel Adorni debe seguir en el gobierno de Milei?
—Esa es una decisión del presidente, es él quien elige al jefe de Gabinete. Esto está en el ámbito de la Justicia y ahí tiene que seguir. Esperemos que rápidamente se pueda dilucidar su conducta. Nosotros vamos a esperar a lo que diga la Justicia. Son ellos los que deciden. No somos los medios, ni la política, los que decidimos la inocencia o la culpabilidad de una persona.
—¿Qué opina de las denuncias por el caso Libra y las supuestas coimas Secretaría Nacional de Discapacidad (anteriormente Agencia Nacional de Discapacidad - ANDIS)?
—Está todo en lo mismo, en el marco de la Justicia. Siempre uno tiene que separar un poquito la verdad de la mentira, los inventos de las cosas reales, lo que hay en la causa y lo que se dice. Nosotros hemos tomado una decisión en este gobierno que es tratar de mantenernos bien lejos de las opiniones y estar mucho más ligados a los hechos. Y muchas veces los hechos hablan un idioma distinto a las opiniones. Las opiniones culpan y los hechos liberan. O las opiniones dan una razón y los hechos dan otra. Lo importante es tratar de ser muy objetivos.
—¿Entiende que se vendrá un segundo gobierno de Milei?
—Es el objetivo. Porque, de no ser así, el país puede tener una marcha atrás muy importante.
—¿Usted aspira a ser su propio "Cambiemos" o se proyecta bajo La Libertad Avanza?
—En Argentina hace mucho tiempo que, si bien hay una dispersión partidaria, hay dos polos. Uno es el polo republicano, democrático, que ha representado Mauricio Macri en su momento, que representa a Javier Milei. Otro es un polo populista, estatista, peronista, o kirchnerista, si se le quiere poner el apodo más último. Estos dos proyectos chocan, porque uno es pro-mercado, es abierto, cree en la libertad, y el otro es pro-Estado, corporativo y populista. Hoy la predominancia de la idea fuerza de la libertad la tiene La Libertad Avanza.
—¿Pero usted proyecta hacer su movimiento que lidere el "polo" en el que está, o formar parte de un movimiento que puede ser ahora más hegemónico?
—No, la hegemonía la tiene La Libertad Avanza, y eso se va ordenando, pero eso no quiere decir que no participen también otros sectores y otros partidos que puedan ser parte de ese polo. Yo creo que así se va a ordenar.
—Varios analistas le reconocen una perseverancia y versatilidad para mantenerse en la política. ¿Bullrich otra vez candidata a presidenta es una opción que está manejando?
—No, para nada. La vara para medir el éxito de un gobierno en un país con reelección es la reelección del presidente. Así que yo voy a apoyar la reelección del presidente Milei con toda mi fuerza.