Un dolor de cabeza que empeora al estar de pie y mejora al acostarse puede ser uno de los primeros indicios de hipotensión intracraneal espontánea, una patología poco reconocida que altera el equilibrio del líquido cefalorraquídeo en el cerebro.
Según informó Europa Press, a partir de declaraciones del neurorradiólogo intervencionista Claudio Rodríguez Fernández, del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, esta enfermedad se origina por la disminución del volumen y la presión del líquido cefalorraquídeo (LCR).
Este fluido permite que el cerebro se mantenga suspendido dentro del cráneo y cumple funciones de protección, nutrición y eliminación de desechos. Cuando se produce una fuga, el cerebro pierde ese soporte y desciende por efecto de la gravedad, lo que genera una tracción dolorosa sobre las meninges, los nervios craneales y los vasos sanguíneos. Este proceso puede afectar de forma significativa la calidad de vida.
A diferencia de otras pérdidas de líquido asociadas a traumatismos o procedimientos médicos, en la hipotensión intracraneal espontánea la fuga se produce por debilidades en la duramadre, la capa que recubre el sistema nervioso. Estas pueden estar vinculadas a perforaciones por osteofitos vertebrales, alteraciones en las raíces nerviosas o fístulas que conectan el LCR con el sistema venoso.
Síntomas y dificultades en el diagnóstico
El síntoma más característico es la cefalea ortostática, que aparece al incorporarse y mejora al acostarse. Sin embargo, en algunos casos puede evolucionar hacia un dolor persistente sin relación clara con la postura.
También pueden presentarse dificultades de concentración, zumbidos en los oídos, náuseas, dolor cervical y problemas de equilibrio.
El diagnóstico puede demorarse durante años, ya que esta enfermedad comparte síntomas con otras patologías neurológicas como la migraña, la cefalea tensional o la malformación de Chiari tipo I. Además, hasta un 20 % de los pacientes con fugas reales de LCR pueden presentar resonancias magnéticas normales, lo que dificulta su identificación y, en algunos casos, ha llevado a intervenciones innecesarias.
Opciones de tratamiento
El tratamiento inicial incluye reposo, hidratación y consumo de cafeína para favorecer el cierre espontáneo de la fuga.
Si estas medidas no resultan efectivas, se puede recurrir al parche hemático epidural, una técnica que consiste en inyectar sangre del propio paciente en el espacio epidural de la columna para sellar la pérdida de líquido.
En casos más complejos, se emplean alternativas como el pegamento de fibrina, la embolización endovascular o la cirugía microquirúrgica. El procedimiento del parche hemático suele realizarse con guía de tomografía computarizada, lo que permite localizar con mayor precisión el punto de la fuga y mejorar los resultados.
En base a El Tiempo/GDA