La recomendación de tomar ocho vasos o dos litros de agua al día se ha repetido durante décadas como una regla general de salud. Sin embargo, un estudio publicado en la revista científica Science concluye que no existe una cantidad única adecuada para todas las personas y que las necesidades de hidratación dependen de múltiples factores.
La investigación analizó a más de 5.600 personas de entre ocho días y 96 años, provenientes de 23 países, para estudiar cómo varía el recambio de agua en el organismo según la edad, el sexo, la actividad física, el clima y otros factores.
Uno de los autores del estudio, Dale Schoeller, profesor emérito de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Wisconsin-Madison, señaló que la evidencia científica nunca ha respaldado la idea de que todas las personas deban beber exactamente ocho vasos de agua al día.
Los investigadores explican que las necesidades de hidratación cambian considerablemente entre individuos. Influyen, entre otros factores, el tamaño corporal, el nivel de actividad física, la temperatura ambiente, la humedad, la alimentación y el estado fisiológico, como el embarazo o la lactancia.
Para estimar el recambio de agua corporal, los científicos utilizaron una técnica conocida como agua doblemente marcada. Los participantes bebieron agua con isótopos estables de hidrógeno y oxígeno, que permitieron medir la velocidad con la que el organismo renovaba el agua durante aproximadamente una semana.
Este método no calcula cuánta agua debe tomar una persona, sino la cantidad total de agua que el organismo incorpora y elimina cada día. Esa agua proviene tanto de las bebidas como de los alimentos —especialmente frutas y verduras— y del agua que el propio metabolismo produce durante el funcionamiento normal del organismo.
Los resultados mostraron una amplia variabilidad en el recambio diario de agua. Mientras algunas personas renovaban alrededor de un litro al día, otras alcanzaban los seis litros o más. Los valores más elevados se observaron en individuos con condiciones particulares, como altos niveles de actividad física o exposición a climas muy calurosos.
En promedio, los hombres presentaban un mayor recambio de agua que las mujeres, y los deportistas también registraban valores superiores a los de las personas sedentarias. Los recién nacidos fueron el grupo con mayor renovación relativa de agua corporal, al reemplazar diariamente cerca del 28 % del agua de su organismo debido a su rápido crecimiento y metabolismo.
Los autores del estudio sostienen que no existe una recomendación universal aplicable a toda la población. La cantidad de líquido que necesita cada persona depende de sus características individuales y de las condiciones en las que vive.
La importancia de mantenerse hidratado
Más allá de que no exista una cifra única, mantener una hidratación adecuada sigue siendo fundamental para regular la temperatura corporal, transportar nutrientes, favorecer la digestión y permitir el funcionamiento normal de los órganos.
Durante períodos de calor intenso, actividad física prolongada o enfermedades que provocan pérdidas importantes de líquidos, las necesidades de agua aumentan. También conviene prestar especial atención a la hidratación de niños y adultos mayores, ya que presentan un mayor riesgo de deshidratación.
En personas sanas, la sed suele ser un mecanismo eficaz para indicar cuándo es necesario beber, aunque en determinadas circunstancias —como durante el ejercicio intenso, las altas temperaturas o en algunos adultos mayores— puede ser recomendable anticiparse a esa sensación para mantener un adecuado estado de hidratación.
Con base en El Tiempo/GDA