Muchas personas recurren a mascarillas, aceites y tratamientos para mejorar el aspecto del pelo, pero no siempre obtienen los resultados esperados. A veces, el problema no está en la calidad del producto, sino en que el tratamiento elegido no responde a la necesidad real de la fibra capilar. Uno de los errores más frecuentes es asumir que todo cabello dañado requiere el mismo tipo de cuidado, cuando en realidad puede necesitar hidratación, nutrición o una combinación de ambas.
La hidratación capilar tiene como objetivo aportar y retener agua dentro de la fibra del cabello. Cuando este pierde humedad, suele volverse áspero, opaco, difícil de peinar y con tendencia al frizz. Además, puede enredarse con facilidad, perder elasticidad y movimiento. Los tratamientos hidratantes suelen incorporar ingredientes con capacidad para atraer y conservar el agua, como el ácido hialurónico, el aloe vera, la glicerina o el pantenol. Un indicio de que la falta de hidratación es el principal problema es que el cabello recupera temporalmente su suavidad cuando se moja.
La nutrición, en cambio, busca reponer los lípidos o aceites naturales que protegen la fibra capilar. Este tipo de tratamiento suele ser especialmente útil en cabellos dañados por tinturas, decoloraciones, el uso frecuente de herramientas de calor o la exposición a factores ambientales. Cuando el pelo necesita nutrición, las puntas suelen verse resecas o abiertas, aumenta la rotura, la fibra adquiere una textura porosa y pierde brillo con rapidez.
En estos casos, el problema no es únicamente la falta de agua, sino también la pérdida de los componentes grasos que ayudan a mantener el cabello fuerte y protegido. Entre los ingredientes más habituales de los productos nutritivos se encuentran los aceites de argán, coco, jojoba y aguacate, además de la manteca de karité.
Los especialistas señalan que ambas necesidades pueden coexistir, y de hecho es una situación frecuente. Un mismo cabello puede presentar frizz por falta de hidratación y, al mismo tiempo, puntas deterioradas que requieren nutrición. Por ese motivo, muchas rutinas de cuidado alternan mascarillas hidratantes con tratamientos nutritivos, ajustando su frecuencia según la respuesta del cabello.
Como pauta general, si el pelo luce apagado y sin suavidad puede ser útil comenzar incorporando una mascarilla hidratante una o dos veces por semana. Si además presenta resequedad en medios y puntas, conviene complementar el cuidado con aceites o mascarillas nutritivas. Los especialistas también recomiendan moderar el uso de secadores y planchas, proteger el cabello de la exposición solar y elegir productos adecuados para cada tipo de melena.
Al igual que ocurre con la piel, el cabello puede tener necesidades diferentes según su estado. Aprender a distinguir si requiere hidratación, nutrición o ambas permite elegir tratamientos más adecuados y favorecer la recuperación de su brillo, suavidad y movimiento natural.
Con base en El Universal/GDA
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