El dolor de cabeza es uno de los motivos de consulta más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los más incapacitantes. Puede dificultar la concentración, alterar el descanso, afectar el rendimiento laboral y limitar las actividades cotidianas. Sin embargo, no todos los dolores de cabeza son iguales. Detrás de síntomas similares pueden esconderse causas muy diferentes y, por lo tanto, tratamientos distintos.
Así lo explicó la doctora Concha Pérez, jefa de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de La Princesa, durante una entrevista para el ciclo BBVA Aprendemos Juntos. Según señaló, los dos tipos de dolor de cabeza más frecuentes son la migraña y la cefalea tensional, y aprender a diferenciarlos es clave para encontrar alivio.
La cefalea tensional está estrechamente relacionada con la tensión muscular y el estrés. En estos casos, el dolor suele asociarse a contracturas en la zona cervical y de los hombros. Por eso, una parte importante del tratamiento consiste en abordar esos factores físicos y emocionales que contribuyen a mantener el problema.
La migraña, en cambio, es un trastorno neurológico que suele manifestarse mediante episodios recurrentes de dolor intenso y que puede verse influido por diversos desencadenantes, como ciertos alimentos, el ayuno o las alteraciones del sueño.
Según Pérez, existe una diferencia que puede ayudar a distinguir ambos cuadros. En las personas con cefalea tensional, el frío suele empeorar el dolor. En cambio, quienes padecen migraña frecuentemente experimentan alivio al aplicar frío o permanecer en ambientes frescos. Aunque este dato por sí solo no permite realizar un diagnóstico, puede aportar una pista útil cuando se combina con otros síntomas y antecedentes.
Qué hacer cuando aparece una migraña
La especialista explicó que, durante una crisis aguda de migraña, los antiinflamatorios pueden resultar eficaces en muchos casos. También existen medicamentos específicos, como los triptanes, que suelen utilizarse bajo indicación médica.
Más allá de los fármacos, señaló la importancia de identificar y evitar algunos desencadenantes frecuentes. Uno de ellos es el ayuno prolongado. Saltarse comidas o pasar demasiadas horas sin comer puede favorecer la aparición de episodios en personas predispuestas. También recomienda reducir la exposición a ambientes muy ruidosos o excesivamente luminosos, factores que suelen intensificar los síntomas durante una crisis.
No todas las personas con migraña reaccionan de la misma manera a los alimentos, pero existen algunos productos que se han asociado con una mayor probabilidad de desencadenar episodios. Entre ellos, Pérez mencionó vino y otras bebidas que contienen taninos, embutidos y algunos quesos curados. Por ese motivo, llevar un registro de los alimentos consumidos antes de una crisis puede ayudar a identificar posibles desencadenantes personales.
La calidad del descanso también desempeña un papel importante. "Si uno duerme mal va a tener más episodios de cefalea", afirmó la especialista. Mantener horarios regulares de sueño y priorizar el descanso puede convertirse en una herramienta preventiva tan relevante como otras medidas del estilo de vida.
Otro hábito que ayuda a largo plazo es la práctica regular de ejercicio físico. Según Pérez, el deporte funciona como una estrategia preventiva capaz de reducir la frecuencia de los episodios y mejorar el bienestar general.
La experta recordó que el dolor es considerado actualmente el quinto signo vital y que su tratamiento no siempre depende únicamente de los medicamentos. En muchos casos, la combinación de actividad física, fisioterapia, manejo del estrés, apoyo psicológico y hábitos saludables puede marcar una diferencia significativa. Aunque no siempre exista una cura definitiva, casi siempre es posible reducir el dolor, mejorar la funcionalidad y recuperar calidad de vida.
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