Cada vez se habla más de la microbiota y no es casualidad. Este conjunto de billones de microorganismos que habitan principalmente en el intestino cumple un papel clave en la digestión, el sistema inmunológico e incluso en procesos relacionados con la inflamación y el bienestar general. La buena noticia, según la doctora Silvia Gómez Senent, es que cuidarla no requiere cambios extremos ni dietas complicadas: pequeños hábitos cotidianos pueden marcar una gran diferencia.
Durante una participación en el ciclo BBVA Aprendemos Juntos, la médica —autora del libro La vida que nos habita— explicó que, incluso para quienes llevan un ritmo de vida acelerado, existen estrategias sencillas para favorecer la salud intestinal y, con ella, la del resto del organismo.
Para Gómez Senent, la alimentación es el factor principal. "La microbiota se alimenta fundamentalmente de fibra vegetal", afirmó. Por eso, recomienda priorizar alimentos como legumbres, frutas, verduras, cereales integrales y semillas. Estos alimentos contienen distintos tipos de fibra que sirven de alimento para las bacterias beneficiosas del intestino, favoreciendo un ecosistema más diverso y equilibrado.
Además de la fibra, la especialista destacó el papel de los polifenoles, compuestos naturales presentes en numerosos alimentos de origen vegetal. Entre sus principales fuentes mencionó té, café, chocolate negro y aceite de oliva extra virgen. Según explicó, estos compuestos poseen un importante efecto antioxidante y antiinflamatorio y también contribuyen al equilibrio de la microbiota.
En contrapartida, advirtió sobre el impacto de los alimentos ultraprocesados. "Produce un desequilibrio tan importante en la microbiota que nos produce inflamación", señaló. Aunque consumirlos ocasionalmente no determina por sí solo el estado de salud, una alimentación basada de forma habitual en productos ultraprocesados puede afectar negativamente la diversidad de microorganismos intestinales.
No obstante, uno de los mensajes centrales de la especialista es que la salud intestinal depende de mucho más que la alimentación. "De nada sirve que hagamos una comida maravillosa si no gestionamos el estrés, no dormimos bien o no hacemos ejercicio", resumió. Entre los hábitos que considera fundamentales para cuidar la microbiota destacó:
- Dormir las horas suficientes.
- Aprender a gestionar el estrés.
- Realizar actividad física de forma regular, especialmente ejercicios de fuerza.
Sobre este último punto explicó que existe una estrecha comunicación entre el intestino y el músculo, por lo que fortalecer la masa muscular también repercute positivamente sobre la salud intestinal.
Durante años se pensó que el intestino cumplía únicamente funciones digestivas. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que existe una estrecha relación entre la microbiota y numerosos procesos del organismo. "Todo lo que hagamos por nuestro intestino tiene una repercusión fuera del aparato digestivo", destacó Gómez Senent. Por eso, cuidar la microbiota no solo puede contribuir a una mejor digestión, sino también favorecer un estado de menor inflamación, apoyar el funcionamiento del sistema inmunológico y promover un mayor bienestar general.