Guía nutricional de la miel: por qué ayuda a aliviar la tos y qué contraindicaciones tiene

El impacto de la miel en la salud intestinal, por qué los especialistas recomiendan no hervirla y qué dice la ciencia sobre su poder antioxidante y antimicrobiano.

Miel casera
Tarro de miel casera.
Foto: Freepik.

La miel es uno de los alimentos naturales más antiguos y apreciados del mundo. Utilizada desde hace miles de años por civilizaciones como la egipcia y la griega, hoy sigue ocupando un lugar destacado en la alimentación gracias a su sabor y a sus propiedades nutricionales.

Además de funcionar como una alternativa natural al azúcar refinado, aporta pequeñas cantidades de vitaminas, minerales, aminoácidos, enzimas, proteínas y compuestos antioxidantes. Sin embargo, los especialistas recuerdan que también contiene una elevada proporción de azúcares naturales, por lo que su consumo debe ser moderado.

La miel está compuesta principalmente por fructosa y glucosa, que representan cerca del 80 % de su composición y son responsables de su aporte energético. Además, contiene: aminoácidos y proteínas, vitaminas del complejo B y vitamina C, minerales como potasio, calcio, magnesio, fósforo y zinc, enzimas y ácidos orgánicos, compuestos fenólicos y flavonoides con acción antioxidante.

Diversas investigaciones han analizado las propiedades de la miel y coinciden en que puede aportar distintos beneficios cuando forma parte de una alimentación equilibrada. En primer lugar, favorece la salud intestinal. Estudios publicados en Frontiers in Nutrition indican que la miel cruda contiene compuestos con efecto prebiótico, capaces de favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas para la microbiota intestinal.

Yogurt con miel
Yogurt con miel
Imagen creada por Chat GPT

En segundo lugar, tiene propiedades antimicrobianas. Investigaciones sobre el propóleo, uno de los compuestos presentes en la miel, muestran que posee actividad antibacteriana y antifúngica. Además, algunos especialistas destacan que su aplicación tópica puede favorecer la cicatrización de heridas y quemaduras.

En tercer lugar, aporta antioxidantes. Gracias a sus compuestos fenólicos y flavonoides, la miel ayuda a combatir el daño producido por los radicales libres. Los expertos señalan que la miel cruda suele conservar una mayor cantidad de antioxidantes porque no ha sido sometida a procesos térmicos intensos.

A su vez, algunos estudios citados por la Clínica Mayo sugieren que determinados componentes de la miel podrían ejercer efectos ansiolíticos y favorecer el estado de ánimo. No obstante, la evidencia disponible aún es limitada y se necesitan más investigaciones para confirmar estos efectos.

Por último, ayuda a aliviar la tos. Especialistas coinciden en que la miel puede disminuir la intensidad de la tos nocturna asociada a infecciones respiratorias leves en niños mayores de un año y adultos. Algunas variedades, como la miel de eucalipto o de cítricos, han mostrado resultados especialmente prometedores.

Te de jengibre.jpg
Te de jengibre, limón y miel.
Foto: Commons.

Los nutricionistas recomiendan consumirla con moderación, ya que, aunque sea un producto natural, continúa siendo una fuente importante de azúcares. En personas sanas, una o dos cucharaditas ocasionales pueden formar parte de una alimentación equilibrada. Además, aconsejan:

  • Incorporarla a infusiones cuando estas ya no estén hirviendo, ya que el calor excesivo puede reducir parte de sus enzimas y compuestos bioactivos.
  • Elegir mieles correctamente rotuladas.
  • Preferir productos provenientes de apicultores registrados.
  • Desconfiar de productos excesivamente baratos o sin información sobre su origen.

Aunque la miel es segura para la mayoría de los adultos, existen algunos grupos que requieren cuidados especiales. Los especialistas recomiendan:

  • No ofrecer miel a menores de un año debido al riesgo de botulismo infantil.
  • Que las personas con diabetes consulten con un profesional antes de incorporarla regularmente a su alimentación.
  • Moderar su consumo en casos de obesidad, síndrome metabólico o resistencia a la insulina.

Los especialistas también aclaran que, si bien la miel posee propiedades interesantes, no existen pruebas sólidas de que cure infecciones, fortalezca significativamente el sistema inmunológico, desintoxique el organismo o controle enfermedades crónicas por sí sola. Como ocurre con otros alimentos, sus beneficios dependen de que forme parte de un patrón de alimentación saludable y de un estilo de vida equilibrado.

Con base en La Nación/GDA

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