La freidora de aire se instaló como una de las grandes protagonistas de la cocina actual, generando una pregunta recurrente: ¿es realmente mejor que la fritura tradicional en sartén? La respuesta, según especialistas y evidencia disponible, no es absoluta, sino que depende del resultado que se busque en cada preparación.
Ambos métodos parten de principios distintos y, por eso, ofrecen experiencias diferentes en sabor, textura y perfil nutricional.
Freír en sartén implica cocinar los alimentos en aceite caliente, generalmente a temperaturas entre 170 °C y 180 °C. Este contacto directo con la grasa permite que se forme una capa externa dorada y crujiente, mientras el interior conserva humedad. Es la técnica clásica para preparaciones como milanesas, croquetas o papas fritas.
La freidora de aire, en cambio, funciona como un pequeño horno de convección: hace circular aire caliente a gran velocidad alrededor del alimento. De esta forma logra dorarlo y generar una textura crocante, pero utilizando muy poco aceite o incluso ninguno.
La fritura en sartén mantiene ventajas difíciles de replicar. El sabor suele ser más intenso y la textura más jugosa, ya que el aceite interactúa directamente con el alimento. Además, es un método rápido y versátil, especialmente útil para rebozados húmedos, masas o frituras profundas, que no siempre funcionan bien en freidora de aire.
Por otro lado, la freidora de aire destaca por su perfil más liviano. Al reducir considerablemente el uso de aceite —en algunos casos entre un 25 % y un 90 %— también disminuye el aporte de grasas y calorías. Esto la convierte en una alternativa interesante para el consumo cotidiano.
A esto se suman otras ventajas prácticas: menor riesgo de salpicaduras, mayor seguridad en la cocina y una limpieza mucho más sencilla. Algunos estudios también sugieren que este método podría reducir la formación de compuestos potencialmente dañinos asociados a frituras intensas.
No obstante, ninguna de las dos opciones es perfecta. La fritura tradicional, si se consume en exceso, se asocia a un mayor riesgo cardiovascular debido al alto contenido de grasas. Además, implica más manipulación, mayor suciedad y riesgo de quemaduras.
La freidora de aire, en tanto, puede ofrecer resultados algo menos jugosos y tiene limitaciones con ciertos alimentos, especialmente los que requieren una fritura profunda o tienen coberturas líquidas. También supone la compra de un electrodoméstico adicional y suele tener menor capacidad para cocinar grandes cantidades.
Más que competir, ambos métodos se complementan. La sartén sigue siendo ideal cuando se prioriza el sabor clásico, la textura intensa y la rapidez. La freidora de aire, en cambio, resulta más conveniente cuando se busca reducir grasas, simplificar la cocina diaria y optar por preparaciones más livianas. La mejor elección depende de la receta, el contexto y, sobre todo, del equilibrio entre placer y salud que cada persona quiera lograr en su alimentación cotidiana.
Con base en El Tiempo/GDA
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