Cómo elegir berenjenas en buen estado y el truco de la sal para quitarles el sabor amargo

El error en la cocción que convierte a la berenjena en un alimento con exceso de grasa y por qué los especialistas recomiendan cocinar la berenjena sin retirarle la piel.

Berenjena asada. Foto: Pixabay
Berenjena asada.
Foto: Pixabay.

La berenjena tiene una versatilidad y un perfil nutricional que la vuelven cada vez más valorada por quienes buscan incorporar más vegetales a su alimentación. Presente en preparaciones tan diversas como guisos, pastas, milanesas vegetales, rellenos y dips, esta hortaliza destaca por su bajo aporte calórico, su elevado contenido de agua y su aporte de fibra, vitaminas y minerales.

La variedad más conocida es la de color violeta oscuro, aunque también existen berenjenas blancas, amarillas y rojizas. Su característico tono se debe a la presencia de antocianinas, pigmentos naturales que pertenecen al grupo de los flavonoides y que se concentran especialmente en la piel.

Su historia es extensa. Existen registros que ubican su cultivo hace más de cuatro mil años en regiones del sudeste asiático, particularmente en zonas de la actual India, Birmania y China. Con el tiempo, llegó al norte de África a través de rutas comerciales y posteriormente se difundió por Europa durante la Edad Media. En la actualidad, China e India continúan siendo los principales productores mundiales.

Desde el punto de vista nutricional, la berenjena se caracteriza por estar compuesta en más de un 90% por agua, lo que la convierte en un alimento liviano y con gran capacidad para aportar volumen a las comidas. También contiene fibra, cobre, manganeso, vitamina B6 y tiamina, nutrientes que participan en distintos procesos metabólicos del organismo.

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Foto: Pexels.

Los especialistas señalan que una de sus principales virtudes es su capacidad para aumentar la sensación de saciedad sin aportar una gran cantidad de calorías. La fibra contribuye a enlentecer la digestión y puede ayudar a controlar el apetito, mientras que su alto contenido de agua favorece la hidratación.

Otro de los aspectos que genera interés es su potencial aporte a la salud cardiovascular. La combinación de fibra, antioxidantes y otros compuestos vegetales podría contribuir al control de algunos factores asociados al riesgo cardiometabólico y al estrés oxidativo, un proceso relacionado con el envejecimiento celular y enfermedades crónicas.

La piel de la berenjena contiene además nasunina, una antocianina que ha sido estudiada en investigaciones realizadas con animales por su posible capacidad para proteger las membranas celulares frente al daño provocado por los radicales libres. Aunque estos hallazgos todavía requieren más evidencia en humanos, forman parte de las razones por las cuales se recomienda consumir la hortaliza sin retirar completamente su cáscara.

La forma de preparación también influye en sus características nutricionales. Cocinarla al horno, a la plancha o grillada permite conservar buena parte de sus nutrientes, mientras que la fritura incrementa significativamente el contenido de grasa debido a la gran capacidad de absorción de aceite que tiene su pulpa.

Fruto de berenjena.
Fruto de berenjena.
Foto: Unsplash

Para elegir una berenjena en buen estado, los especialistas aconsejan buscar ejemplares firmes, pesados para su tamaño y con una piel brillante, uniforme y libre de manchas o golpes. Una vez comprada, conviene conservarla refrigerada y consumirla dentro de los diez días siguientes para evitar que pierda calidad y aumente su sabor amargo.

Precisamente para reducir ese amargor, una práctica habitual consiste en cortarla, espolvorearla con sal y dejarla reposar entre 30 y 60 minutos antes de cocinarla. Luego se enjuaga y seca para eliminar el exceso de sal.

Salvo en casos de alergias o sensibilidades individuales, los especialistas coinciden en que no existen razones para que la población general evite su consumo. Por el contrario, consideran que puede formar parte de una alimentación variada y equilibrada, aportando nutrientes, sabor y diversidad a la mesa cotidiana.

Con base en La Nación/GDA

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