Preparar un guiso de carne no requiere técnicas complejas, pero sí respetar ciertos pasos clave que hacen la diferencia en el resultado final. El sellado previo de la carne y la elaboración son fundamentales para lograr un plato sabroso, con textura suave y una salsa bien integrada.
El proceso comienza con la elección de carne de res de corte tierno. Se corta en presas de aproximadamente 200 gramos —unas cinco en total— y se condimenta con sal y pimienta antes de llevarla a la cocción.
En una olla con aceite vegetal previamente caliente, las piezas se sellan durante cuatro a cinco minutos por cada lado. Este paso permite concentrar los jugos y potenciar el sabor del guiso. Una vez doradas, se retiran momentáneamente.
Mientras tanto, se pica una cebolla y medio morrón en cubos pequeños, y se agregan dos tomates pelados y sin semillas, cortados de manera irregular para facilitar su desintegración durante la cocción. Para ayudar a ablandar la carne, se puede incorporar una pequeña cantidad de bicarbonato.
En la misma olla donde se selló la carne, se sofríen la cebolla, el morrón y el ajo durante seis a siete minutos a fuego medio, con sal y pimienta. Luego se suman los tomates y se cocina unos minutos más para integrar los sabores.
El guiso se aromatiza con tomillo y una hoja de laurel. A continuación, se reincorpora la carne y se desglasa con vino blanco o tinto, dejando que el alcohol se evapore antes de añadir caldo de pollo, de res o agua.
La preparación se cocina tapada durante unos 35 a 40 minutos. Diez minutos antes de finalizar, se agregan zanahorias en rodajas y papas peladas, cortadas en trozos de tamaño similar.
El resultado es un guiso de textura cremosa sin necesidad de espesantes adicionales. La carne se mantiene jugosa y las verduras aportan cuerpo a la preparación. Se sirve con arroz blanco y se termina con perejil picado, una combinación que permite aprovechar al máximo la salsa del plato.
En base a El Tiempo/GDA