Cómo hacer café de especialidad en casa: la guía completa de Dahianna Andino para entrenar los sentidos

Disfrutar un buen café puede darle calor al día más frío de invierno; en esta nota, la barista, tostadora de café y creadora de Soy Café enseña el paso a paso para preparar el mejor, en casa.

Café de especialidad, granos de café
Una taza sobre granos de café.
Foto: Magnific.

Dahianna Andino*

Preparar un buen café de especialidad en casa no requiere necesariamente equipamiento profesional. Con algunos elementos fáciles de conseguir y una dosis de observación, es posible mejorar la experiencia y aprender a identificar qué variables influyen en el resultado final de la taza.

El primer consejo es simple: tener una libreta de café. Allí pueden registrarse los distintos cafés que se prueban, las recetas utilizadas y los ajustes realizados. La idea es ir modificando los parámetros de acuerdo con el propio paladar hasta encontrar el equilibrio buscado.

La propuesta de hacer café en casa también implica conectar con los todos sentidos. La vista permite observar su calidad, el aspecto de los granos, su grado de tueste y la molienda utilizada. También invita a prestar atención al color de la bebida que preparamos. Lejos de ser negra, una taza de café puede presentar tonalidades rojizas, cobrizas o marrones.

El olfato entra en juego desde el momento de la molienda y vuelve a activarse frente a la taza servida. El aroma es una parte fundamental de la experiencia y mantiene una conexión directa con el sistema de recompensa del organismo.

Granos de café
Granos de café.
Foto: Magnific.

El gusto es otro de los protagonistas. Al probar la bebida es posible preguntarse si está demasiado amarga o muy ácida, o si aparecen notas que recuerdan al chocolate o a las nueces. El paladar se entrena con el tiempo y funciona también como una memoria. Por eso, no siempre es sencillo identificar sabores específicos desde el comienzo.

El tacto ayuda a comprender las diferencias entre las distintas moliendas y a definir cuál es la más adecuada para cada método de preparación. El oído también tiene su lugar. Desde disfrutar del silencio hasta acompañar el momento con música, los sonidos pueden modificar la percepción del sabor. Los tonos más agudos tienden a amplificar el dulzor y las notas frutales, mientras que los más graves resaltan características más ahumadas.

Más allá de la experiencia sensorial, existen seis factores fundamentales para preparar un buen café. Los baristas los denominamos “ratios” y abarcan la calidad del café, la cantidad utilizada, la temperatura del agua, el tipo de molienda, el tiempo de extracción y el método de preparación.

Como punto de partida, se recomienda una receta básica: 10 gramos de café por cada 100 mililitros de agua. Para quienes no cuentan con balanza, una cucharada sopera equivale aproximadamente a 10 gramos de café.

La temperatura del agua también será determinante. Lo ideal es trabajar entre 88 y 93 grados. Cuanto más caliente esté el agua, mayor será el amargor de la bebida. A temperaturas más bajas, en cambio, aumentará la percepción de acidez.

La molienda dependerá del método elegido y del tiempo durante el cual el café permanezca en contacto con el agua. En los métodos de filtrado, como el clásico Melitta, la molienda recomendada es media, similar al azúcar. En estos casos, el tiempo que tarda el agua en atravesar el café debería ubicarse entre dos minutos y medio y tres minutos y medio.

La prensa francesa requiere una molienda gruesa, comparable a la sal gruesa. El tiempo de infusión puede variar entre cuatro y cinco minutos y medio, según el resultado que se busque. Para quienes prefieren la cafetera italiana, la recomendación es utilizar una molienda fina, semejante a la sal. En este método existe una particularidad: no se tiene un control directo sobre la temperatura del agua.

Taza de café
Persona sostiene taza de café.
Foto: Freepik.

Las referencias sobre molienda son orientativas y cada preparación puede requerir ajustes. Por eso vuelve a cobrar importancia la libreta de apuntes. Registrar el tipo de café, la cantidad utilizada, el volumen de agua, la temperatura y el tiempo de extracción permite comprender qué cambios producen mejores resultados.

Al degustar la bebida conviene prestar atención a dos aspectos: el balance y el cuerpo. La cafetera italiana, por ejemplo, suele ofrecer una bebida con más cuerpo que los métodos de filtrado. Si el café queda demasiado amargo, el primer ajuste recomendado es modificar el tiempo de extracción. A mayor tiempo de extracción, mayor amargor. Si, por el contrario, la bebida resulta demasiado ácida, se puede aumentar ese tiempo de contacto entre el café y el agua.

La recomendación es cambiar un solo parámetro a la vez para entender con claridad cómo influye cada modificación. Si los ajustes de tiempo no alcanzan, se puede intervenir sobre la molienda o sobre la cantidad de café utilizada. Una molienda más fina y un contacto más prolongado con el agua suelen incrementar el amargor. Cuando la molienda es demasiado gruesa y el agua atraviesa el café con rapidez, es probable obtener una bebida más ácida y con menos cuerpo. En ese caso, la solución es afinar la molienda.

La preparación del café es, en definitiva, un proceso de prueba y error. Requiere entrenamiento, observación y conexión con los sentidos. El objetivo es encontrar el equilibrio en la taza y descubrir una receta que responda al gusto personal. Cuando eso sucede, solo queda disfrutar del resultado. Buena vida, buen café.

*Barista, creador a de Soy Café. Podés seguirla en Instagram en @soycafé.uy.

CURSOS

La barista Dahianna Andino, creadora de Soy Café, ofrece los siguientes cursos:

  • 1/7 - Filtrados
  • 15/7, 16/7, 29/7 y 30/7 - Barista básico
  • 5/8 - Filtrados
  • 19/8 y 20/8- Barista básico
  • 26/8 - Arte latte

Toda la información está disponible en su Instagram.

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