A muchas personas les pasa: conocen a alguien, vuelven a cruzárselo poco tiempo después y no logran recordar su nombre. Aunque este tipo de olvidos suele generar preocupación y, en algunos casos, miedo a tener problemas de memoria, especialistas en psicología y neurociencia aseguran que se trata de un fenómeno mucho más común de lo que parece.
Según explican expertos consultados por distintos medios especializados, el cerebro humano no procesa los nombres propios de la misma manera que otro tipo de información. A diferencia de datos con contexto, historias o significado emocional, los nombres funcionan como etiquetas aisladas, por lo que son más difíciles de almacenar y recuperar.
Por qué cuesta tanto recordar nombres
David Ludden, profesor de Psicología en la Universidad Georgia Gwinnett College, explicó que el cerebro suele priorizar aquella información que considera útil o significativa. En cambio, los nombres propios tienen poco contenido semántico, es decir, no aportan demasiadas pistas para asociarlos con otros recuerdos.
Por eso, muchas veces resulta más sencillo recordar la cara de una persona, dónde se la conoció o de qué hablaron, antes que su nombre.
En la misma línea, Neil Mulligan, profesor de Psicología y Neurociencia en la Universidad de Carolina del Norte, señaló al portal AARP que los nombres tienen menos “ganchos” para fijarse en la memoria que la información biográfica o contextual.
Los especialistas coinciden en que el problema, en la mayoría de los casos, no está vinculado directamente a la memoria, sino a la atención. Cuando alguien es presentado, el cerebro puede estar enfocado en otros estímulos: seguir una conversación, manejar la ansiedad social o simplemente procesar demasiada información al mismo tiempo.
Atención, distracciones y exceso de estímulos
Los expertos sostienen que, si el nombre no se registra con suficiente atención en el momento inicial, difícilmente logre consolidarse después en la memoria.
Además, el cerebro está expuesto todos los días a una enorme cantidad de rostros, datos y estímulos, por lo que constantemente selecciona qué guardar y qué descartar. Según Mulligan, la mente tiende a dejar de lado aquello que percibe como menos relevante en ese momento.
Otro factor que puede aumentar la confusión es conocer a varias personas similares en un mismo contexto. Cuanto más saturada está la red de información, más probabilidades existen de mezclar nombres, caras o situaciones.
De todos modos, especialistas en neurología remarcan que olvidar nombres de manera ocasional no debería interpretarse automáticamente como una señal de deterioro cognitivo.
Judith Heidebrink, profesora de Neurología en la Universidad de Michigan, explicó al portal AARP que la situación comienza a ser preocupante cuando una persona no logra recordar nombres ni siquiera con ayuda externa o cuando las confusiones interfieren de manera reiterada en la vida cotidiana.
En esos casos, indicó la especialista, sí puede ser importante consultar y profundizar en una evaluación profesional.
En base a El Tiempo/GDA
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