La idea de “tener mala suerte en el amor” suele repetirse cuando las relaciones no funcionan, pero desde la psicología esa explicación puede quedarse corta. Detrás de vínculos que se repiten con características similares, pueden existir patrones emocionales más profundos.
Según explica Celia Betrián, psicóloga especializada en parejas y sexóloga, este tipo de experiencias no responde al azar, sino a dinámicas aprendidas que tienden a reproducirse. Uno de los factores principales es la elección de parejas con rasgos parecidos a los de las primeras figuras afectivas, especialmente aquellas presentes en la infancia.
Cuando una persona crece en entornos donde el afecto es inestable o condicionado, puede incorporar esa forma de vínculo como algo habitual. Con el tiempo, ese modelo se internaliza y se convierte en una referencia inconsciente a la hora de relacionarse.
En esa línea, la especialista señala que el sistema emocional puede llegar a asociar la inestabilidad con lo que se interpreta como amor. Así, situaciones marcadas por la incertidumbre o la intensidad emocional activan respuestas que resultan familiares, incluso si no son saludables.
Aun así, estos esquemas no son inamovibles. Identificar los patrones que se repiten y trabajar sobre ellos, por ejemplo a través de procesos terapéuticos, permite modificar la forma en que se construyen los vínculos.
Desde esta perspectiva, el problema no radicaría en una supuesta mala suerte, sino en cómo el sistema nervioso reconoce y responde a ciertos estímulos emocionales, confundiendo en algunos casos el afecto con dinámicas asociadas a la ansiedad o la inestabilidad.
Con base en El Tiempo/GDA