Epicuro: "El que se olvida de los bienes gozados en el pasado es ya viejo hoy"

Para el filósofo griego, la verdadera vejez no es cronológica, sino mental. Si se deja de valorar lo vivido, se pierde el control del presente, y así la felicidad siempre quedará atrás.

Epicuro, filósofo griego.
Epicuro, filósofo griego.
Foto: Wikimedia Commons.

El famoso filósofo griego Epicuro es conocido por promover las bases del bienestar emocional, del equilibrio interno y de la verdadera felicidad. Con su frase "El que se olvida de los bienes gozados en el pasado es ya viejo hoy", apunta a la importancia de la gratitud y la memoria afectiva.

Sus sabidurías están destinadas a cuestionar nuestro estado actual y percibir todas aquellas acciones y pensamientos que hacen que tomemos un camino de la vida u otro. En esta ocasión, Epicuro nos hace reflexionar sobre cómo uno se va guiando a sí mismo hacia la vejez.

En este sentido, el filósofo griego sostiene que preservar, acumular y tener en la memoria recuerdos positivos son la clave para mantener una mente joven. Además que esto acerca a un estado de mayor felicidad. Son los logros pasados los que nutren el presente.

De esta forma, es la elección de uno en qué enfocarse, qué parte del vaso mirar. Porque si uno se centra en lo bueno, en esos "bienes gozados", trae a la memoria lindos recuerdos, acompañados de una sonrisa y ojos melancólicos, se alcanzará eventualmente un estado de plenitud y abundancia. Por su contraparte, la fijación obsesiva en las carencias no cultiva más que una espera inútil e inalcanzable hacia la felicidad.

Los tres tipos de deseos según la filosofía epicúrea

Para alcanzar ese estado de equilibrio que definió como felicidad, Epicuro defiende que esa serenidad profunda se alcanza a través de la gestión de los deseos propios y personales. Es así como clasifica estos deseos como una guía hacia una vida más feliz:

  • Los deseos naturales y necesarios: estos serían los primeros niveles en la pirámide de Maslow, vinculados a la supervivencia y la salud como lo es comer, descansar y tener amistades.
  • Los naturales pero no necesarios: son los del último nivel de la pirámide, que es la autorrealización. Poder disfrutar de la vida, viajar, estudiar, conocer el mundo.
  • Los deseos vanos: aquellos que nunca se sacian como la riqueza, el poder (en sus diversas formas de aplicación), o el prestigio social.

El punto está en entender qué priorizamos y cuáles guian nuestros comportamientos; qué mueve la aguja. Por ende, Epicuro no menosprecia ni demoniza el deseo, sino que enseña cómo incorporarlo a un estilo de vida sana para que no arrase con nosotros.

De aquí que los deseos se vuelven otra parte de ese equilibrio entre el pasado y el presente para definir el estado emocional actual. Es una cuestión de actitud, de elección y de firmeza frente a las adversidades inevitables de la vida.

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