En la era de la Inteligencia Artificial (IA), uno de los desafíos y preocupaciones más grandes son los límites éticos que implica el uso de las herramientas de IA. En este sentido, una de las grandes tecnológicas, Google, incorporó al filósofo inglés Henry Shevlin a su división de inteligencia artificial, Deepmind (el paraguas que aloja todos los proyectos de IA como Gemini o Gemma, cada uno con distintos enfoques). Profesor de la Universidad de Cambridge y especialista en ética y ciencias cognitivas, Shevlin se integra al equipo de Google para explorar el vínculo entre los humanos y la IA.
En la actualidad, la IA ya es parte de la mayoría de industrias en todo el mundo. Algunas han reemplazado roles enteros, dejando a miles de personas sin trabajo. También penetró profundamente en el área educativa, cambiando rápidamente los modelos de enseñanza tradicionales, teniendo efectos ya visibles en niños y adolescentes. Todo esto hace a un contexto sumamente incierto y, para la gran mayoría, desconocido, al tratarse de un mundo que cambia cada vez más rápido, a un ritmo que pocos pueden acompasar.
¿Por qué las tecnológicas buscan ahora a científicos cognitivos?
En medio de una carrera tecnológica que parece no tener fin, las grandes compañías buscan captar talento y llenar todos los posibles huecos que sus servicios puedan tener. El hecho que Google haya abierto ad hoc el puesto del filósofo, demuestra un interés por expandir y profundizar el conocimiento de los impactos de sus propias herramientas de IA en las personas. Y con estos conocimientos, avanzar hacia una próxima etapa dentro de esta era de IA.
A pesar que la comunidad científica ya está realizando estudios sobre el impacto de la IA en la vida de las personas, Shevlin buscará las conexiones desde adentro. Con sus estudios en ciencias cognitivas y ética en IA, afirma en su cuenta de X que ahondará en temas como la "consciencia, creatividad, inteligencia, percepción, memoria de corto alcance y la medición psicológica del dolor y el sufrimiento". Todo esto desde un enfoque integral entre el conocimiento e inteligencia no humana: tratándose así tanto de la artificial como la animal.
Esta incorporación de Google se encuentra en un terreno donde aún los límites éticos de la IA no están claros, ya que no existe una regulación nacional o internacional que delimite el accionar de la IA en las diferentes industrias, rubros y aplicaciones de la vida diaria. De ahí que profesionales y especialistas en ciencia, humanidades e IA (todo en conjunto) sean de sumo valor para anticipar y estudiar estos fenómenos que se acercan a la humanidad antes que sea demasiado tarde.