Una guardia médica, entre consultas urgentes y diagnósticos que no siempre encajaban en lo estrictamente clínico, la doctora Josefina Puig empezó a notar un patrón que se repetía con frecuencia. Muchos pacientes no llegaban por una dolencia física concreta, sino por algo más difícil de mencionar: la necesidad de hablar, de ser escuchados, de no estar solos.
Pero esa intuición no se quedó únicamente dentro del hospital. Poco tiempo después, ya fuera del ámbito médico, Puig decidió hacer algo que durante sus años de carrera había postergado: abrir su vida social. Se sumó a experiencias organizadas para conocer gente -como grupos que reúnen a desconocidos en encuentros semanales- y allí encontró otra pieza del mismo rompecabezas. “Me di cuenta de que a la gente le gusta que le organicen la vida social. No les gusta tener que proponer planes desde cero”, explica a Domingo.
Entre lo que veía en las guardias y lo que experimentaba en carne propia en esos espacios de socialización, empezó a tomar forma una idea: la soledad no siempre es aislamiento extremo, sino muchas veces la dificultad de concretar encuentros, de encontrar planes o de coincidir con otros. De ese cruce entre la medicina y la experiencia personal nacería, tiempo después, ShowApp, una aplicación que busca, justamente, facilitar el entretenimiento y el encuentro.
La inspiración
Puig tiene poco más de dos años de recibida como médica. Su vocación siempre estuvo ligada a la salud mental, aunque el camino no fue lineal. “Desde que me recibí he querido entrar en psiquiatría y no pude”, cuenta. El cambio en el sistema de acceso a las especialidades -que pasó de pruebas específicas a un ranking general- la dejó dos veces fuera de la posibilidad de especializarse en ese campo. “No me fue muy bien las dos veces que la di. Se cerró una puerta, pero se abrió otra”, resume.
Esa otra puerta fue un posgrado en psicoterapia psicoanalítica, que comenzó el año pasado y continúa actualmente. Pero, en paralelo, empezó a gestarse algo distinto, más cercano a la acción cotidiana que al consultorio.
Tras años dedicados casi exclusivamente a la carrera, Puig sintió la necesidad de recuperar su vida social. “Durante toda la facultad había estado muy encerrada. Tenía mis amigas, mis círculos, pero necesitaba más”, explica. Fue en ese proceso de apertura donde comenzó a observar patrones. Participó, por ejemplo, en experiencias sociales organizadas -como cenas entre desconocidos, sin que necesariamente mediara en ellas un interés romántico- y allí encontró un laboratorio espontáneo de comportamiento humano.
“Me di cuenta de que a la gente le gusta que le organicen la vida social. No les gusta tener que proponer planes desde cero. Y está perfecto, porque a mí me pasa lo mismo”, afirma. Esa constatación se sumó a otra más amplia: la dificultad creciente para sostener vínculos reales en una era dominada por la tecnología: “Hay una carencia enorme en los vínculos. Incluso los que tenemos hace años, los estamos abandonando un poco”.
La combinación de ambas ideas -la necesidad de conexión y la dificultad para concretarla- dio lugar a una pregunta clave: ¿qué pasaría si existiera un lugar donde encontrar planes ya armados y, además, personas con quienes compartirlos?
Así nació ShowApp
Puig comenzó a diseñar la aplicación en marzo de 2025, de forma independiente, combinando su interés por la salud mental con una pasión de larga data: el diseño. “Desde chica me encanta el diseño y el dibujo. Lo de la tecnología lo descubrí con esto”, admite.
Antes de tener un producto, decidió validar la idea. Durante meses, mientras navegaba en redes sociales, fue recopilando información sobre talleres, eventos y emprendimientos. “Veía un taller en Instagram y me lo mandaba a mí misma. Lo fui compilando en un Excel y llegué a unos 750”, relata. Luego vino el trabajo más arduo: contactar a cada uno.
“De esos, unos 250 o 300 dijeron que sí, que les interesaba la idea, incluso cuando la app todavía no existía”, explica. Ese respaldo inicial fue clave para avanzar hacia el desarrollo, para el cual formó un pequeño equipo de programadores.
Durante el proceso de observación, Puig también detectó un fenómeno menos evidente pero igual de relevante: incluso quienes tienen círculos sociales activos encuentran dificultades para sostener o ampliar esos vínculos. “No hablo solo de gente que está sola”, aclara. Y agrega: “También pasa que te gusta algo específico y no tenés con quien compartirlo”.
Desde actividades culturales hasta intereses más particulares, la falta de espacios accesibles para coincidir con otros aparece como una barrera cotidiana. La aplicación busca intervenir justamente ahí, permitiendo no solo descubrir propuestas, sino también generarlas. Cualquier usuario puede crear un plan -desde una partida de ajedrez hasta una salida grupal- y definir sus características, habilitando que otros se sumen.
La app ya está operativa y en su primera semana reúne más de 400 eventos provenientes principalmente de tiqueteras, lo que permite a los usuarios acceder a una oferta centralizada. “Es como cuando querés ver algo y tenés que entrar a Netflix, después a otra plataforma, eso embola. Acá está todo en un solo lugar”, compara.
Pero la ambición del proyecto va más allá de ser una cartelera. La aplicación busca integrar distintos niveles de actividades: desde grandes eventos hasta talleres pequeños, que muchas veces quedan invisibilizados. También ofrece herramientas para organizadores, como la posibilidad de gestionar entradas, comunicarse con asistentes y generar registros posteriores de cada evento.
Para los usuarios, la propuesta incluye elementos que apuntan directamente a la construcción de vínculos. Después de cada actividad, pueden enviar solicitudes de amistad a otros participantes. “Si alguien te cayó bien, le podés mandar solicitud y después invitarlo a otros planes o abrir un chat”, explica Puig.
Absorbiendo experiencias
El proyecto también se apoya en comunidades ya existentes, que funcionan como curadoras de contenido. “La idea es encontrar un embajador por nicho, alguien que sepa del tema y le guste”, señala. De esa forma, la plataforma se construye de manera colaborativa, integrando actores en lugar de competir con ellos. “No quiero sustituir a nadie. La idea es integrar, no reinventar la rueda”, dice la creadora de ShowApp.
El modelo de negocio, por ahora, es gratuito. Durante los primeros tres meses, los usuarios pueden utilizar la app sin costo. Luego, se prevé un sistema de pago accesible: unos $ 30 por inscripción a eventos, con beneficios para los colaboradores que aporten contenido.
El crecimiento es todavía incipiente. “Tenemos unas 50 o 60 personas que no conozco que ya se la bajaron. No está mal para una semana”, dice. También hubo devoluciones que ya están siendo consideradas para futuras mejoras, como la incorporación de transferencias bancarias como método de pago o ajustes técnicos.
Puig asume que el verdadero desafío está por delante: generar el “feedback” necesario para que la plataforma cobre vida por sí misma. “Necesitamos que la gente suba eventos y que la gente se anote. Es un círculo”, explica.
A corto plazo, su objetivo es consolidar ese ecosistema. A largo plazo, la visión es más ambiciosa: convertir ShowApp en una herramienta integral para la vida social. “Me gustaría que sea como el ‘Pedidos Ya’ de los eventos y actividades”, dice. Entre las ideas en desarrollo -que prefiere mantener en reserva en algunos casos- aparecen funciones para reservar mesas en restaurantes o incluso organizar eventos completos, desde un cumpleaños hasta un casamiento.
Detrás de esa proyección hay una convicción que no es tecnológica, sino humana. ShowApp no nació como una solución médica tradicional, sino como una respuesta práctica a un problema cotidiano. “A veces lo que una persona necesita no es algo complejo, sino un plan”, concluye.