Epícteto: "Hay solo una vía hacia la felicidad: dejar de preocuparte por cosas que están fuera de tu control"

El filósofo estoico brinda una mirada profunda sobre el poder de la introspección y el peligro de la validación y dependencia externa. El control de tu vida comienza única y exclusivamente dentro tuyo.

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Retrato de Epicteto, filósofo estoico.
Foto: Wikimedia Commons.

Epícteto, el famoso filósofo del estoicismo, dejó un legado de sabiduría atemporal a través de sus enseñanzas. Él buscaba transmitir las bases para vivir una vida plena y serena y cómo encontrar ese camino por medios propios. Vincula la sensación de calma con la de felicidad: "Hay solo una vía hacia la felicidad, y esa es dejar de preocuparte por cosas que están fuera de tu control".

Es una visión del estoicismo que comparte muchos principios de prácticas contemporáneas como el mindfulness u otros tipos de meditación. Cuando uno quiere tomar el control de su vida e intenta manipular varios factores a su alrededor, ahí es donde comete el error más grande: creer que el control interno se busca afuera.

¿Cómo se aplica la frase de Epícteto hoy?

La frase de Epícteto sobre el control y la felicidad es la base de su filosofía estoica: cualquier intento de percibir la felicidad en lo externo será un fracaso, puesto que la felicidad nace desde adentro y permanece allí.

No se trata entonces de estar pendiente a lo que ocurre afuera, lo que piensan o hacen los demás, sino de controlar y gestionar nuestra forma de reaccionar frente a las circunstancias que se plantean. Se gasta mucha energía, recursos y esfuerzo mirando para el lado incorrecto. Lo que realmente importa y tiene impacto directo en nuestro bienestar es la relevancia que le damos a nuestros pensamientos y acciones. Solo de esa forma se puede llegar a alcanzar un estado de calma y felicidad.

Enfrentar el destino con más serenidad

Epícteto demostró con esta frase el centro que la gestión emocional debería tener en la vida de todos. Lo que nos afecta no son los hechos ocurridos, sino lo que pensamos de ellos; la trascendencia que les damos. De este modo, el filósofo estoico propone aceptar el destino, cultivar la virtud y gestionar el juicio. Esta fórmula permite una visión de la vida más amena y amable con uno mismo, que lleva eventualmente a ese estado de felicidad que tanto estamos buscando.

En un mundo hipermediatizado donde la privacidad y la calma aparentan haber desaparecido por la saturación de estímulos externos, la felicidad se encuentra en esos momentos de mirarse al espejo, de sentir la respiración, de mirar el cielo y ponerse en pensar: "qué fortuna estar vivo para presenciar este nuevo día".

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