Una obra de arte uruguaya forma parte de una de las exposiciones más prestigiosas del mundo, la 10ª Bienal de Arte de Beijing. Su autor, Eloy Pereira, fue seleccionado junto a representantes de 120 países para expresar en imágenes un concepto profundo: la coexistencia. La muestra propone una reflexión sobre la relación entre el ser humano, la naturaleza y la dimensión espiritual.
Pereira llegó a la Bienal —organizada por la Asociación de Artistas de China y el Museo Nacional de Arte de China, y abierta hasta el 28 de febrero— con su obra “El encantador”. Fundador de la Academia Uruguaya de Artes y docente, el artista encontró en el arte un camino de autoconocimiento, superación y servicio. Habló con El País acerca de este hito y de cómo la expresión plástica promueve el bienestar.
— ¿Quién es “El encantador”? ¿Qué representa?
— Representa un personaje universal. No tiene un escenario concreto y por eso se alínea con la temática de la Bienal, que es la coexistencia. Puede ser de oriente u occidente; el turbante y los rasgos faciales hacen que sea difícil determinar exactamente de dónde es.
— ¿Qué mira?
— Al espectador. Por eso sus labios están entreabiertos: quiere decirle algo. No es un retrato estático, sino que trata de crear una interacción. Coexistir también es eso: un lenguaje común que surge a partir del diálogo de lo diverso.
Siempre busco que mis obras tengan una conexión con quien las ve porque el arte no puede quedar aislado. Debe haber un punto de encuentro. Cuando eso se logra, tiene más valor.
— La muestra aborda la relación entre el ser humano y la dimensión espiritual. ¿Cómo se ve eso en tu obra?
— La espiritualidad se asocia con una sensación de calma que surge desde el interior y este personaje transmite eso: calma y serenidad. Además, algunos de los valores que llevan a una mejor coexistencia humana son la paz y la armonía, y esta imagen tiene una armonía visual que provoca mansedumbre. Va por ese lado, aunque es muy sutil.
— ¿Cómo es que el arte sana la relación entre el ser humano y su dimensión espiritual?
— El arte siempre apela a lo sensible. Incluso, ahora la medicina recomienda ir a museos y consumir arte —del tipo que sea— como estrategia de bienestar. Entonces, si los efectos pueden ser tan internos e intensos, eso podría reflejarse en un montón de áreas del ser humano y por ende de la sociedad.
El problema es que esto se ha puesto en un nicho a veces inaccesible para una parte de la población y pareciera que uno tiene que ser entendido de tales o cuales cosas para hacer o consumir arte, cuando en realidad surgió como medio de comunicación en la época de las cavernas. Aquellos hombres no eran entendidos del arte, solamente expresaban. Y seguimos siendo los mismos; más o menos evolucionados, pero con la misma necesidad de comunicarnos. Expresarnos es sanador y liberador; nos permite construir una mejor conexión con los demás, el ambiente y nosotros mismos.
— En lo personal, ¿cómo sanás a través del arte?
— Acercándolo a los demás. Por eso soy docente y ayudo a que otros, que creen que no pueden generar nada, lo logren. Y a que gente que no sepa agarrar un pincel pueda, al cabo de unos meses, crear una obra que surja de su interior. Es un camino muy sanador.
También está el efecto de pintar y superar mi técnica. Asombrarme, desafiarme, indagar en nuevas temáticas. En definitiva, conocerme, porque uno varía a lo largo de su carrera pictórica de acuerdo a qué cuestiones lo tocan.
— ¿Cómo fue el proceso creativo de ‘El encantador’?
— En general, los estilos que trabajo van desde el hiperrealismo hasta el surrealismo, pero siempre con una fuerte presencia del rostro humano, es decir, de retratos. Este caso en particular es el retrato de un amigo que me dio la posibilidad de trabajar con su imagen. Es una obra hiperrealista contemporánea; me basé en información que existe para enriquecerla en detalles, aunque también me alejé de la persona real para tratar al personaje. Parece casi una fotografía gracias a la técnica y al mismo tiempo cuenta una historia.
— ¿Qué significó para vos llegar a la Bienal de Arte de Beijing? ¿Te lo esperabas?
— Me costó bastante caer en la cuenta. Quedar en una bienal —con la mirada de un jurado asiático, que suele ser milimétrica y rigurosa— es un logro personal y artístico muy grande. Estos eventos son faros que indican por dónde camina el arte actualmente y hacia dónde se dirige, así que esto acredita que estoy alineado al mundo del arte en general. Es fácil dudar y preguntarse si uno va por el camino correcto, sobre todo desde estas latitudes, que siempre miran al viejo continente. Más allá de la trayectoria, surge la tentación de la duda… Pero la vida me dio una cachetada, como diciendo: Mirá que vas bien.
— ¿Qué sigue de acá en adelante?
— Quiero aprovechar este momento para dar a conocer más acerca de eventos como la Bienal de Beijing, que en el mundo se conocen como “las Olimpiadas del arte”. No es algo de lo que se hable mucho acá —es un remar constante— y en realidad se trata de una gran posibilidad para artistas que buscan visibilidad y reconocimiento. A su vez, me enfocaré en producir cada vez más y generar nuevas exposiciones.
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