Caminar con las manos detrás de la espalda: qué dice la ciencia sobre ese gesto universal

Creencias populares asocian esta postura con la seguridad personal, pero dos investigaciones demostraron que no existe un patrón psicológico fijo que explique dicho comportamiento al andar.

Un hombre parado con las manos juntas detrás de su espalda.
Un hombre parado con las manos juntas detrás de su espalda.
Foto: Canva.

Caminar con las manos entrelazadas detrás de la espalda suele asociarse de manera popular con tranquilidad, concentración o autoridad, pero la evidencia científica disponible no respalda esa lectura.

Dos investigaciones publicadas en revistas especializadas analizaron la postura: una desde la percepción de seguridad y otra desde el procesamiento del lenguaje. Ninguna encontró un significado psicológico universal detrás del gesto.

El primero de esos trabajos se titula "Visual cues to interpersonal evaluations for pedestrians" y se publicó en noviembre de 2022 en la revista Lighting Research & Technology. El objetivo era determinar qué señales visuales utilizan los peatones para evaluar cuán segura les parece una situación cuando se cruzan con otras personas durante la noche.

En el experimento participaron 44 personas, que observaron imágenes de individuos que aparentaban caminar en escenarios nocturnos. Las fotografías variaban en dos aspectos: la posición de las manos y el grado de visibilidad del rostro. Cada participante debía puntuar qué tan segura le resultaba la escena.

Un hombre caminando con las manos juntas detrás de su espalda.
Un hombre caminando con las manos juntas detrás de su espalda.
Foto: Canva.

Qué encontró el estudio sobre percepción de seguridad

Los resultados mostraron que la ubicación de las manos incidía en esas valoraciones. Cuando las manos aparecían detrás del cuerpo, los observadores tendían a calificar la situación como menos segura que cuando se encontraban visibles, tanto a los costados como adelante. De todos modos, el factor con mayor peso en las evaluaciones no fue la postura, sino la visibilidad del rostro.

La conclusión, según los autores, es que los gestos corporales pueden aportar a la impresión que alguien genera en terceros, pero esa interpretación depende del conjunto de señales percibidas y no de un elemento aislado. El estudio midió las impresiones de quienes miraban, no las emociones ni las intenciones de quien caminaba con las manos atrás.

Memoria, lenguaje y actividad cerebral: el segundo experimento

La otra investigación fue publicada en 2021 en la revista Cortex bajo el título "Crossing hands behind your back reduces recall of manual action sentences and alters brain dynamics". Allí se les pidió a los participantes que leyeran y recordaran oraciones mientras mantenían las manos delante del cuerpo o cruzadas detrás de la espalda.

Caminar con las manos hacia atrás
Caminar con las manos hacia atrás
Imagen creada por Chat GPT

Esta última posición influyó en el procesamiento de oraciones vinculadas a acciones manuales, redujo el recuerdo de algunos sustantivos asociados a esas acciones y modificó determinados patrones de actividad cerebral. Sin embargo, el foco del trabajo estuvo en el lenguaje, la memoria y la dinámica cerebral, no en el contenido emocional del gesto.

Por eso, los especialistas advierten que no corresponde concluir que quien camina así esté preocupado, tranquilo, concentrado, seguro o introspectivo.

La posición de las manos debe leerse junto con las circunstancias, el resto de los movimientos corporales y la información disponible para el observador. Además, los expertos concluyen que este hábito puede responder simplemente a la comodidad de quien lo adopta, sin ninguna intención particular detrás.

Con información de La Nación/GDA

Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.

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