Aldana Sabatel, la maratonista récord en Uruguay que superó el abuso de su entrenador y hoy corre con propósito

Logró la mejor marca de maratón en Uruguay y revela cómo se reconstruyó tras sufrir depresión y maltrato; hoy busca sponsors para desarrollar su carrera deportiva.

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Aldana Sabatel en la Maratón de Montevideo.
Foto: Cortesía Aldana Sabatel.

Con un tiempo de 2 horas, 57 minutos y 13 segundos en la Maratón de Montevideo, Aldana Sabatel se convirtió en la mujer con la mejor marca en maratón compitiendo actualmente en Uruguay. Mientras prepara sus próximos desafíos —la Half Montevideo 21K y la Maratón de Punta del Este 42K—, vive uno de los mejores momentos de su carrera deportiva.

Sin embargo, detrás de ese presente hay una historia atravesada por el alto rendimiento, la depresión y una denuncia pública por abuso y maltrato contra quien fue su entrenador. Hoy, su mayor objetivo ya no pasa solo por bajar sus tiempos, sino también por demostrar que es posible reconstruirse después de experiencias difíciles.

— Tu marca personal en redes sociales es “Correr con propósito”. ¿Qué significa eso para vos?
— Desde muy chica viví el deporte orientada solamente al objetivo. Con 16 años ya estaba metida en el alto rendimiento, era la mejor en carreras de larga distancia de 10 kilómetros en Uruguay y competía a nivel sudamericano. Ese era el lado A, pero detrás de esos logros había un lado B en el que solo importaba el rendimiento.

Durante un tiempo me alejé del deporte y volví hace tres años de una manera distinta; por eso hablo de correr con propósito, es decir, por algo más grande, desde un lugar más sano. No se trata solamente de alcanzar un objetivo, porque eso dura un rato. Cuando corrés por algo más grande, te llena mucho más.

— ¿Y qué sería algo más grande?
— Cada uno tiene su propósito, pero el mío es transmitir el mensaje de que uno puede vivir situaciones duras y aún así superarlas y seguir adelante. De adolescente creí que no volvería a correr nunca más. Hoy, sin embargo, sé que uno puede disfrutar y superarse incluso habiendo pasado cosas duras.

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Aldana Sabatel en la Maratón de Montevideo.
Foto: Cortesía Aldana Sabatel.

— Dijiste que de chica solo importaba el rendimiento. ¿Cómo era eso?
— Todo pasó muy rápido. Entré en el atletismo enfocada en la competencia; a los 16 años gané una carrera de cinco kilómetros de mujeres y firmé con Nike. Ese fue el punto en el que me volví profesional, aunque ya tenía esa mentalidad desde muy chica. Cumplía con los entrenamientos y los descansos, pero además me perdía un montón de cosas porque prácticamente no tenía eventos sociales. No salía a bailar con mis amigas ni iba a los cumpleaños de 15. Me llevaba mi vianda a todos lados. Era muy rigurosa.

— Si hoy te encontraras con esa adolescente que fuiste, ¿le aconsejarías que no sea tan dura?
— Sí. Me dio resultados, no lo voy a negar, pero lo sufrí mucho. Hay varias maneras de llegar a un objetivo, y el proceso es mucho más largo que el objetivo en sí. Hoy lo sé. Si uno sufre el proceso, como me pasaba a mí, no está bueno. Conseguí medallas sudamericanas, rompí récords, pero sufrí mucho en el camino. La pasé mal. Me subía al podio, pero los aplausos y el reconocimiento duraban un rato. Así que sí, le diría a esa adolescente que disfrute un poco más, que no sea tan rígida y que las cosas se sostienen más si una va de a poco.

— ¿Cuándo dejaste de correr profesionalmente?
— A los 18 años empecé a lesionarme y dejé de competir. Pasé un año tratando de recuperarme y a los 19 cambié de entrenador, pero no pude volver porque estaba deprimida. No podía salir de la cama. Fue como si, de repente, toda la presión y las expectativas se me hubieran caído encima. Y, de alguna forma, mi cuerpo manifestó lo que había aguantado durante años: sobreentrenamiento, maltrato, abuso. Mucha gente me pregunta cómo hice para aguantar. No lo sé, la verdad. Creo que por eso empecé a lesionarme: mi cuerpo me hizo parar.

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Aldana Sabatel en sus primeras competencias, con 16 años.
Foto: Cortesía Aldana Sabatel.

— En 2022 denunciaste la situación de maltrato y abuso por parte de tu ex entrenador. ¿Cómo impactó eso en tu relación con el deporte?
— Denunciarlo fue un alivio. Durante años no lo entendía; lloraba y me angustiaba, no podía estudiar y comía compulsivamente hasta sentirme mal del estómago. Recién después de haberlo denunciado públicamente pude volver a comprometerme con el atletismo, porque antes iba y venía, pero no sostenía.

Aún así, quedan secuelas. Sigo trabajando en mi salud mental, que para mí es lo más importante. Y adopté un rol de vocera al hablar de un tema del que no se dice mucho, que es el abuso en el atletismo. De hecho, a raíz de mi denuncia, se creó un protocolo en la Confederación Atlética del Uruguay (CAU), que antes no existía.

— ¿Qué le dirías a una persona que esté atravesando una situación similar?
— Que hable. El proceso no es cómodo, para nada, y es importante tener una contención del entorno. Pero es importante saber que hablar sana. Yo me sentía estancada, y a partir de la denuncia pude avanzar muchísimo en la vida. Es durísimo ponerlo en palabras, pero, al mismo tiempo, es lo más sanador.

— Hoy, ¿cómo te preparás para una carrera?
— Una parte de la Aldana de antes sigue estando, en el sentido de que soy muy profesional y seria en lo que hago, y entreno siempre dando lo mejor. Soy muy estructurada en cuanto a seguir la planificación que me manda mi entrenador, mi nutricionista y también mi psicólogo, que es tan importante como lo demás. El talento sin cabeza no sirve. Por más físicamente bien que uno esté, si la cabeza no acompaña, no se pueden gestionar las emociones ni tener una buena estrategia.

— ¿Lograste balancear el deporte con tu vida personal?
— Sí. Hoy entiendo que no solo soy una atleta, sino que tengo muchas más facetas. Tengo mi día libre, que es sagrado y me permite sacar la cabeza de mis entrenamientos y mis proyectos. Voy a pasear, salgo, tomo un café, como algo rico. Ese balance entre el esfuerzo y el descanso es fundamental.

Ahora el desafío es cómo sostener mi carrera deportiva, porque cada objetivo que me planteo necesita recursos. Por eso, estoy en la búsqueda de sponsors con los que trabajar. Con 30 años, siento que tengo las condiciones internas para desarrollarme; tengo otra madurez, estoy estable mental y emocionalmente y amo este deporte, por más que hayan pasado cosas duras. Y, aún como esa Aldana adolescente, sigo soñando en grande.

— ¿Con qué soñás?
— Mi mayor aspiración es llegar a los Juegos Olímpicos, pero, además, quiero viajar mucho y conocer el mundo corriendo carreras. Ese es mi sueño y era también el de la Aldana adolescente.

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