La salud mental ocupa hoy un lugar cada vez más visible en la conversación pública. En ese escenario, términos como “depresión” se repiten con frecuencia, aunque no siempre con precisión. Distinguir entre emociones propias de la vida cotidiana y cuadros clínicos resulta clave para saber cuándo corresponde pedir ayuda profesional.
En ese marco, la tristeza y la depresión suelen confundirse, pese a que no son equivalentes. La primera forma parte de la experiencia humana: puede aparecer frente a situaciones diarias o hechos significativos, como una pérdida. La segunda, en cambio, implica una alteración más profunda y sostenida en el funcionamiento de la persona.
No todo es lo mismo
El psiquiatra Javier Quintero se refirió a esta diferencia en un video difundido en TikTok, donde advirtió que la confusión es habitual. Según señaló, muchas personas dicen estar deprimidas cuando en realidad atraviesan un momento de tristeza, pero también ocurre lo contrario, lo que puede ser más preocupante.
En sus palabras, “es habitual que la gente diga que está deprimida cuando en realidad está triste, pero es mucho más preocupante cuando la gente piensa que está triste cuando en realidad está deprimida”. Para el especialista, identificar correctamente estas situaciones es fundamental para no restarle importancia a síntomas que podrían requerir atención clínica.
Señales que van más allá de la tristeza
Quintero explicó que la tristeza, por sí sola, no constituye un trastorno ni necesariamente requiere tratamiento. Puede ser pasajera o extenderse en el tiempo, según las circunstancias, pero no implica una alteración estructural del estado de ánimo.
La depresión, en cambio, presenta características específicas. El especialista la describe a partir de lo que denomina la “triple A”: anhedonia, apatía y abulia. Esto se traduce en la pérdida de disfrute en actividades que antes generaban placer, la falta de motivación y una dificultad marcada para tomar decisiones o sostener la rutina diaria.
A estos síntomas pueden sumarse sensaciones de desconexión emocional, tanto con el entorno como con personas cercanas. Otro aspecto determinante es la duración: para considerar un cuadro depresivo, estas manifestaciones deben sostenerse al menos durante dos semanas y afectar distintas áreas de la vida cotidiana.
Frente a este escenario, el especialista insiste en no pasar por alto las señales. Tal como planteó, reconocer lo que está ocurriendo es el primer paso para poder abordarlo. En esa línea, remarcó: “Si en esto te reconoces, no lo ignores. Y sobre todo, no tienes por qué pasar por esto solo o sola. Pedir ayuda no es exagerar lo que te pasa, es simplemente empezar a entenderlo y también es parte de autocuidado”.
En base a El Tiempo/GDA
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