El odontólogo que cruzó el Río de la Plata nadando: cómo cumplió una de las travesías acuáticas más difíciles

El uruguayo Javier Cardoso compartió su experiencia y la inspiradora estrategia mental que lo ayudó a no rendirse tras nadar 42 kilómetros y vomitar ocho veces.

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Javier Cardoso cruza el Río de la Plata a nado.
Foto: Cortesía Javier Cardoso.

Abandonar nunca fue una opción. Brazada tras brazada, el odontólogo uruguayo Javier Cardoso siguió adelante hasta completar los 42 kilómetros que separan Colonia de Punta Lara, en Argentina, y convertirse en el doceavo uruguayo en cruzar el Río de la Plata a nado.

Detrás de esa hazaña hubo más de un año de preparación, entrenamientos antes del amanecer, ajustes familiares y una disciplina sostenida incluso en los momentos más duros de la travesía. Cardoso habló con El País sobre cómo enfrentó las horas de nado y qué aprendió de sí mismo al atravesar uno de los cruces más difíciles del mundo.

— ¿Qué te llevó a querer cruzar el Río de la Plata nadando?
— Siempre estuve vinculado a la natación; tanto, que no recuerdo exactamente cuándo empecé. A los 23 lo dejé y retomé a los 37, compitiendo en piscina y en aguas abiertas. Recuerdo un domingo de 2024, cuando descansaba para la etapa de la tarde del Campeonato Nacional Master, que me invadió una sensación de cansancio y aburrimiento, y me di cuenta de que precisaba desafíos nuevos. Fue ahí que me propuse cruzar el Río de la Plata. Sabía que existía esa travesía y me motivé.

— ¿Cómo te preparás para algo así?
— Mi profesor me había dicho que tenía que entrenar más días —en ese entonces lo hacía dos veces por semana—, pero era un desafío por la logística familiar y laboral. Lo que sí hice fue aumentar la intensidad y sumar un día de sala de musculación a mi rutina. Además, a finales de 2024, cuando empezó la temporada de aguas abiertas, me anoté a todas las competencias que pude; incluso, en Argentina. Luego, en abril del año pasado, hablé con mi mujer y le dije que, si quería cruzar el Río de la Plata, tenía que entrenar, al menos, un día más a la semana. Me apoyó y empecé a nadar lunes, miércoles, viernes y sábado o domingo. Así, fui buscándole la vuelta, cuidándome también con la alimentación y la suplementación, y aplicando terapias con láser para acelerar los procesos de recuperación y prevenir lesiones.

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Javier Cardoso cruza el Río de la Plata a nado.
Foto: Cortesía Javier Cardoso.

— No siempre es fácil conjugar una pasión con la vida personal o profesional. ¿Qué aconsejás para lograrlo?
— Para mí, es fundamental que la familia apoye y que uno busque los momentos que entorpezcan menos la rutina diaria. En mi caso, esos momentos eran bien temprano a la mañana. Además, si tenía un viaje por placer o por estudio, siempre intentaba que hubiera una piscina o una sala de musculación cerca del alojamiento para mantenerme activo. Una vez, por ejemplo, me fui a Porto Alegre una semana a dar un curso avanzado de láser en odontología y alquilé una habitación en un hotel que estaba pegado a un club deportivo. Me levantaba a las 5:30 de la mañana y entrenaba de 6:00 a 7:00.

Otro punto clave es que la gente del entorno esté alineada a los objetivos de uno. Si hay un asado, por ejemplo, y uno no toma alcohol, que los amigos no insistan. O si uno se tiene que ir temprano —porque al otro día se levanta a las cinco de la mañana para entrenar—, que valoren que al menos fue y no se quedó en su casa, que quizás hubiera sido lo más fácil.

— ¿Tenías miedo previo a la travesía?
— En realidad, no. Me dediqué a que todos los factores que me correspondían, estuvieran controlados. Mi única preocupación era el clima; de hecho, la travesía a nado por el Río de la Plata es una de las más difíciles a nivel mundial por la cantidad de variables climatológicas que tiene. Y muchas veces sobre el final hay una corriente que te lleva hacia arriba o hacia atrás. Entonces, hay una parte que va en uno, pero otra es de azar, aunque se busca el día ideal para que influya lo menos posible.

— ¿En qué consiste el desafío exactamente?
— Yo lo hice con Open Waters Argentina; son 42 kilómetros de distancia. Cada nadador lleva un GPS y va acompañado de un bote donde está el timonel, alguien de la organización que certifica que no se haga trampa, el entrenador o persona de confianza —en mi caso, Ignacio Chelia— , un salvavidas y una persona de la Cruz Roja. Está prohibido tocar el bote; si uno lo hace, queda automáticamente descalificado. Los suplementos —electrolitos, omega-3, proteína, etcétera— me los alcanzaban con un palo o con una cuerda.

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Javier Cardoso cruza el Río de la Plata a nado.
Foto: Cortesía Javier Cardoso.

— ¿En algún momento pensaste en rendirte?
— No, nunca estuvo en mi cabeza. De hecho, luego de cuatro horas de nado, vomité absolutamente todo lo que había consumido. No sentía mareos ni malestar; era, más que nada, una sensación de intoxicación, de que todo lo que entraba, salía. Sin embargo, me concentré en la estrategia: darle al estómago un descanso y tomar solamente agua de botella cerrada, para que no se contaminara con nada. Estuve así durante una hora y media, y recién entonces comencé a incorporar nuevamente los suplementos. Cada tanto vomitaba de vuelta y pedía que me dieran electrolitos, para recuperarme. Habré vomitado unas siete u ocho veces. Más tarde me enteré que en Colonia había playas inhabilitadas por contaminación de agua, aunque no puedo saber a ciencia cierta si tuvo que ver con eso.

Hay personas que pasan mal en serio, que tienen problemas de verdad. Accidentes, enfermedades; cosas que no se eligen, sino que tocan. Y tienen que vivir día a día con eso. En cambio, este desafío lo elegí. Por lo tanto, abandonar nunca fue una opción.

— ¿Qué te mantenía motivado?
— Estar presente. No pensaba en la distancia que faltaba, solo nadaba. En los entrenamientos, por ejemplo, a veces tenía que hacer diez pasadas de 400 metros, que son 16 piscinas. Imaginate hacer diez pasadas de 16 piscinas, con poco descanso. Hacés una o dos y te desmotivás si pensás en todo lo que te queda. Pero en mi cabeza eso no existía. Hacía una, punto. Hacía otra, punto. Cuando me daba cuenta, ya había pasado mucho.

— Si tuvieras que elegir el momento más especial de la travesía, ¿cuál sería?
— Es raro: son muchos momentos y al mismo tiempo es todo tan igual, tan monótono. Me acuerdo, por ejemplo, cuando atravesé el canal de navegación, que es por donde van los buques de carga y de pasajeros. Es gracioso, porque uno festeja sabiendo que ya cruzó 30 kilómetros y queda poco, pero en realidad quedan 10 kilómetros, que es muchísimo. Es una emoción rara, una alegría insólita.

Otro momento clave fue cuando empecé a vomitar y me concentré en seguir adelante, en vez de pensar qué horrible, me siento mal, no sé si voy a aguantar. Sabía que era una intoxicación y que debía tener paciencia, que pronto pasaría.

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Javier Cardoso cruza el Río de la Plata a nado.
Foto: Cortesía Javier Cardoso.

— ¿Qué aprendiste de vos mismo?
— En realidad, fue un logro más llamativo y sorpresivo para el resto de la gente que para mí. Creo que nunca tuve noción de la magnitud del desafío. Siempre confié en mí y en mi entrenador, Jorge Gnazzo. Obviamente hay que prepararse, pero para mí era algo natural, de la misma forma que preparé mi carrera, una especialidad y después otra. La disciplina es parte de mí. Como nadador, me dio un plus en lo que es carrera de fondo; ahora tengo otra confianza y otra tranquilidad para hacer más desafíos.

— ¿Cómo fue el momento de la llegada? ¿Qué sentiste?
— Una satisfacción y una felicidad enormes. Fue la confirmación de todo lo que soñé. Cuando entrenaba, imaginaba el momento de la llegada, y la experiencia confirmó todo eso que me hacía tanta ilusión y le dio un sentido al esfuerzo, la dedicación y el sacrificio que hice durante ese año y cuatro meses de preparación. Estaba mi familia; mi madre, mi padre, mis hermanos, mi mujer y mis hijos, y la verdad que fue un momento muy lindo.

— ¿Tenés próximos desafíos en mente?
— Siempre tengo desafíos en mente, pero ahora volví a disfrutar del nado sin presiones, sin tiempos, sin responsabilidades. Me tomé dos meses para seguir moviéndome con ese placer de no exigirme mental ni físicamente. De todas formas, me anoté en la Maratón Acuática Santa Fe-Coronda, una de las competencias más antiguas y más lindas del circuito World Aquatics. Antes era solo para nadadores profesionales y recién en 2025 habilitaron una opción para amateurs. Tiene una distancia aproximada de 60 kilómetros.

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Javier Cardoso con su familia tras cruzar el Río de la Plata a nado.
Foto: Cortesía Javier Cardoso.
PAUSA

Un deporte para meditar en movimiento

Para Cardoso, la natación no es solamente ejercicio físico. Es, también, un espacio de pausa en medio de la rutina. “Estás vos solo con el agua”, dijo, al explicar por qué sigue eligiendo nadar después de tantos años. En un mundo atravesado por la velocidad y las distracciones constantes, encuentra en cada entrenamiento una forma de concentración y calma mental. Así, este deporte puede convertirse en una experiencia profundamente meditativa.

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