A los 88 años, Werner Kalecinski quería probar algo nuevo. Durante meses, mientras cuidaba a su esposa enferma, sintió que su propio vigor disminuía. Necesitaba trabajar. Había tenido muchos empleos en su larga vida: recolectar chatarra, hacer trabajos de electricidad y vender seguros y comida congelada. Ahora, en la era de las redes sociales, quería darle una oportunidad a TikTok, aunque no lo entendiera.
“Pensé que ‘influencer’ era un resfriado”, dijo Kalecinski, quien ahora tiene 89 años, alargando las vocales para que la palabra sonara como “influenza”.
Estas son exactamente el tipo de ocurrencias que han convertido a Kalecinski en una querida estrella de TikTok en Alemania. Forma parte de un creciente grupo de influencers de edad avanzada que han llamado la atención de usuarios mucho más jóvenes. Su contenido abarca desde los videos de moda conocidos como “Get Ready With Me” (Arréglate, o alístate, conmigo, en español) hasta mensajes motivacionales que ofrecen consejos.
El personaje de Kalecinski, Opa Werner, o el abuelo Werner, ha adoptado el humor juvenil y ha creado una base de seguidores al probar lo que hacen los jóvenes de Alemania. Al público le encantan sus videos de degustación, en los que lo ven hacer muecas mientras va de una cafetería a otra.
Aún no ha encontrado un matcha latte que le guste. Una vez comparó el sabor de la popular bebida verde con el de un césped recién cortado. Su personaje en línea de un cascarrabias afable que usa la jerga de la generación Z para quejarse del costo de los lattes ha atraído a casi 200.000 seguidores y 2,8 millones de “me gusta”. Puede que Kalecinski odie el sabor de los matcha lattes con leche de avena, pero sus fanáticos dicen que su sed de vida es contagiosa.
@deropawerner 100 Tacken für die grüne Suppe!!!😡😡🫣 Bin heute bei @taff 📺 #matschelatsche #opawerner ♬ Originalton - Opa Werner
“Siempre sabes que no le va a gustar y siempre lo llama cosas raras”, dijo Szymon Zurawski, un fanático de 19 años que esperó pacientemente afuera de una cafetería de Düsseldorf para tomarse una selfie con el tiktokero. “Las personas más jóvenes a menudo intentan adaptarse a las personas mayores cuando pasan tiempo con ellas, pero en su caso, él intenta comprender a la generación más joven”.
El origen de la idea: una agencia para creadores adultos
Amin Anbousi, de 26 años, era un veterano de las redes sociales cuando descubrió a Kalecinski en abril de 2025. Durante años, Anbousi se había hecho un nombre como youtuber adolescente, pero al llegar a sus veinte decidió que era hora de ponerse detrás de la cámara y aprovechar la lucrativa industria que han generado las redes sociales.
Al buscar una idea, notó que las personas mayores eran tendencia en las redes sociales, así que Anbousi se propuso crear a los próximos “grandfluencers” (abuelos influyentes, en español). Para buscar a sus estrellas, Anbousi no tuvo que ir muy lejos: su propia madre, Heike Hepperle, resultó ser divertida ante la cámara, interpretando el papel de una jubilada desconcertada pero entusiasta.
Hepperle, de 64 años, una enfermera jubilada, animó a su bromista amigo, Kalecinski, a hacer una audición.
Kalecinski se destacó entre más de 150 aspirantes gracias a un correo electrónico en el que explicaba por qué merecía una oportunidad de alcanzar la fama en internet. Su solicitud, escrita en la jerga de la generación Z, resultó ganadora. La jerga se habla, no se escribe y definitivamente no la usa un octogenario, dijo Anbousi, recordando el correo electrónico.
“Pensé que estaba loco, en el buen sentido”, dijo. “El tono del correo electrónico era tan especial que no pude ignorarlo”. También ayudó, añadió, que Kalecinski pudiera manejar una videollamada de seguimiento.
Cuando Kalecinski se sentó a escribir ese humorístico correo electrónico, intentaba superar la tragedia más reciente de su vida: la muerte de su esposa. En el ocaso de su matrimonio de 66 años, la enfermedad había calcificado la personalidad de su esposa para convertirla en lo opuesto a la de él, dijo Kalecinski. Se había vuelto pesimista y crítica, y cuidarla en sus últimos días le había cobrado un costo emocional.
“Ni siquiera sé qué le pasó”, dijo. “Traté de liberarme un poco, para no quedar completamente sumergido”.
Atendió la llamada de audición de Anbousi solo unas semanas antes de que su esposa muriera. Ante el dolor, estaba decidido a seguir adelante.
Una vida marcada por la guerra, la huida y el trabajo duro
Esta no era la primera vez que recurría al optimismo por necesidad. Kalecinski, cuya familia provenía de lo que hoy es Polonia, nació en Berlín cuando Adolf Hitler estaba en la cúspide de su poder. Cuando estalló la guerra, su padre fue reclutado para el frente de batalla del ejército alemán y murió en Rusia.
Mientras los Aliados bombardeaban Berlín, él y su hermano estaban entre los miles de niños evacuados al campo, primero a lo que entonces era Prusia Oriental y luego a los Sudetes, el territorio alemán de tiempos de guerra que hoy es la República Checa. Cuando Alemania fue derrotada, el joven Kalecinski regresó caminando a Berlín.
Era solo un niño cuando ganó sus primeras monedas, llevando las compras de los vecinos en su carrito. De adolescente, extraía el cableado eléctrico de las casas destruidas, lo que lo llevó a trabajar como electricista. Pero la vida bajo la ocupación rusa era “cruel”, dijo, y añadió con picardía: “Muchas cosas eran peores que los matcha lattes”.
@deropawerner Mausis, soll ich den droppen? 👀 #heymausis #matschelatsche #opawerner #kreisligalegende @Marc Eggers @Kreisligalegende ♬ Hey Mausis! (Matsche Latsche) - Opa Werner & Kreisligalegende
A los 18 años, para evitar que lo obligaran a unirse a la fuerza policial del gobierno, escapó de Alemania Oriental; según relató, le mintió a los guardias diciendo que iba a visitar a sus abuelos en Berlín Occidental. Llevaba traje y andaba en bicicleta. Nunca regresó.
Lo que siguió fue una adultez llena de giros. Descubrió que su ruidosa personalidad era más adecuada para las ventas. Se destacó y sus comisiones garantizaron que sus tres hijos tuvieran una vida más cómoda que la suya. No siempre le fue bien, como la vez que intentó vender bicicletas en un pueblo con calles empinadas, o cuando invirtió en una empresa de construcción de Múnich que quebró.
“Si había alguna brizna de paja a la cual aferrarme, la agarraba”, dijo, empleando una expresión alemana.
En edad de jubilación, siguió trabajando. Condujo camionetas de reparto, vendió seguros e incluso se convirtió en vendedor puerta a puerta de alimentos congelados. En la actualidad, cuando no está nadando, caminando o grabando videos de TikTok, gana algo de dinero extra como inversionista intradía; sigue el mercado de valores en su televisor.
“Siempre tengo que llevar en mi billetera un euro más que lo que gasto”, dijo.
Aun así, ha tenido que aceptar que construir una vida cómoda no lo ha librado de la tragedia. En 2013, su hijo murió a los 53 años a causa de una enfermedad no diagnosticada después de vivir en el extranjero, lo que dejó a Kalecinski a cargo de criar a su nieta. Optimista como siempre, agradece tener ahora un hogar multigeneracional, una rareza en Alemania. Vivir con su nieta, que ahora tiene 34 años, y los tres hijos de ella les ha permitido compartir lo que le agobia, dijo.
La mayoría de los jóvenes alemanes no logran ver a sus abuelos ser divertidos o estar llenos de vida, dijo Hepperle, su coprotagonista, y esa es probablemente la razón por la que Kalecinski ha tenido tanto éxito en internet.
“Muchas personas mayores se aíslan”, dijo Hepperle. “En Alemania, así son las cosas, cada uno vive para sí mismo”.
En sus cuentas —@deropawerner en TikTok e Instagram—, Kalecinski también ha aprovechado algo poco común en las redes sociales: la autenticidad, dijo Colin Fernando, consultor de gestión de Brand Trust, una empresa con sede en Núremberg. Las marcas saben que odiará su producto y, sin embargo, buscan a Kalecinski para patrocinios porque la honestidad vende en TikTok y la provocación atrae la atención, dijo.
“Todos saben que está producido y que hay una agencia detrás”, dijo Fernando. “Pero aún tienes la sensación de que es realmente auténtico”.
Durante el vertiginoso año pasado, Kalecinski ganó un premio por su campaña con una cadena de supermercados y ha aparecido en múltiples festivales. Intentó sus hazañas más atrevidas hasta la fecha en las vacaciones de primavera en Mallorca, donde bebió cerveza a tragos de un embudo y se fue de fiesta en un yate con Oma Heike, el personaje de Hepperle. Además colaboró con un músico alemán para lanzar un himno de fiesta veraniego.
Evelyn Wilczek ponía la canción a todo volumen desde su auto mientras conducía hacia su turno en una sala de emergencias en un hospital de Düsseldorf. Wilczek, de 27 años, dijo que los videos de Kalecinski eran un antídoto contra los refinados influentes que inundaban su feed. El abuelo Werner le recuerda vivir su propia vida con un poco más de entusiasmo. Cuando lo vio en Düsseldorf este verano, Wilczek dijo que era casi demasiado tímida para acercarse a él y pedirle una fotografía.
“A menudo olvidamos que incluso las personas mayores fueron jóvenes, tuvieron sueños, cometieron errores”, dijo. “Es hermoso ver que también tienen vida cuando son mayores, no solo quedarse sentados en casa, volviéndose cascarrabias”.
Lynsey Chutel es una reportera del Times afincada en Londres que cubre noticias de última hora en África, Medio Oriente y Europa.